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“Este mundo es un negocio y lo quiero controlar yo”

El pintor expone en seis galerías en Arco 2013

Hernández tiene su estudio en el antiguo taller de su padre.
Hernández tiene su estudio en el antiguo taller de su padre. EL PAÍS

Cuando se le pregunta a Carlos Urroz sobre el balance de la última edición de Arco, el director de la feria no lo duda: el descubrimiento para el mercado internacional de Secundino Hernández (Madrid, 1975). Al pintor español, residente en Berlín desde 2008, le ocurrió algo con lo que todo artista sueña. En las vísperas de la apertura al público, los Rubell, los poderosos y legendarios coleccionistas norteamericanos, visitaron el estand de la galería española en la que Hernández exponía, Heinrich Ehrhardt, y se llevaron nada menos que cuatro obras de gran formato. Don y Mera Rubell incorporaron su nueva adquisición a la colección de más de 6.000 obras entre las que se encuentran todos los nombres imprescindibles en la historia del arte contemporáneo. Su exposición en un lugar preferente de su casa museo de Miami fue seguida de otro exitazo, la Art Basel-Miami, el gran mercado de los grandes coleccionistas de todo el mundo.

En la 32ª edición de Arco, que el viernes se abre al público, Secundino Hernández va a por todas. Expone obra en seis galerías: Krinzinger (Viena), Grässlin (Fráncfort), Forsblom (Helsinki), Mendes Wood (São Paulo), Nuno Centeno (Oporto) y Heinrich Ehrhardt (Madrid); es algo sin precedentes o al menos nadie se acuerda de un caso similar. Sin embargo, a Secundino Hernández no se le han subido los humos. Ha cambiado su estudio de Berlín Este al Oeste y sigue trabajando parte del año en su taller de Coslada (Madrid), el mismo donde su padre reparaba coches y que ha transformado con la ayuda de su familia para convertirlo en el lugar en el que materializa los proyectos que se le ocurren en Berlín. “Allí pienso y aquí trabajo”, resume, preocupado por la pesadumbre que se respira en España ante la corrupción y la codicia desmedidas. “Pero tenemos que ponernos las pilas. No podemos estar paralizados dándonos pena. Me pone tan nervioso que a veces necesito marcharme a toda velocidad”.

Los legendarios coleccionistas Rubell  tienen obras suyas

Los años pasados en Alemania le han servido de mucho y por eso seguirá fuera. “Me marché porque quería confrontar mi obra con lo que se está haciendo fuera. Necesitaba despejar mi cabeza. Ver que mi pintura responde a una forma de entender el arte, que hay una unidad en lo que hago, que mis cuadros son reconocibles”. La poesía, color y textura de su obra tienen las raíces en los grandes pintores españoles. De Velázquez a Zurbarán, pasando por Luis Gordillo, y ahora El Greco, del que prepara una serie de 13 pinturas inspiradas en El apostolado que a mediados de marzo expondrá en su galería madrileña.

¿Qué espera de Arco? “No soy pesimista porque los resultados se ven a medio y largo plazo”, responde. “Me preocupa que las galerías españolas lo tengan más difícil por el IVA del 21% que les ha impuesto este Gobierno tan amante de la cultura. En mi caso he exigido a todos los que exponen y venden obra mía un mismo precio. Pero ese IVA nos lo comemos nosotros. Lo que tengo claro es que este mundo es un negocio y lo quiero controlar yo”.

Pasada la media tarde, propone tomar un vino en uno de sus lugares favoritos de Coslada, un bar próximo al estudio, no muy lejos de la vivienda familiar. Allí aprovecha para rememorar unos años juveniles entre quinqui y pandillero. “Aquella manera de andar por la vida también me ha servido ahora. No sabes la de zancadillas que te meten y las faenas que te hacen. La envidia es muy mala”.