Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

Un ‘ministro’ del Vaticano apoya la legalización de las parejas gais

Vincenzo Paglia reconoce sus derechos aunque sin considerar el matrimonio y la adopción

El arzobispo condena la discriminación de los homosexuales en el mundo

Concentración católica en Roma en apoyo a la familia el pasado 13 de enero.
Concentración católica en Roma en apoyo a la familia el pasado 13 de enero. EL PAÍS

El ministro del Vaticano que se ocupa de velar por el matrimonio católico e indisoluble, el arzobispo Vincenzo Paglia, presidente del Pontificio Consejo de la Familia, defiende la familia tradicional, pero reconoce derechos para las parejas de facto, homosexuales o no. Lo dijo ayer ante numerosos periodistas, con gran revuelo, pues se trata de un giro radical a las rígidas posiciones de la Iglesia católica. “Desafortunadamente no soy un experto en derecho, pero por lo que sé, me parece el camino que hay que recorrer”, agregó. Poco más tarde, el prelado recibió el respaldo de uno de sus colegas en la curia de la Santa Sede, el también cardenal Rino Fisichella, responsable del ministerio papal de nueva creación con el nombre de Nueva Evangelización. “El legislador debe responder a exigencias que antes no existían”, dijo este.

La posición del arzobispo Paglia da un giro al discurso de Roma

Apenas hace un mes el papa Benedicto XVI sostuvo que los ataques que, según él, sufre la familia católica en numerosos países europeos son un peligro para la humanidad y generan violencia y pobreza. De la misma opinión son sus jerarcas en Francia, que han jaleado en primer plano las multitudinarias manifestaciones contra la inminente legalización de los matrimonios entre personas del mismo sexo. En cambio, Paglia reconoce ahora que se trata de situaciones que el Estado debe resolver para impedir injusticias y discriminaciones, no sin antes abrir debates más prolongados en el tiempo.

“Hay que encontrar soluciones en el ámbito del código civil para garantizar cuestiones patrimoniales y facilitar condiciones de vida para impedir injusticias con los más débiles. Es un asunto que debe ser debatido más ampliamente y no impuesto por los gobiernos”, dijo, en clara referencia a Francia y España.

La "guerra de Dios" contra "el proyecto del demonio"

Condenas papales. En enero de 2012, Benedicto XVI aseguró ante los 180 diplomáticos acreditados en el Vaticano: “Las políticas que dañan a la familia amenazan la dignidad humana y el porvenir mismo de la humanidad”. En otro discurso ante la curia pronunciado el pasado diciembre, volvió a condenar con firmeza el matrimonio gay y defendió el concepto de familia “compuesta por padre, madre e hijo”.

Ataques de Juan Pablo II. En octubre de 2004, el entonces Papa pronunció un discurso en español ante 13.000 fieles reunidos en el Vaticano sobre la crisis del matrimonio. Fue en una evidente muestra de apoyo a los obispos españoles, entonces en plena ofensiva contra la ley de matrimonio que preparaba el Gobierno socialista.

La Conferencia Episcopal, en julio de 2004, comunicó lo siguiente: “Fabricar moneda falsa es devaluar la moneda verdadera y poner en peligro todo el sistema económico. De igual manera, equiparar las uniones homosexuales a los verdaderos matrimonios es introducir un peligroso factor de disolución de la institución y, con ella, del justo orden social”.

En Argentina la Iglesia provocó hace dos años una intensa agitación social desde los púlpitos para intentar impedir que se aprobasen las uniones civiles. La jerarquía católica animaba a sus fieles a participar en “la guerra de Dios” y a oponerse a “un proyecto del demonio”.

El Obispo de Alcalá de Henares, Juan Antonio Reig Pla, levantó una gran polémica el pasado mes de junio en una homilía de Viernes Santo retransmitida por Televisión Española. Dijo que los homosexuales, “a veces, para comprobarlo, se corrompen y se prostituyen, van a clubes de hombres y encuentran el infierno”.

El presidente de la Conferencia Episcopal, Antonio María Rouco Varela, ha insistido en varias ocasiones en que ve un panorama “oscuro y desolador” para la familia cristiana por los supuestos ataques estatales a la institución.

Paglia es uno de los fundadores de la Comunidad de San Egidio, una organización nada conservadora en comparación con otras de gran poder en el Vaticano, como se demuestra por su mediación en conflictos internacionales, entre ellos en El Salvador, o por su postura en favor de la causa de canonización del obispo salvadoreño Arnulfo Romero, asesinado por fuerzas ultracatólicas de ese país por su defensa de los más pobres.

El destacado religioso italiano fue elegido por Benedicto XVI hace un año para manejar uno de los ministerios clave del Vaticano, hasta entonces en manos del cardenal probablemente más conservador en la curia, el colombiano Alfonso López Trujillo, en el cargo durante muchos años.

Acostumbrado a pisar calle y avisado por sus hermanos de la Comunidad, muy comprometidos en labores de acción social, Paglia da una vuelta de tuerca a las posiciones más intransigentes de su iglesia a causa del escándalo que supone el hecho de que, aún hoy, haya países que condenan a muerte a los homosexuales o los castigan como reos de uno de los más graves delitos que puedan cometerse. “En varios países la homosexualidad es considerada un delito. Hay que combatir eso. Es claro que hay que garantizar los derechos individuales”, dijo ayer, antes de expresar su “total oposición” a esas formas de discriminación en países de Oriente Medio y África.

En cambio, condenó la aprobación de la adopción por parte de parejas de mismo sexo. Recalcó: “La Iglesia conoce el precio de lo que es una familia sin hijos, de los ancianos solos y los enfermos. La familia se ha transformado a lo largo de decenios, pero nunca vamos a abandonar su genoma, es decir, que está formada por un hombre, una mujer y sus hijos”.

 

¿Un verso suelto en el Vaticano?

Los obispos españoles dijeron que la legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo por el Gobierno de Zapatero era “lo peor” que le había pasado a su Iglesia en 2.000 años. Así se expresó su portavoz y secretario general de la Conferencia Episcopal Española, el jesuita Juan Antonio Martínez Camino, poco más tarde elevado al episcopado como prelado auxiliar del cardenal Rouco en Madrid. Ni las persecuciones de Nerón, ni las de Diocleciano, ni la guerra incivil de 1936. ¡El matrimonio gay! Para la Iglesia romana, el matrimonio tradicional entre un hombre y una mujer y con los hijos que Dios te mande, es un elemento fundante de la sociedad, no hay otro. Además, la unión debe estar debidamente sacramentada por un clérigo, sin remisión posible. Todo lo demás es “concubinato”, como lo calificaron los obispos cuando el Gobierno legalizó a mediados del siglo XIX el matrimonio civil. Aquel día, toda la prensa católica, que era mucha, apareció con la primera página toda en negro por orden de los prelados y en señal de luto nacional.

Ayer no se produjo reacción en España a lo dicho en Roma por uno de los ministros del papa Ratzinger de mayor proyección. Queda por ver, sin embargo, si el arzobispo Paglia no es más que un verso suelto en el Vaticano, frente al tremendismo de sus colegas en Francia o aquí, tan reciente. O quizá les ha llegado el momento de buscar remedio a la imparable crisis del matrimonio católico frente al aumento del divorcio, los pedidos de legalización del matrimonio homosexual y el incremento de madres solteras. Las estadísticas hace tiempo que indican que el número de matrimonios civiles supera con creces a los oficiados por el rito católico. El arzobispo Paglia lo dijo ayer de esta manera tan elegante. “Las formas de vida común no familiares constituyen un verdadero archipiélago de situaciones”.