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“Los políticos solo quieren resultados inmediatos”

El fundador de Fe y Alegría presume de trabajar en el barro, no en el despacho

El jesuita Jesús Herrero.
El jesuita Jesús Herrero.

Jesús Herrero (Madrid, 1942) pide café solo y un vaso de agua que devuelve para que le pongan más hielo mientras explica: “Tengo muy racionado el líquido que tomo, por eso las cosas tienen que estar heladitas, para que me quiten la sed. Esto de tener un corazón reducido es una vaina”, dice. Y a continuación relata una hoja de servicios no apta para un estado de salud tan delicado como el suyo tras sufrir un infarto hace 18 años: presidente de la institución educativa Fe y Alegría durante una década (de 1988 a 1998) y presidente del Consejo Nacional de Educación de Perú desde 2003, puesto que compagina con la coordinación de ese proyecto educativo que él mismo contribuyó a levantar en 1966.

Este jesuita de origen madrileño y limeño de adopción se estableció definitivamente en Perú a los 24 años para dedicarse a Fe y Alegría, que actualmente cuenta con más de 86.000 alumnos. Desde la posición que le da su trayectoria, habla con seguridad sobre la situación de su país y advierte a quienes ven su apogeo económico actual de color de rosa: “El crecimiento económico se para si no se mejora en educación, y Perú sabe mucho de esto. Tuvo su edad dorada con el caucho pero, como no se invirtió en formación, al final los caucheros se fueron y todo se fregó”.

En los inicios, se volcó en negociaciones con el Estado peruano para crear una red de escuelas a las afueras de la capital, donde habían migrado campesinos que, al establecerse allí, se encontraron en medio de una miseria que “los abrasaba”, recuerda Herrero. El pedagogo, que participó en la Semana Santillana de la Educación, señala un problema actual en la educación del país andino: una cantidad desmesurada de colegios privados donde se introdujo a un profesorado al que no daba tiempo a examinar exhaustivamente. En el momento de explicar esta percepción su tono se vuelve algo menos profesoral para pasar a expresarse de forma más tajante: “Es verdad que se necesitaban infraestructuras, de tal forma que Fujimori inauguró un colegio por día”. Ello propició una situación insólita, a su juicio. “Según nuestras estadísticas, el 50% de los estudiantes de la Lima metropolitana está en colegios privados. Eso es una locura en un país pobre”, sentencia.

Su red de colegios tiene como uno de sus objetivos el desarrollo de la educación inclusiva, es decir, la convivencia de alumnos con y sin discapacidad. “Los discapacitados en principio comparten aula con no discapacitados”. Si el estudiante sufre una desventaja más acusada entonces “va a un aula especial”, pero siempre dentro de un colegio “regular”.

Herrero insiste en la necesidad de enfocar el saber hacia las necesidades económicas de los países. Los resultados de un sistema educativo, por otra parte, no pueden esperarse a corto plazo. Según él, “los resultados de la labor desplegada por Fe y Alegría” no comenzaron a percibirse hasta “pasados 30 o 35 años”, asevera. Esta perspectiva largoplacista es lo que, según su criterio, los políticos “no entienden porque quieren resultados inmediatos, fáciles de presentar como logros”. Herrero no piensa presentarse a un cuarto mandato en 2014, aunque cree saber el motivo de la confianza depositada en él: “En el Consejo hay muchos intelectuales y menos gente que haya estado en el barro”.