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Los programas alternativos a la ESO volverán a ser vías muertas

La cualificación profesional, a partir de los 15 años, no dará la opción de obtener el título básico

La diversificación curricurlar arrancará a los 13, en segundo curso

Un instituto público madrileño.
Un instituto público madrileño.

Ha sido una de las grandes batallas educativas entre la izquierda y la derecha educativa: ¿hay que separar a los alumnos antes de que termine la etapa obligatoria o deben estar mayoritariamente juntos, pues se trata de la etapa que debe dar una formación mínima común a toda la población, y la que garantiza la igualdad de oportunidades? El debate vuelve a resurgir con la propuesta de reforma educativa que ha presentado el Gobierno, que incluye el adelanto de los itinerarios distintos a los 14 años e, incluso, de los programas alternativos (la diversificación curricular) a los 13. Pero lo que más preocupa a muchos especialistas es que los programas de cualificación profesional vuelvan a ser vías educativas muertas, que solo conduzcan al mercado laboral, como lo eran antes de la LOE de 2006.

Así, mientras la propuesta del ministerio dice que pretende “reconocer las diferentes aptitudes de los estudiantes, y permitirles optimizar el desarrollo de sus capacidades” —lo que ataca la equidad es el fracaso escolar, ha dicho el ministro José Ignacio Wert en varias ocasiones—, numerosos expertos, sindicatos y padres lo rechazan: “Lo que se ve en el anteproyecto es una clara voluntad segregadora”, asegura el catedrático de Sociología de la Complutense Rafael Feito. La confederación mayoritaria de padres alumnos, Ceapa, cita un documento de la OCDE que señala que “la selección temprana” tiene efectos negativos en los alumnos “de niveles más bajos y aumenta las desigualdades sin elevar el desempeño medio”.

“Lo que se ve en el anteproyecto es una clara voluntad segregadora”, asegura un sociólogo

El Gobierno quiere adelantar la elección de los alumnos hacia FP o bachillerato a 3º de ESO, a los 14 años. Lo harán “tímidamente”, dice Educación, pues los estudiantes elegirán algunas optativas y entre dos niveles de matemáticas. Después, en 4º, la elección será prácticamente total entre el itinerario académico y el profesional. Será distinto a lo que ya había aprobado el anterior Gobierno socialista y que ahora ha sido cancelado, dice Educación, porque habrá menos materias comunes y más de itinerario.

Al finalizar 3º, además, los alumnos que no vayan bien en los estudios podrán ser transferidos a los Programas de Cualificación Profesional, en los que en dos años aprenderán los rudimentos de un oficio para integrarse en el mercado laboral. Aún antes, en 2º de ESO, los alumnos que hayan repetido dos veces también podrán acceder a estos programas.

Y en este curso (13 años) empezarán también los progamas de Mejora Del Aprendizaje y Rendimiento, que durarán dos años y sustituirán a la diversificación curricular, que ahora arrancan un curso después, en 3º. Estas iniciativas están dirigidas a los chavales con problemas de aprendizaje, pero una actitud positiva hacia los estudios. Se trata de clases más reducidas, con contenidos más suaves, en matemáticas, lengua y sociales, que les imparte un solo profesor; en las demás materias (educación física, ética o religión) comparten la misma clase que el resto de compañeros.

La reforma profundiza en los caminos que abrían los cambios del anterior Ejecutivo

Lo que propone educación es una profundización de lo que ya había aprobado el Gobierno socialista en la pasada legislatura, en busca de un camino intermedio entre las dos posturas tradicionalmente enfrentadas de derechas e izquierdas tras el fracasado intento de pacto por la educación. De hecho, algunas voces ya habían tachado de segregador aquel cambio (ahora paralizado por el Ejecutivo popular) que adelantaba la llegada a los programas de cualificación a los 15 años y abría dos caminos en 4º de ESO.

Por un lado, los especialistas que trabajan en los programas de cualificación y diversificación insisten en que la clave para que estos no segreguen es que sean herramientas excepcionales, que no se generalicen. Y, por otro, el que fue director general de FP la pasada legislatura, Miguel Soler, decía que lo importante son las pasarelas entre las distintas vías, es decir, que no haya caminos estancos. Un argumento que también ha usado Wert.

“Una diferenciación de itinerarios antes de los 16 años podría resultar adecuada", opina un economista

Sin embargo, en la propuesta del actual ministerio hay importantes matices. Por ejemplo, que los programas de cualificación profesional vuelven a convertirse en una vía educativa muerta, es decir, que ya no ofrecerán la posibilidad de sacarse el título de ESO —el objetivo es preparar para el mercado laboral, dice el documento— y, aunque los alumnos de 4º también podrán cambiar de opción si lo desean, una reválida distinta si se quiere estudiar FP o bachillerato hará prácticamente imposible ese cambio de idea. Además, el adelanto de esa "tímida" elección de caminos en 3º de ESO recuerda a la LOCE que se aprobó en 2002 durante la etapa del presidente del PP José María Aznar: aquella ley, que apenas llegó a entrar en vigor, colocaba claramente el inicio de los itinerarios en 3º.

Hay especialistas que ven los exámenes de reválida que se quieren establecer al final de primaria, ESO y bachillerato como otra pata de la misma idea de seleccionar para separar. “A la corta perjudicará a las clases más desfavorecidas de un medio social económicamente bajo. Es una segregación encubierta donde la clasificación de aquellos colegios que superen más pruebas subirá en el ranking de la clientela y rechazarán al alumnado que tiene problemas para superarlas”, se queja el catedrático de Pedagogía de la Universidad de Barcelona Francisco Imbernón. Y añade: “Aunque mucho profesorado estará de acuerdo, ya que separará a los perturbadores, también se instaura una segregación temprana. La vía de formación profesional se ve como la de los que no sirven para estudiar, aunque después se entretiene en demostrar que cuántos más estudios menos paro y más salario. ¿Quién querrá que su hijo o hija estudie formación profesional?”.

Sin embargo, hay otros especialistas que consideran que la separación será una buena idea para el sistema español, aunque no tan tempranamente como en Alemania (11-12 años), pues numerosos estudios señalan finalmente los efectos negativos sociales y económicos son mayores que los positivos. Así lo ha defendido en varios escritos el profesor de Economía de la Universidad de Oviedo Florentino Felgueroso. “Una diferenciación de itinerarios antes de los 16 años podría resultar adecuada para aquellos alumnos desmotivados por la vía educativa exclusivamente genérica. Si con ello se consigue que prolonguen sus estudios, la FP también proporciona, sin ningún tipo de discusión, más formación genérica que la vía del abandono prematuro”, escribía en el blog de FEDEA Nada es gratis junto a Begoña Álvarez y Sergi Jiménez. Proponía, por ejemplo, adelantar incluso a los 14 años la entrada en los programas de cualificación, pero advertía de que ello no sería suficiente: “Parece bastante evidente que se debería reforzar las intervenciones tempranas y también sería conveniente revisar unas reglas de repetición que parecen haber tenido el efecto perverso”.

Élites, excelencias y justicia social

¿Consiste la educación en crear y cuidar élites o en buscar justicia social? ¿Está la equidad reñida con la excelencia? La respuesta a estas preguntas ha separado tradicionalmente la políticas eduicativas de izquierdas y de derechas.

“La izquierda ha considerado siempre que la escuela es un instrumento revolucionario para lograr el cambio social. Por eso se empecina en ese sistema igualitario que terminará con las élites intelectuales que todo país necesita y que condenará a la mediocridad a varias generaciones de españoles”, escribía en 2005 en un documento de FAES la viceconsejera de Educación de la Comunidad de Madrid Alicia Delibes. Hace poco más de un año, la presidenta madrileña Esperanza Aguirre insistió en que le parece “absurdo” continuar con un sistema “que mantiene juntos hasta los 16 años a chicos capaces de asomarse al cálculo infinitesimal con otros para los que un quebrado es un problema insoluble”.

“Pero excelencia y justicia no son contrarios entre los que haya que elegir. Dar a cada chico la oportunidad de ser lo mejor que puede ser, sin importar su talento o su origen, no es una traición a la excelencia, es su cumplimiento”, escribía en 2004 el político laborista británico David Miliband escribía en 2004.

La izquierda española siempre ha apostado por un modelo que no separe en camino académico y profesional antes de los 16 (en Alemania es a los 11), sino que dé atención personalizada a las necesidades de cada alumno como hace Finlandia. El sistema debe atender a los que tienen mejores resultados “sin aislar y sin separar”, “haciendo una enseñanza inclusiva que incorpore a todos en un espacio común”, dijo el año pasado el exministro de Educación Ángel Gabilondo.

Sin embargo, precisamente este ministro asumió que, tras la enorme mejoría cuantitativa y equitativa que había dado el sistema español durante la democracia, ahora era la hora de preocuoparse más por esa excelencia. Así, buscó una especie de camino intermedio entre la separación y la comprensividad que no gustó a amplios sectores de la izquierda, pero tampoco iba suficentemente lejos para el PP, a juzgar la propuesta de reforma educativa del ministerio de Wert.