Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Tribuna:

La situación del Centro de Investigación Príncipe Felipe y la credibilidad internacional de España

La deuda de la Comunidad Valenciana es de unos 20.000 millones de Euros: ¿Para cuándo un ERE a los políticos que la han llevado a esos niveles?

Nos aprestamos a finiquitar este año 2011 en medio de ajustes y vigilando la prima de riesgo, como quien vigila el nivel de un río en medio de una crecida. Nada invita a pensar que vaya a escampar y 2012 se presenta plagado de incertidumbres. En medio de la tempestad financiera, España, como antes Grecia, Portugal o Irlanda y ahora también Italia, están en el punto de mira de especuladores sin escrúpulos, que apostando por nuestra de debilidad, ganan dinero, mucho dinero, agravando nuestra propia debilidad, realimentando el ciclo mientras ojean nuevas presas. Conviene recordar que remedando la primera ley de la termodinámica "el dinero ni se crea ni se destruye, sólo cambia de manos". Nadie va a negar que nos hemos ganado a pulso haber llegado hasta aquí y que la deuda del país, es la que es, unos 700.000 millones de euros, pero otros países, como Francia, Reino Unido o la propia Alemania tienen deudas bastante mayores que la nuestra. Para explicar porque somos nosotros hoy la presa, nos dicen que ellos tienen algo de lo que nosotros carecemos: credibilidad.

Viene esto a cuento de la situación que esta viviendo uno de los centros punteros en investigación biomédica de la Comunidad Valenciana, el Centro de Investigación Príncipe Felipe (CIPF), inmerso en un ERE que disminuirá su plantilla un 50%. La justificación de este ERE es la insostenibilidad de su mantenimiento por parte de la Comunidad Autónoma Valenciana que ha pasado su presupuesto de 9.7 millones de euros en 2009 a 4.4 millones para 2012. Recortes se están produciendo en mayor o menor grado en otros centros públicos de investigación y no son desgraciadamente noticia, como tampoco lo es, la desvergüenza de que quienes plantean los recortes, al intentarnos convencer al mismo tiempo, de que la única salida de la crisis es cambiar desde una economía basada en ladrillo y playa, a una economía basada en el conocimiento. Nos insisten en que hay que elevar el nivel de formación de nuestros jóvenes, porque de esta manera podremos ser competitivos, pero cuando aún no se ha apagado el eco de sus palabras, ya están firmando los EREs que destapan la falacia del discurso. Y se ceban con estos centros porque son un eslabón débil, menos protegido laboralmente y porque saben que los investigadores son en general gente callada y poco dada a la algarada. Algunos regresarán, con un justificado resquemor, de nuevo a centros extranjeros donde serán recibidos con una mezcla de satisfacción e incredulidad, mientras otros se irán directamente a casa, con la amargura de ver como nuevamente han sido engañados por un país, su país, tan poco fiable hoy como en los tiempos de Cajal.

Dudo que quienes manejan sin escrúpulos los hilos de la especulación financiera, sepan lo que es la fiabilidad de un país, pero al menos los políticos que firman esos EREs deberían saber que la credibilidad que dicen que le falta a España, le falta en primer lugar, porque somos un país incumplidor con nuestros propios ciudadanos. La deuda de la Comunidad Valenciana es de unos 20.000 millones de Euros -¿Para cuándo un ERE a los políticos que la han llevado a esos niveles?- y la de la televisión autonómica, Canal 9, es de unos 1.100 millones de euros con pérdidas de 180 millones de Euros en 2010. El Valencia Club de Fútbol tiene un presupuesto anual de unos 100 millones de euros y una deuda de 200 millones, pero a nadie se le ocurrirá plantear despedir a la mitad de la plantilla del club, si por ejemplo, Canal 9 (financieramente quebrado y con una audiencia que no llega al 6%) u otra TV pública, dejase de financiar con dinero público a una entidad privada por la retransmisión de los partidos de fútbol. Realmente éste es el problema; los investigadores del CIPF no acuden a tertulias, no emiten opiniones políticas, no airean ni sus noviazgos ni sus divorcios, ni nos aburren despellejándose en público en horario continuado. Sólo se dedican a hacer lo que saben, para lo que llevan preparándose durante años de formación en la Universidad, en centros extranjeros de élite por sueldos poco más que mileuristas. Resulta que una comunidad que se ha gastado más de 150 millones en un aeropuerto del que aún no despegan aviones, no puede mantener un centro de investigación con un presupuesto de menos de 10 millones, mientras seguimos presumiendo de tener una liga plagada de estrellas, con presupuestos y deudas multimillonarias. Así nos ven desde Europa y en eso se basa nuestra "credibilidad". Estoy de acuerdo en que España debe apretarse el cinturón, pero no lo estoy en absoluto en que los agujeros suplementarios se los deban hacer siempre los mismos.

No conozco personalmente a Rafael Pulido, investigador y ex-jefe del Laboratorio de Biología Molecular de ese centro, pero si conozco el trabajo publicado en Human Molecular Genetics que hubo de ser presentado para vergüenza de todos (los que no la tienen seguramente pensarán estúpidamente que se trataba de un acto de propaganda) en una sede sindical, pero desde esta página te doy las gracias, porque ese trabajo sobre el gen PTEN encierra claves prácticas para los médicos que atienden a los enfermos con un síndrome de Cowden. Tampoco tengo el gusto de conocer a Consuelo Guerri que donó un premio personal de 25.000 Euros otorgado por una institución alemana, para mantener al personal de su laboratorio que lleva más de 25 años trabajando en las consecuencias del alcohol sobre los embarazos. Es una pena que las TVs no estén interesadas en televisar estas proezas más allá de un apunte en telediario. La audiencia (otro eufemismo tan intangible como el de los mercados) está en otras cosas menos elevadas, dirán. El problema es que los investigadores nos estamos cansando de tener que apelar a la heroica, para continuar sirviendo a los intereses generales del país, mientras otros desahogados lo hunden en la miseria y el choriceo y encima se van de rositas, cobrando millonarias indemnizaciones. Eso si que afecta a la credibilidad y al riesgo-país.

A los colegas del CIPF, desde la distancia, os envío un abrazo solidario; ¡Ojalá os podamos hacer un sitio en otros institutos y centros que reconozcan vuestro trabajo!. A los políticos valencianos, y a los que estén tentados de seguir su ejemplo, quisiera recordaros, casi imploraros, que los recortes se deben hacer con sentido común, pensando en el futuro, con prioridades, con lápiz y papel, con bisturí y no con hacha, que sospechosamente siempre hunde su filo en el tronco ajeno. Os pido que reflexioneis sobre lo que costará reconstruir en tiempo y dinero lo que esos EREs significan, mientras permitís otros gastos improductivos. Es esa la verdadera Champions League, y no la otra, en la que debemos competir, lo que nos permitirá reconocernos como un país adulto, un país serio, un país cumplidor, en definitiva, un país creíble.

Adolfo López de Munain es director del Area de Neurociencias del Instituto Biodonostia. CIBERNED. neurociencias@biodonostia.org

Más información

  • La deuda de la Comunidad Valenciana es de unos 20.000 millones de Euros: ¿Para cuándo un ERE a los políticos que la han llevado a esos niveles?