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Milán aparca el coche en el centro para frenar la contaminación

Es la tercera vez que las autoridades deciden restringir el tráfico en 2011

Los curas y los médicos, las parejas de recién casados y sus invitados fueron los únicos particulares -junto a los que poseen vehículos ecológicos- que, desde las ocho de la mañana a las seis de la tarde del domingo, pudieron moverse en coche por Milán. El resto lo tuvo que hacer en transporte público, en bici o a pie. Desde 2007, cada vez que la contaminación supera durante 12 días seguidos los niveles establecidos por la Unión Europea -50 microgramos de partículas por metro cúbico-, el domingo siguiente no se puede circular. Es la tercera vez que se produce esta situación en Milán en lo que va de año (dos en 2010), y la emergencia solo se desactiva si la calidad del aire mejora durante tres días seguidos. La medida, que lógicamente cuenta con sus detractores, sus escépticos y sus incondicionales, busca, sobre todo, concienciar a la ciudadanía del creciente problema de la contaminación.

Para ello, claro está, hay que contar primero con políticos concienciados con el problema. Y, a diferencia de Madrid, Milán sí los tiene. La prueba es que la citada norma fue puesta en marcha hace ya casi cinco años por el anterior equipo de Gobierno -de centroderecha- y avalada por el actual -de izquierdas-. La vicealcaldesa, Maria Grazia Guida, es consciente de que un domingo sin coches, de vez en cuando, no puede de ninguna manera atajar un problema tan grave, pero cree que la medida sí encierra un importante efecto pedagógico. "Es una oportunidad", explicó al diario La Repubblica, "para aprender a reducir el uso de los coches cuando no son necesarios. Hemos perdido la costumbre de ir a pie o en bicicleta, de disfrutar de la ciudad".

La norma, no obstante, solo se lleva a cabo en Milán y no en su cinturón industrial. De ahí que el próximo martes estén convocados todos los alcaldes de la zona para intentar consensuar medidas más eficaces y, llegado el caso, más contundentes. Aparte del domingo sin coches, en los periodos de emergencia quedan excluidos de la circulación los vehículos más contaminantes. En épocas de normalidad, la prohibición queda restringida a los jueves.

Los milaneses están preparados. Saben que cuando el aire se vuelve denso durante varios días seguidos, deben de ir quitándole el candado a la bicicleta. Y hay quienes, como Elena Orlandi, una editora de 32 años, que hasta lo agradece: "Es un sueño. Cuento los días de superación de los niveles y cuando llegan a 10, casi espero que la salud del aire no mejore durante otros dos más para poder aprovechar así un domingo sin ruido y sin hedor a gasolina. Se crea una atmósfera irreal, como de pueblo, la gente parece más relajada. Ojalá fueran así todas las mañanas. Iría a trabajar en bici sin correr el peligro de que me aplasten".

A cambio de la buena disposición de los ciudadanos, el Ayuntamiento de Milán pone en marcha incentivos como entradas gratuitas o con descuento para las piscinas municipales o los principales museos de la ciudad. También existe el proyecto de poner a la venta un pasaje único que por 1,5 euros permita utilizar el transporte público durante todo el día de emergencia ambiental.

Pero hay quien considera la actual disposición claramente insuficiente. El líder local de Los Verdes, Enrico Fedrighini sostiene que el hecho de que "uno o dos domingos al mes" no puedan circular coches por Milán no "solucionará la crisis de la nube tóxica" causada por la elevada contaminación ambiental. Y quien observa una contradicción que las mismas autoridades municipales que animan a los milaneses a dejar el coche en casa y subirse al autobús o al metro sean los mismos que acaban de subir el billete univiaje a 1,5 euros. "Quienes subieron el billete de Atm [la empresa pública que gestiona el transporte local] y empujaron a la gente a elegir el coche, no pueden ahora darnos lecciones de moral sobre lo que contaminan los vehículos particulares".

La preocupación por la contaminación en Italia no se circunscribe a Milán. Otro puñado de ciudades -entre las que se encuentran Roma o Bolonia- también ensayan de forma esporádica medidas similares, siempre buscando el equilibrio imposible entre la pureza del aire y la necesidad de los ciudadanos de trasladarse de un lugar a otro. No contribuye a la solución un sistema de transporte público insuficiente. En Roma, por ejemplo, están registrados 970 coches cada 1.000 residentes. Y, hasta hace unos años, dos días a la semana solo podían circular la mitad. Un día los de matrícula impar se quedaban quietos y al día siguiente, los pares. Ahora la única medida es la restricción del tráfico en 700 hectáreas de las 3.000 que ocupa el centro. En Bolonia los jueves solo pueden circular la mitad de los vehículos: si es día 2 circulan los pares y si es día 3, los impares.