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La cigüeña viene de un laboratorio

Tener un hijo no es siempre fácil. Se estima que una de cada seis parejas es infértil en nuestro país. Unas 80.000 se someten cada año a técnicas de reproducción asistida. Un proceso largo y duro que en más de un 35% de los casos da frutos como Xabela, la protagonista de este reportaje

Se llama Xabela Santos Llanos, tiene tres meses y soy su padre. Esta es una de las frases que más he deseado escribir durante algo más de dos años. El tiempo que ha tardado en llegar a nuestras vidas gracias a una fecundación in vitro (FIV).

Este reportaje se empezó a gestar, como Xabela, hace algo más de un año. Saberse parte de una estadística es un ejercicio poco reconfortante en ocasiones. Éramos una de ese 15% de parejas españolas que no podían tener hijos. Se buscaba, pero no llegaba. El calendario, terco, se encargaba de recordarlo.

Ansiedad, sentimiento de culpabilidad, lágrimas, discusiones... Son miles las parejas que pasan por esto y, sin embargo, no es un tema del que se hable en la calle. Entonces comenzó a escribirse este reportaje, cuyo objetivo es contar algo extraordinariamente bueno como un nacimiento, pero también los sinsabores del proceso y la frustración de las parejas que no lo consiguen.

El 80% de las fecundaciones in vitro se hacen en clínicas privadas se hacen clínicas privadas

La ley permite implantar tres embriones por cada tratamiento

Para lograr el embarazo se suelen necesitar cuatro intentos

La sociedad española tiende a examinar el futuro. Cuando no tienes novia, te preguntan cuándo la tendrás; cuando la tienes, por la boda; tras la boda, cuándo vendrán los hijos; y muchos no saben lo que puede doler cuando se pregunta.

Nuestro caso se podría definir como "de libro". Pareja en torno a los 35 años que decide buscar un hijo y no lo logra. Al año, tal y como recomiendan los especialistas, acudimos a una clínica tras investigar sobre algunos centros en la página web que ofrece el Ministerio de Sanidad en colaboración con la Sociedad Española de Fertilidad. Allí pudimos consultar muchos de los más de 250 centros que hay en España y que explican los tratamientos que ofrecen y las tasas de éxito. Tras visitar también la web de alguna asociación de pacientes como Asproin o Ceres y nuestro seguro médico, nos decidimos por el Instituto Madrileño de Fertilidad. Una decisión que estuvo condicionada porque era una de las clínicas donde nuestro seguro, el de la Asocaciación de la Prensa de Madrid, cubría el 100% del tratamiento, que puede rondar en función de la técnica los 4.500 euros. La opción pública era inclinarse por las listas de espera. Esta podría ser una de las razones por las que un 80% de los tratamientos se realizan en clínicas privadas, según datos del Ministerio de Sanidad.

Primeros pasos

En la primera cita en la clínica comienza a sosegarte el hecho de ver que no estás solo. La sala de espera está bastante concurrida por parejas parecidas a la nuestra y alguna algo mayor. Todos buscamos lo mismo. Conoces al doctor, en este caso la doctora García Bernardo, que sería quien hablara más de una hora con nosotros. Primer mal momento. Explicar tu caso, los antecedentes... El médico normalmente hace un control ecográfico para ver el estado del útero de la mujer, su endometrio y la reserva ovárica. La pareja también debe hacerse una analítica (para hacer un estudio hormonal) y al hombre se le pide un seminograma (una prueba para evaluar la cantidad, calidad y morfología del esperma). En función del mismo, se puede pedir un test de capacitación espermática y otro de fragmentación del ADN.

Los resultados reflejaban que el problema era de quien esto escribe. Solo un 3% de los espermatozoides tenían la calidad suficiente. No es extraño, ya que, según la Sociedad Española de Fertilidad (SEF), entre el 35% y el 40% de los casos se deben a problemas de los hombres. Según el doctor Miguel Ruiz Jorro, miembro de esta sociedad, "suele deberse o bien a un mal funcionamiento de los testículos que haga que no se produzcan espermatozoides, o que estos sean muy escasos o de baja calidad. También a una obstrucción en los conductos de salida de los espermatozoides; o a otras causas que afectan directamente a la función de los espermatozoides. Entre estas pueden estar la existencia de alteraciones genéticas en ellos".

Conocido el diagnóstico, llega el primer alivio. Hay una razón para todo esto. Y no es ninguna tontería. Se estima que hay un 5% de parejas donde no existe una causa clara que explique la infertilidad, según suscriben varios especialistas consultados. Entonces llega el momento de sentarte de nuevo con tu médico y ver qué técnica de reproducción asistida elegir. En nuestro caso, una FIV con microinyección espermática, la técnica de FIV que se usa en el 80% de los casos. No deja de ser curioso. La primera niña que nació por FIV lo hizo en el mismo año que yo: 1978. Casualidades de la vida.

El aspecto médico estaba controlado. No así el psicológico. Estamos hablando de un año sin haber conseguido un embarazo, algo que se supone lógico, sencillo y natural. Hay presión para la mujer. La autoimpuesta y la infligida muchas veces por familiares y amigos que, por desgracia, no saben lo que pueden generar algunos comentarios a pesar de que sean bienintencionados. Por esta razón, muchas clínicas ofrecen también la asesoría de un psicólogo. Es el caso de la clínica ProcreaTec. Alfredo García Gárate, su psicólogo, lo explica bien en el blog alojado en la web de su clínica: "El objetivo de la psicología es acompañar a la pareja durante este difícil proceso, que sepan que es algo transitable. Aprovechar los recursos que tienen y no ven por el estado de vulnerabilidad emocional. La idea es transmitírselo y que se potencien los propios recursos y capacidades de la pareja para poder mantener una estabilidad personal y relacional que permita sobrellevar el proceso sin que esto empobrezca sus vidas".

La cantidad de medicinas que hay que utilizar para ayudar a preparar el cuerpo para generar óvulos y, posteriormente, poder albergar los embriones es bastante grande. Y su coste puede superar los 800 euros para cada ciclo. Nosotros contamos con la ayuda del seguro, otros no tienen esa suerte. Y es algo importante, porque a la ansiedad física hay que unir la económica, y como todos los especialistas indican, la tranquilidad y el cómo se afronte esta etapa también es fundamental para que todo salga bien.

En la primera fase del proceso es necesario provocar el periodo a la mujer. Una vez conseguido, fue necesario avisar a la clínica para que nos guiaran sobre cómo utilizar el primer medicamento para favorecer la ovulación. Había la posibilidad de administrárselo en casa siguiendo las recomendaciones del médico. Una de ellas era intentar hacer este proceso en pareja, por lo que hubo que ejercer de enfermero. La primera vez fue un completo desastre. Los nervios eran tales que el contenido de la jeringa se fue al suelo. Si hubiéramos pagado la totalidad del medicamento, hubieran sido 500 euros tirados a la basura.

Por eso tuvimos que asesorarnos bien en Internet de cómo poner una inyección y no volver a fallar. Todo correcto. De paso, hicimos la primera incursión en los foros sobre el tema. Casi ningún nombre real, pero mucho cariño certero. En España se realizan al año unos 80.000 tratamientos de FIV según la SEF, por lo que es normal ver cómo cientos de mujeres (no hay apenas comentarios masculinos) cuentan sus casos, piden consejo o simplemente se desahogan. Incluso hay compraventa de restos de tratamientos farmacológicos, algo ilícito y peligroso en cualquier tipo de tratamiento y más en este porque implica el uso de hormonas, según explican desde diferentes centros consultados.

Los primeros 12 días del ciclo femenino se siguen poniendo las inyecciones. Mientras, es necesario acudir a la clínica para ir viendo el desarrollo de la estimulación ovárica. En función de cómo vaya el tratamiento se puede reforzar o no y se fija una fecha para la extracción de los óvulos, para lo que es necesaria una pequeña cirugía con sedación profunda. Tras la intervención se consiguieron 10 óvulos. Era el momento de entregar una muestra de semen, la que se utilizaría para extraer los escasos espermatozoides idóneos e introducirlos a través de una técnica, la inyección intracitiplasmática de espermatozoides, en la que se inyecta dentro de un ovocito un solo espermatozoide vivo seleccionado.

El momento de la verdad

Llega el enésimo momento de nervios. ¿Cuántos embriones se conseguirán? Hay que esperar entre 24 y 48 horas para conocerlo. Comienzas a revisar tasas de éxito para darte ánimos. En nuestra clínica la tasa de éxito está entre un 35% y un 46%. El caso de otras dos clínicas como Ginefiv o Procreatec está entre un 45% y un 50%. Llega la primera llamada. Ha habido suerte. Hay cinco embriones. En ese momento nuestra doctora nos explica que si hay cuatro clases, tenemos dos de la mejor calidad, dos de la media y uno de la regular, y nos da cita para explicárnoslo en persona y ver en qué momento se implantarán.

En España es posible introducirse tres embriones en una FIV, según la Ley de Reproducción Asistida de 2006 que regula estos de tratamientos. La doctora nos recomienda usar dos porque se puede producir un embarazo múltiple. Por eso hay tanto carro gemelar por la calle, pensamos. Llega la intervención, en la que participan cuatro personas y donde el biólogo, el encargado del milagro, aparece por primera vez para acercarte los dos embriones que pueden llegar a convertirse en tus hijos. "Embriones de Paula Llanos. Dos". Porque el momento es tenso, si no, esta frase era para echarse unas buenas risas. Una vez implantados en el útero, el biólogo debe volver a su microscopio para ver que, efectivamente, los dos han sido implantados. Piernas arriba. Descanso de una hora y a casa a reposar.

Para estar seguro de lograr un embarazo, los especialistas señalan que hay que hacerse entre tres y cuatro FIV. Conseguirlo a la primera sería un exitazo. Tras 13 días llega el momento de hacerse la analítica que nos dirá si hay embarazo o no. Decidimos, no sin esfuerzo, no hacer un test de embarazo en casa por si se equivocaba. Un poco de sangre y a casa a esperar. A desesperar. Si cuando comienzas una relación miras el teléfono sin parar para ver si te ha llamado la chica que te gusta o te ha mandado un mensaje, esperar una llamada de este tipo... Suena el teléfono. Y es un sí. Un sí, pero hay que hacer un análisis tres días después para confirmarlo. Malo será. Otro sí. Vuelta a la clínica y comienzan las revisiones hasta que llega el momento en el que lo escuchas. Es el corazón de tu hija que late. Muy rápido, porque todavía es muy pequeño. Hoy es un poco más grande. Y seguirá creciendo. Se llama Xabela. Y es nuestra hija.

El proceso paso a paso

La fecundación in vitro (FIV) conlleva cinco fases que incluyen la estimulación ovárica, la punción de los folículos, la fertilización en el laboratorio, la transferencia de los embriones al interior del útero y la prueba hormonal, según explica el doctor Federico Galera, director del Instituto Madrileño de Fertilidad.

1. Estimulación ovárica. Se inicia la estimulación de los ovarios con inyecciones diarias de unas hormonas llamadas gonadotropinas. Son autoadministradas de forma subcutánea por la propia paciente. El objetivo es conseguir un desarrollo folicular múltiple que permita obtener un número razonable de ovocitos fertilizables. Cada dos días, la paciente es vista en consulta para realizar un control ecográfico y ajustar las dosis de hormonas (10 días aprox.).

2. Punción ovárica. Los ovocitos se extraen de los ovarios de la mujer a través de la punción de los folículos. Esta intervención se controla mediante ecografía y se suele realizar bajo analgesia, de forma que no resulte dolorosa. Suele practicarse unos 11 días después del inicio del ciclo. El procedimiento no requiere ingreso y la paciente abandona la clínica entre 30 y 60 minutos conociendo el número de ovocitos obtenidos y con una aproximación a la calidad de estos. A continuación se preparan y clasifican en el laboratorio.

3. Fertilización en laboratorio. El semen ha de ser obtenido casi al mismo tiempo que la extracción de los ovocitos, después de un periodo de abstinencia sexual. El semen se prepara en el laboratorio con el fin de eliminar ciertos componentes y seleccionar los espermatozoides más adecuados para fecundar. Una vez conseguida la fecundación, se selecciona el número de embriones (máximo tres, según la Ley de Reproducción Asistida) a introducir en el interior del útero de la mujer.

4. Transferencia embrionaria. Consiste en introducir los embriones en el interior del útero. Se lleva a cabo habitualmente entre los dos y tres días posteriores a la extracción de óvulos. El procedimiento es absolutamente indoloro y se suele realizar bajo control ecográfico. La mujer permanece en reposo durante 45 o 60 minutos y se aconseja un reposo en su domicilio de 24 o 48 horas. La mujer seguirá un tratamiento hormonal, aplicado con óvulos vaginales de progesterona para favorecer la implantación embrionaria.

5. Prueba hormonal. Trece días después de la transferencia, la paciente se hace una prueba hormonal para confirmar la gestación y posteriormente una consulta para, mediante control ecográfico, verificar que se desarrolla correctamente.

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