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Escaladores de Greenpeace frenan el viaje de una plataforma al Ártico

Once activistas escalan la planta petrolífera en el puerto de Besiktas (Turquía) para impedir su partida

Un grupo de activistas de Greenpeace intentaron este viernes impedir la salida de la plataforma petrolífera Leiv Eiriksson desde el puerto de Besiktas, en Estambul (Turquía). Armados con pancartas y banderas, 11 escaladores de ocho países diferentes permanecieron 20 horas ocupando la plataforma operada por el gigante energético Cairn Energy, que este año empezará a perforar las aguas del Ártico en busca de hidrocarburos. A pesar de que su intención era quedarse el mayor tiempo posible, el mal tiempo les obligó a abortar la acción a media tarde, según ha informado la organización.

"La Bahía de Baffin -a donde se dirige Leiv Eiriksson- es uno de los espacios naturales más frágiles del mundo, con una fauna silvestre muy vulnerable como narvales, ballenas azules, colonias de aves marinas y osos polares", explica por teléfono Joss Garman, encargado de las comunicaciones de la organización ambientalista. Garman asegura que la plataforma se encuentra en estos momentos detenida, debido al estado de la mar, en aguas del Egeo y que la organización está meditando nuevas acciones contra ella.

Según Greenpeace, "la Leiv Eriksson, es el equipo más peligroso del mundo, ya que es el único destinado a iniciar nuevas perforaciones en alta mar en el Ártico. Supone un claro e inmediato peligro para el medio ambiente frágil del este océano".

Bajo el Océano Ártico se esconden el 13 % de las reservas de petróleo no descubiertas del planeta. Su inaccesibilidad y los elevados costos lo han mantenido, hasta hace pocos años, a salvo de las petroleras. Según apunta Greenpeace, las condiciones extremas del Ártico obligaría a Cairn Energy a realizar las exploraciones en un tiempo muy corto, lo que supone un componente de dificultad añadido y aumenta el riesgo de la operación. De producirse un vertido "podría llegar a ser imposible contener y limpiar" añade la organización que apunta que los cuatro pozos de perforación se encuentran a una profundidad de 1500 metros, al igual que los del desastre del Golfo de México en 2010.

"La Leiv Eriksson está encabezando una nueva fiebre del petróleo en el Ártico. Aún podemos cambiar las cosas y proteger esta región, pero solo si conseguimos obligar a las empresas contaminantes y a los políticos que las apoyan a tomar medidas ambiciosas para reducir nuestra dependencia del petróleo", aseguraba uno de los activistas desde la plataforma a la agencia Reuters.

Ahora que todos están en tierra firme, nada, excepto el mal tiempo, impide a la Leiv Eriksson seguir su camino. A espera de nuevas acciones del Greenpeace, sobre la torre todavía hondea una pancarta con el lema en ingles: Detened la destrucción del Ártico.