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El legado de Chernobyl, lecciones para Fukushima

Un cuarto de siglo después del más grave accidente nuclear, el reactor y la zona devastada en Ucrania siguen necesitando inversiones ingentes para contener el riesgo, explica la revista 'Nature'

El 26 de abril de 1986, a primeras horas de la mañana, explotó el reactor número cuatro de la central nuclear de Chernobil, escupiendo a la alta atmósfera 6,7 toneladas de material radiactivo del núcleo y depositando istótopos radiactivos sobre 200.000 kilómetros cuadrados de Europa. El accidente del Fukushima, en Japón, tras el tsunami que arrasó la región hace dos semanas largas, es menos grave y la radiación emitida no se acerca a los altos niveles que arruinaron toda la región de Chernobil, escribe Mark Peplow en la revista Nature. Pero hay lecciones aprendidas en el accidente ucraniano que pueden ser útiles para los responsables nipones que, aunque la complicada situación que afrontan no se complique más, tendrán seguramente que mantener una zona de exclusión alrededor de Fukushima durante décadas una vez enfriados los reactores y dedicar muchos años, inversiones y esfuerzos a cerrar la central.

Peplow, periodista de Nature, ha visitado Chernobil hace pocos días, anticipándose a una conferencia dedicada a la situación de la central devastada y la seguridad que se celebrará en Kiev del 20 al 22 de abril. Lo que está claro es que queda aún trabajo para años allí y que hacen falta inversiones para completar las medidas de seguridad planeadas. Todavía hoy, 25 años después del accidente, unas 3.500 personas entran cada día en la zona de exclusión de 30 kilómetros alrededor de la central nuclear para vigilar la zona y continuar los trabajos de limpieza, y estas actividades deberán continuar al menos medio siglo más.

"Docenas de trabajadores de emergencia murieron en los meses siguientes [al accidente de Chernobil] debido a la exposición a la radiación y cientos de niños de la región desarrollaron después cáncer de tiroides", recuerda Peplow. De los 132 trabajadores de emergencia a los que se diagnosticaron problemas por radiación aguda, murieron 28 en los cuatro meses siguientes, otros 19 han muerto desde entonces y muchos de los que han sobrevivido padecen cataratas y lesiones en la piel. En cuanto a los casos de cáncer de tiroides, se han registrado unos 5.000 en personas que entonces eran niños, y la mayoría resultó irradiada al consumir leche contaminada con iodo radiactivo. Una veintena de ellos han muerto. En el entorno de Fukushima se han medido niveles de radiactividad inferiores, señala Nature.

Mucho se habló, tras el accidente de Chernobil, del sarcófago de hormigón que se completó a finales de 1986 alrededor del reactor siniestrado para contener su radiactividad. Peplow lo ha visitado ahora y cuenta que "esta despedazándose y veteado de óxido". Junto a él se mide una radiactividad tal que estar expuesto a ella durante diez minutos equivale a hacerse una radiografía de un brazo. La central de Chernobil, todos sus reactores, se cerró definitivamente en 2000 y la prioridad ahora es construir e instalar una gran estructura alrededor el reactor número 4 antes de que el sarcófago sea demasiado inestable. El plan es construir una nueva estructura protectora. La idea es hacer un enorme arco de acero, de 105 metros de alto junto al reactor y desplazarlo hasta cubrir el sarcófago dañado. Dentro de esta estructura se podrá entonces trabajar con grúas robóticas para desmantelar el sarcófago y parte del reactor, en trabajos que durarán hasta 2065, si se logra tener a punto este dispositivo para 2015. El problema es que falta dinero para completar estos planes y los responsables ucranianos esperan obtener más donaciones de instituciones internacionales en la conferencia del mes que viene. Otro problema serio que hay que afrontar es el de la piscina de agua radiactiva (cada mes hay que bombear 300.000 litros de la sala de turbinas del reactor número 4) y almacenarla allí. Cerca de la antigua central hay una charca de 22 kilómetros cuadrados en la que se descarga el agua radiactiva de los sistemas de refrigeración del reactor.

El impacto del accidente de Chernobil en la salud de la población no se conoce con la precisión y fiabilidad que cabría esperar. Algunos estudios han detectado pequeños incrementos en la tasa de cáncer de mama y de enfermedades cardiovasculares, pero no tiene en cuenta factores como, por ejemplo, la alimentación, el consumo de alcohol o el hábito de fumar, recuerda Peplow. También ha habido algunas investigaciones que han apuntado un incremento de las mutaciones genéticas en los hijos de personas irradiadas tras Chernobil, "pero no se han encontrado evidencias de efectos hereditarios similares ni siquiera entre los descendientes de los supervivientes de las bombas atómicas en Japón, que recibieron, de media, dosis de radiación mayores".

En el desastre nuclear de Fukushima , las autoridades niponas han actuado mucho mejor que las soviéticas en Chernobil, informando a la población, delimitando una zona de evacuación, prohibiendo el consumo de leche y verduras de la zona, distribuyendo pastillas de ioduro potásico y pidiendo a la gente que no salga de casa (en el accidente de Ucrania no hubo reparto sistemático de pastillas y se dejó a lo niños jugar al aire libre tras el accidente) señala Nature.

Pero la más importante lección de Chernobil para Fukushima es que el accidente nuclear se abate sobre la región mucho tiempo después de que los reactores se hayan enfriado, señala Peplow citando a expertos. "Si zonas de Japón resultan gravemente contaminadas con cesio-137 radiactivo, que se reduce a la mitad en 30 años, el Gobierno tal vez tenga que mantener una zona de exclusión durante décadas. También llevará décadas desactivar la central de Fukushima, dependiendo del daño sufrido por los reactores", recuerda.

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