El cáncer que no duerme

Una alteración genética hace que las células tumorales estén siempre activas

Se sabe desde hace tiempo que los mamíferos se rigen por un ritmo biológico día-noche denominado ciclo circadiano, que provoca que determinados órganos y tejidos sean más activos a ciertas horas que a otras. Un reloj biológico localizado en el cerebro regula este ritmo, incluso en las células, quizás como un vestigio de la evolución. La alteración de estos ciclos de sueño y vigilia influye considerablemente en la salud humana y se ha ligado a varias enfermedades tan importantes como el cáncer. Sin embargo, la proliferación de las células de un tumor no sigue los patrones circadianos autónomos y siempre están activas, despiertas.

La revista científica Cancer Research publica el 1 de noviembre el trabajo de un equipo de investigadores que ha demostrado que las células de las leucemias y los linfomas carecen de una molécula imprescindible para que funcione el reloj endógeno de las células, la proteína BMAL1, algo que puede tener repercusiones en el desarrollo de la enfermedad.

El trabajo, encabezado por Manel Esteller, director del programa de Epigenética y Biología del Cáncer del Instituto de Investigación Biomédica de Bellvitge, puede tener aplicaciones terapéuticas prácticas, asegura Esteller. ¿Qué función tiene la proteína BMAL1? En células sanas, controla la actividad de cientos de genes para que se expresen de forma rítmica; es decir, unos se encuentran más activos, otros en fase de descanso.

El hallazgo demuestra una alteración epigenética (campo que estudia las modificaciones químicas que sufre el material genético) del gen BMAL1: En el desarrollo del cáncer, grupos químicos metilo bloquean la expresión del gen de la proteína BMAL1 e impiden su producción. De esta forma, la célula tumoral no respeta el ritmo circadiano y se encuentra siempre en una fase activa en la cual se estimula la expresión de los genes del cáncer y se bloquean los genes protectores de cáncer, que suprimen los tumores. El estudio se ha realizado con muestras de tumores humanos y comprobado posteriormente que en ratones se sigue un proceso similar.

Una de las posibles aplicaciones prácticas de los hallazgos es en la cronoterapia, una disciplina que consiste en adecuar el tratamiento al ritmo biológico del paciente. Eso permitiría administrar la quimioterapia en las horas del día en las cuales la eficacia fuera mayor, asegura Esteller. Ahora tratan de averiguar en el laboratorio qué sucede en los tumores sólidos y frecuentes como el cáncer de mama, de pulmón o de colon.

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