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Los 'siluros de Pavlov'

Un laboratorio de EE UU 'educa' peces para pescarlos mejor

¿Para qué sirve que un perro salive cuando oye una campana? Para nada. Pero el experimento del ruso Iván Pávlov, base de la teoría del reflejo condicionado, puede tener una aplicación práctica. Es en lo que está trabajando el Laboratorio de Biología Marina de Woods Hole, en Massachusetts (EE UU), pero usando siluros (Centropristis striata).

La base del proyecto es similar a la que usó el ruso a finales del XIX: a 5.000 alevines se le entrena para que acuda a un lugar cuando suena un sonido, con la recompensa de un apetitoso bocado. Luego, los peces se sueltan al mar, y se espera a que crezcan. Cuando pase el tiempo suficiente se repite el tono. Y los animales, obedeciendo al reflejo condicionado, acuden hacia la jaula o la red que servirá para pescarlos. Filetes de siluro para todos.

Pero el experimento, según la edición digital de hoy de Nature, ha encontrado un inesperado oponente: un grupo ecologista, Food and Water Watch, de Washington, que ha llevado el caso a los tribunales. Aducen que hay deficiencias en el permiso para la construcción de la jaula submarina que servirá de cobijo a los peces hasta que sean liberados, que esta estructura y el mantenimiento de los animales son contaminantes, y que pueden resultar demasiado atractivas para las especies salvajes (¿quién controla que el pienso no se escape al mar libre?), que caerían también en la trampa. El laboratorio tiene hasta el 5 de septiembre para responder.