Reportaje:

El camalote invade el Guadiana

Una nueva especie invasora amenaza los ecosistemas de España

Las aguas del Guadiana se enfrentan desde hace más de un año a la colonización de un devastador intruso: el camalote o jacinto de agua, una planta amazónica que ha llegado a ocupar casi cien hectáreas del río y que pone en peligro su fauna acuática y los sistemas de riego de las poblaciones por las que atraviesa. El nombre científico de esta especie flotante de raíces sumergidas es Eichhornia crassipes y pertenece a la familia de las pontederiáceas. Presente en casi todo el mundo, ya que se exportó para usos ornamentales en estanques, es considerada una mala hierba, porque pueden taponar en poco tiempo una vía fluvial. De hecho, la Unión Mundial para la Naturaleza la incluye entre las cien especies más invasoras del mundo.

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Este vegetal forma parte, junto al visón americano, la malvasía jamaicensis, las cotorras argentinas, el mejillón cebra, la rana toro, el muflón, el lucio, el esturión, el cangrejo americano, el siluro o la especie vegetal uña de gato, entre otras, del conjunto de especies invasoras que amenazan a la flora y fauna españolas. La nueva intrusa ha encontrado las condiciones óptimas para su propagación en el Guadiana: altas temperaturas interiores y exteriores, niveles elevados de fertilizantes disueltos y poco caudal, lo que facilita el asentamiento de la planta en los meandros del río.

La planta crece rápidamente y puede doblar su extensión en 10 ó 15 días si las condiciones son favorables pero, afortunadamente, la bajada de temperatura del cambio de estación, combinado con las extracciones diarias, frena el avance de esta especie, que reduce el nivel de oxígeno e impide el paso de la luz del sol al ecosistema acuático. Eva Hernández, de WWF/Adena, ha explicado que para hacer frente al avance de las especies invasoras es necesaria la prevención, con un seguimiento exhaustivo de estas especies, poniendo especial cuidado en los sistemas degradados, "que son más fáciles para las especies oportunistas" y, por último, cuidar la salud del ecosistema.

De un estanque directo al río

Se desconoce el modo en el que el jacinto de agua llegó al Guadiana, pero una hipótesis, que maneja la organización ecologista, apunta a que puede que haya sido vertido en las tuberías procedente de un estanque. Hernández ha indicado que esta especie, al igual que todas las invasoras, "es muy oportunista" y causa problemas en España y en todo el mundo, "donde afecta enormemente a la pesca fluvial además de a los propios ecosistemas". La Confederación Hidrográfica del Guadiana (CHG), alarmada por la rápida propagación del camalote a lo largo del río y sus afluentes, ha desarrollado un plan integral de control, en colaboración con la Consejería de Agricultura y Medio Ambiente de la Junta de Extremadura y un grupo de investigadores universitarios.

El Ministerio de Medio Ambiente ha decidido también destinar una partida presupuestaria de seis millones de euros para el año que comienza, con la intención de intensificar la lucha contra la planta durante el invierno. Con ese presupuesto está prevista la contratación de más de cien personas que trabajarán desde el próximo lunes en la extracción del vegetal. Otras de las medidas adoptadas por la CHG han sido la instalación de barreras de contención en el tramo urbano del río Guadiana a su paso por Mérida y el establecimiento de filtros en las proximidades de la presa para evitar el paso de más materia vegetal.

El vicerrector de Investigación, Desarrollo e Innovación de la Universidad de Extremadura, Juan Manuel Sánchez Guzmán, ha declarado que el objetivo es eliminar el 40% de la planta y controlar en primavera su floración, liberación de semillas y expansión geográfica. Para los habitantes de las riberas del Guadiana, la propagación del camalote es un "drama" concentrado ahora en un lugar muy concreto pero que se "puede traspasar a otros a través de las aves migratorias", según ha dicho José Alba, vecino de Badajoz y promotor de una plataforma que quiere denunciar lo que consideran "un desastre natural". Una de las preocupaciones de Alba es que la presa de Montijo, que ahora no permite el flujo habitual de agua para evitar el paso del camalote a Mérida, tenga que abrirse cuando llueva, lo que conduciría a una nueva propagación del vegetal.

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