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La ecologista keniana Wangari Maathai obtiene el premio Nobel de la Paz

La primera africana que logra este galardón ha dedicado su vida a la reforestación de África y a promover la integración de la mujer

El premio Nobel de la Paz de 2004 ha sido concedido a la keniana Wangari Maathai "por su contribución al desarrollo sostenible, la democracia y la paz". Maathai, de 64 años, es una activista de la ecología y actualmente ocupa el cargo de secretaria de Estado de Medio Ambiente, Recursos Naturales y Vida Salvaje de su país. Es la primera vez que una mujer africana obtiene este galardón.

Nacida en Nyeri en 1940 y madre de tres hijos, Maathai fue la primera mujer que obtuvo un doctorado en Africa Oriental y Central. Ha dedicado buena parte de su vida a luchar contra la deforestación del continente africano. En 1977 fundó el Movimiento del Cinturón Verde, principal proyecto de reforestación de árboles en el continente que ha plantado 30 millones de árboles en Kenia. Pese a ello, la superficie arbolada sólo llega al 1,7% cuando la ONU recomienda que represente el 10% del total. Pero el objetivo del programa no sólo es promover la biodiversidad sino también crear de empleo femenino (ha empleado a 80.000 en viveros del país) y promover la imagen de la mujer en la sociedad.

En 1986, el Movimiento impulsó una Red Panafricana del Cinturón Verde, a través de la cual se llevaron a cabo planes similares de replantación de árboles en más de 30 países de África (Tanzania, Uganda, Malawi, Lesotho, Etiopía o Zimbabue, entre otros) y de otras partes del mundo. Cuenta con un amplio reconocimiento internacional por su incansable defensa de la democracia, de los derechos humanos y del medio ambiente, lo que le ha llevado a dirigirse en varias ocasiones a la ONU y a intervenir, en nombre de los derechos de las mujeres, en la cumbre quinquenal de la tierra de la Asamblea General de Naciones Unidas.

Opositora

Aunque en diciembre de 2002 fue elegida diputada y actualmente ocupa la secretaría de Estado de Medio Ambiente, Recursos Naturales y Vida Salvaje, Maathai no siempre ha estado bien considerada por la autoridades kenianas. En 1992 fue golpeada por la policía mientras mantenía una huelga de hambre en el parque Uhuru en compañía de las mujeres y madres de los presos políticos para quienes reclamaban la libertad. En esa época no tuvo reparo en denunciar la corrupción del Gobierno por apoderarse de fondos de la ayuda internacional. A pesar de que siempre ha asegurado no tener ambiciones políticas, su nombre ha sonado en varias ocasiones como candidata ideal a la presidencia del país.

La concesión del Nobel ha sido recibida con lágrimas de alegría en la sede del movimiento Cinturón Verde. "El movimiento entero está dando saltos y llorando de felicidad", ha narrado Wangira Maathai, hija de la premiada y coordinadora de la organización. "Estamos como locos porque no nos lo esperábamos", aseguró.

Una docena de mujeres ejemplares

En la historia de los Nobel, tan sólo doce mujeres han obtenido el premio de la Paz. La primera fue la austriaca Bertha Sophie Felicita von Suttner, que en 1905 fue recompensada por sus esfuerzos como presidente de la Oficina Permanente para la Pz Internacional. En 1931 la estadounidense Jane Addams fue distinguida por un trabajo semejante: dirigir la Liga Internacional de Muejere spara la Paz y la Libertad. Su sucesora, Emily Greene Balch, también recibió el galardón en 1946.

Hubieron de pasar 30 años, hasta 1976, para que Betty Williams y Mairead Corrigan fueran premiadas por sus esfuerzos a favor de la paz en Irlanda del Norte. Tres años más tarde la Academia de los Nobel otorgó el galardón a Teresa de Calcuta. La ministra sueca la el Desarme, Alva Myrdal, reusltó elegida en 1982 y en 1991 la ganadora fue la opositora al régimen de Birmania, Aung San Suu Kyi. En 1992 el galardón fue a manos de Rigoberta Menchú por sus desvelos a favor de los derechos humanos en Centroamérica. Las dos últimas premiadas han sido la estadounidense Jody Williams (en 1997, por su labor como coordinadora de la campaña contra las minas antipersona) y la iraní Shirin Ebadi (en 2003, a raíz de sus esfuerzos por la igualdad de las mujeres en los países árabes).

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