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Ni cirugía ni bótox: Kate Beckinsale o el caso de las actrices que se plantan ante el “acoso” de las redes hacia su apariencia

La actriz de ‘Underworld’ es la última estrella de Hollywood que se ha enfrentado a las críticas y especulaciones de los usuarios sobre sus supuestos retoques estéticos. Dos expertos analizan el fenómeno que sigue poniendo bajo el escrutinio el físico de las mujeres y cómo lidiar con los odiadores

Kate Beckinsale en una gala benéfica en Nueva York el pasado 2 de mayo.
Kate Beckinsale en una gala benéfica en Nueva York el pasado 2 de mayo.Theo Wargo (Getty Images)

“Por favor, parad ya”. Con esta súplica finalizaba la actriz Kate Beckinsale un extenso alegato publicado el pasado cinco de mayo en su cuenta de Instagram. Tras pasar varios días ingresada en el hospital por motivos médicos no desvelados hasta ahora, la protagonista de películas como Underworld o Pearl Harbor reapareció en la alfombra roja de un evento benéfico en Nueva York, generando a su vez una oleada de comentarios sobre su aspecto físico y los supuestos retoques a los que se habría sometido. “Cada vez que publico algo me acusan de haberme sometido a una cirugía irreconocible, usar bótox y estar obsesionada con parecer más joven (…) Es una forma viciosa de intimidar a una persona”, manifestaba la intérprete, tildando de “acoso insidioso” las especulaciones respecto a su físico. Publicando dos vídeos con 20 años de diferencia como prueba de que los cambios de su rostro son fruto solo del envejecimiento, Beckinsale negó de forma rotunda haberse sometido a ningún tratamiento: “He llegado al extremo de pedirle a un cirujano plástico que afirme categóricamente que no lo he hecho y, pese a eso, cada vez que publico algo aparece un coro que dice: ‘Dios mío, estás irreconocible’, ‘plástico’, ‘ya no pareces tú misma’… Sucede todo el tiempo y suelen ser mujeres quienes lo hacen”.

A sus 50 años, la británica es la última de una larga lista de estrellas de Hollywood que han denunciado la ridiculización y el escarnio sufrido por la demanda popular de dictar cómo y cuándo deben envejecer los físicos que nos deslumbraron en la gran pantalla. Ahí están los casos de Renée Zellweger, que tildó de “humillación internacional” el debate respecto a las supuestas intervenciones quirúrgicas que habrían cambiado su rostro obligándola a publicar un comunicado en su defensa, o las elucubraciones sobre los pómulos marcados de Demi Moore, que llevó su debut como modelo en un desfile de Fendi en 2021 a los telediarios generalistas y generó titulares como “Demi No Moore” (un juego de palabras fonético con su apellido y que en podríamos traducir como “Demi no más”). 24 horas después, sin embargo, colgaba una foto en la que su rostro exhibía su aspecto ‘usual’. En Instagram, la cuenta @celebface, dedicada a revelar y detallar al mundo los supuestos retoques y cambios estéticos de los famosos, supera el millón de seguidores. El 99% de las figuras analizadas son mujeres, claro.

“El odio y los comentarios despectivos hacia el físico de las mujeres son sintomáticos de una cultura profundamente arraigada en el sexismo y los estándares de belleza irreales. “Ellas son juzgadas con una lupa implacable en comparación con los hombres, y cualquier cambio en su apariencia, ya sea natural o resultado de retoques estéticos, es objeto de escrutinio y crítica desmedida”, explica a S Moda Ixi Ávila, coach de inteligencia emocional, subrayando cómo esta discriminación edadista y física perpetúa estereotipos dañinos al mismo tiempo que deteriora la autoestima y el bienestar emocional de las mujeres.

La experta, que acostumbra a recibir en su consulta a renombrados artistas del cine o la música, confirma que el miedo a la crítica por la apariencia física no es individual sino sistémico y especialmente dañino en adolescentes. “Ellos son muy conscientes de la existencia de haters ya sea de forma directa o indirecta”, concede. “En mis sesiones con actrices jóvenes ha pasado más de una vez que se planteen hacerse retoques estéticos con veintipocos años. Que no se sientan bien cuando se comparan con el filtro que suelen utilizar en Instagram y que busquen esconder todo lo que sale del canon de belleza instaurado. Un ejemplo de un caso concreto es cuando sienten nervios a la hora de ir a un casting: no tanto por el casting en sí, sino porque el miedo a que las vean al natural, sin el filtro puesto o con menos maquillaje de lo que se ponen normalmente porque el personaje lo requiere”

En su alegato, la propia Kate Beckinsale desvela por primera vez que, pese a las acusaciones de temer el paso de los años, envejecer es algo que aprecia profundamente ya que convive con el trauma desde la infancia. A los cinco años de edad se encontró a su padre recién fallecido a causa de un ataque al corazón y pasó “paralizada por una ansiedad severa y diferentes ataques de pánico” la mayor parte de su adolescencia y los primeros años de su edad adulta. “El hecho de ser acosada por la suposición de que no puedo lidiar con la idea de envejecer es profundamente irónico cuando el terror que me consumía entonces era el de no sobrevivir a la veintena”, añade la londinense en una publicación que acabó borrando de su perfil a los pocos días sin más explicación.

Adriana Lima en un estreno de cine el pasado en noviembre de 2023.
Adriana Lima en un estreno de cine el pasado en noviembre de 2023.Frazer Harrison (Getty Images)

En palabras de Ángel Rull, psicólogo experto en perspectiva de género, la vergüenza y la culpa son las dos heridas principales que provoca el hate digital en aquellos que lo reciben: “La vergüenza aparece como un mecanismo que nos señala que hay algo malo en nosotros y que, por tanto, merecemos lo que está pasando. Y la culpa es el mecanismo regulador y controlador; si esto es culpa mía, puedo cambiarlo y así no volverá a suceder”. En sus terapias buscan reenfocar y colocar bien las responsabilidades: “Lo que me ocurre no es mi responsabilidad, ni hay nada malo en mí ni debo cambiar nada. El problema es externo y, por tanto, ajeno a mí, a mi identidad o a la imagen que yo doy”. Sin embargo, el pensamiento heteronormativo que domina la sociedad actual hace muy difícil para cualquier mujer, estrella internacional o no, salirse de ese juicio paralelo en el que, según el especialista, todos participamos. “El cuerpo de la mujer se exige como un elemento de disfrute para el hombre, por lo que tiene que ser perfecto. Pero siempre desde el mecanismo de manipulación del sistema, que sea bonito pero no tanto, que sea sugerente pero no tanto, que no envejezca pero que no se note el retoque estético. Eso lleva a un equilibrio imposible de cumplir”.

Este mismo año, la actriz Erin Moriarty (The Boys) y la top model Adriana Lima también se vieron obligadas a salir a la palestra y desmentir haber pasado por el quirófano. “Esta es la cara de una madre cansada de un hijo adolescente, dos preadolescentes, un niño muy activo, otro de un año que está aprendiendo a andar y tres perros… gracias por vuestra preocupación”, replicaba quien fuera ángel de Victoria’s Secret. Contestar a los odiadores, desaparecer durante un tiempo de las redes, borrar los perfiles para siempre… Cada celebrity tiene su librillo para lidiar con la ira digital, aunque, en el caso de Kate, los expertos coinciden a la hora de alabar su gesto. “Redactar un post reivindicativo como ha hecho Kate es algo necesario que puede ayudar tanto a personas sufriendo el mismo tipo de abuso en mayor o menor escala como a promover un cambio social, al invitarnos a reflexionar y a transformar lo que es socialmente aceptable en el entorno digital”, manifiesta Ávila. “Su reacción me parece fundamental”, corrobora Rull, “porque está usando la voz que le brinda ser una figura mediática para dar voz a las personas que no la tienen, a los que callan y a los que tienen miedo. Es primordial que usemos nuestra voz para denunciar y para señalar al verdadero culpable de todo esto, que nunca seré yo, ni mi identidad ni mi cuerpo”. Y concluye: “La evolución pasará no por seguir poniendo el foco en la mujer o en su cuerpo, sino en las figuras que usan, abusan o maltratan esos cuerpos. Ahí acabará todo el debate”.


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