_
_
_
_
Cigarrillo electrónico
Tribuna
Artículos estrictamente de opinión que responden al estilo propio del autor. Estos textos de opinión han de basarse en datos verificados y ser respetuosos con las personas aunque se critiquen sus actos. Todas las tribunas de opinión de personas ajenas a la Redacción de EL PAÍS llevarán, tras la última línea, un pie de autor —por conocido que éste sea— donde se indique el cargo, título, militancia política (en su caso) u ocupación principal, o la que esté o estuvo relacionada con el tema abordado

¡El váper, tío! El nuevo ‘su tabaco, gracias’

Una vez más, la multimillonaria industria internacional del tabaco está rompiendo el marco de control, publicidad y venta de sus productos, para enganchar a los más jóvenes

Vapeadores
Uno de los discursos que más ha calado de la industria del vapeo y el cigarrillo electrónico es que estos dispositivos están pensados para dejar el tabaco.Ricardo Rubio Europa Press (Europa Press via Getty Images)
Manuel Franco

Sábado por la tarde y un grupo de adolescentes de entre trece y quince años salen a dar una vuelta por el barrio. Llevan una media de seis euros cada uno. El paseo incluye calles concurridas, un par de parques y una tienda donde comprar patatas fritas, snacks, bebidas azucaradas y “¡El váper, tío! ¡Que no se te olvide el váper!” Desde hace meses la lista de esa compra incluye vapeadores de sandía, de melón, de lima limón… Su precio va de 5 a 10 euros y se pueden compartir. Si preguntas bien en esas tiendas, yo lo he hecho, los puedes comprar también con nicotina.

La industria del tabaco lleva mucho tiempo cambiando su estrategia de venta de productos derivados del tabaco hacia el amplísimo y creciente campo de negocio que son los vapeadores y cigarrillos electrónicos. Y la multinacional industria del tabaco siempre ha tenido como objetivo enganchar al consumo de sus productos a la población adolescente. Es esa edad a la que empezamos a fumar casi todos.

En Europa los vapeadores y cigarrillos electrónicos son, en la actualidad, la puerta al consumo continuado de productos derivados del tabaco. La realidad es que tenemos esos productos disponibles y anunciados en nuestras calles, en nuestras tiendas e incluso dentro de bares, pubs y discotecas. Una vez más, la multimillonaria industria internacional del tabaco está rompiendo el marco de control, publicidad y venta de sus productos poniendo el foco en los más jóvenes.

Y al mundo de nuestras calles, tiendas, restaurantes, festivales y discotecas hay que sumarle el mundo de internet y su influencia sobre todos nosotros y específicamente los más jóvenes. Según datos de la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC) encuestando a 1.730 personas entre 16 y 21 años, nueve de cada diez jóvenes españoles han estado expuestos en el último mes al tabaco o a las nuevas formas de consumo (vapeo, tabaco calentado…) a través de las redes sociales y de plataformas de vídeo bajo demanda. Esto es lo que ya se denomina humo digital.

Entre los influencers más importantes del mundo adolescente en TikTok, Instagram o YouTube no hay mucho disimulo en la estrategia de fomentar estos productos. Y por supuesto cobran mucho dinero de compañías de vapeo como Blu, filial de Imperial Tobacco. Para los lectores mayores, conviene recordar que Imperial Tobacco es la misma compañía que vende Winston o Fortuna, entre otras muchas marcas de cigarrillos. Cuando comprábamos esos paquetes en la máquina de un bar o restaurante, la máquina nos respondía con un educado y satisfactorio: “Su tabaco, gracias”. Hoy los adolescentes compran su vapeador en una máquina expendedora en la calle, junto con una chocolatina.

La última Encuesta sobre uso de drogas en enseñanzas secundarias en España (Estudes), publicada en 2022, indica que el 44% de los adolescentes de entre 14 y 18 años había probado los cigarrillos electrónicos, lo que supone más del doble que en 2016. La mayoría de los estudiantes que vapean se decantan por cartuchos sin nicotina (60,7%), el 14,9% prefieren los que sí llevan, y el 24,4% utiliza de los dos tipos.

Uno de los discursos que más ha calado de la industria del vapeo y el cigarrillo electrónico (que en la mayoría de los casos es directa, o indirectamente, la misma industria tabaquera) es que estos dispositivos están pensados para cambiar los hábitos de aquellas personas que fuman, incluso para ayudar a dejarlo, y no para atraer a nuevos adeptos. IQOS es la línea de productos del tabaco “calentado, no quemado” de Philip Morris International (que comercializa Marlboro). Un estudio de marketing de la Universidad de Stanford concluyó que IQOS claramente lleva asociada la idea “I Quit Ordinary Smoking”.

Es la denominada estrategia de reducción del daño. Como decía en una reciente entrevista el reconocido investigador sobre tabaquismo Esteve Fernández: “Hay un consenso a nivel científico sobre que la reducción de daños no es una estrategia deseable ni efectiva frente a una adicción que afecta a millones de personas.”

La última Conferencia Europea de Tabaco o Salud se celebró el pasado mes de abril en Madrid y su declaración, presentada en la inauguración por la Reina Leticia, incluye puntos tan relevantes como: eliminar toda forma de publicidad y promoción de productos de tabaco y nicotina en plataformas audiovisuales y redes sociales; crear nuevas regulaciones destinadas a proteger a niños y adolescentes de la exposición a los efectos nocivos del tabaco y sus productos relacionados; abordar los determinantes sociales del consumo de productos de tabaco por parte de poblaciones vulnerables; y promover la investigación e innovación independientes en la prevención y control del tabaco.

Es muy importante conocer la investigación sobre la epidemia de tabaquismo, sus consecuencias y sus determinantes que empezó en 1950, cuando en ese año se publicó el primer estudio que asociaba el tabaquismo con el cáncer. El tabaquismo es una epidemia que sigue patrones de género y nivel económico clarísimos, donde el contexto social es muy importante para lograr cambios de comportamiento y el control final del tabaquismo. En un estudio que incluía los datos de tabaquismo en España desde 1960 a 2010 analizamos y explicamos cómo en España el nivel socioeconómico y su interseccionalidad con el género explican la epidemia de tabaquismo.

60 años de una epidemia global

La investigación sobre dónde, cuando, quién y por qué fumamos es fundamental para desarrollar las políticas de control del tabaquismo más eficaces. En Madrid, nuestro grupo de investigación en salud urbana tiene una gran experiencia estudiando las relaciones entre el tabaquismo y los diferentes ambientes urbanos y para ello hemos utilizado diferentes enfoques metodológicos y teóricos de las áreas de la geografía, la sociología y la epidemiología urbanas. Aquí un par de ejemplos:

En diferentes barrios de Madrid medimos la exposición al humo del tabaco en terrazas de restaurantes y bares y encontramos que las terrazas al aire libre son lugares donde los no fumadores, tanto empleados como clientes, continúan expuestos al tabaquismo pasivo. Esta situación es uno de los puntos principales que siguen sin regularse en España.

Otro análisis geoespacial interesante fue sobre las colillas, una de las formas de basura más comunes en el mundo y que causan graves daños ambientales. El análisis de la distribución espacial de las colillas de cigarrillos en el entorno urbano es necesario para reducir esta forma de contaminante ambiental. Finalmente, usamos un diseño cualitativo de salud urbana para analizar la percepción de las leyes sobre espacios libres de humo en diferentes barrios de Madrid y encontramos resultados muy interesantes sobre estigmatización y percepción del tabaquismo.

El tabaquismo sigue siendo hoy en día una de las principales causas de enfermedad y muerte en nuestros países y, por tanto, conocer la realidad actual con respecto a la venta y consumo de los productos derivados del tabaco es clave para actuar al respecto. Por eso es fundamental volver al caladero de la industria donde reclutan población fumadora; la adolescencia.

¿Son los adolescentes población vulnerable? Estamos, nuevamente, en un momento en el que los adolescentes son el objetivo de la industria tabaquera, que se dirige a ellos de manera sofisticada y malvada. Presenta los vapeadores y los cigarrillos electrónicos como una herramienta para ayudar a las personas a dejar de fumar; pero obviamente, esto nunca puede ser el caso en niños y adolescentes que no habían comenzado a fumar. Por otro lado, niños y adolescentes no perciben los vapeadores ni los cigarrillos electrónicos como un producto adictivo que ponga en riesgo su salud; de hecho, se compran junto a las golosinas y chocolatinas.

Niños, niñas, adolescentes y todas las personas que componemos nuestras sociedades tenemos derecho a vivir en un ambiente libre de tabaco. Todos tenemos el deber ético y la responsabilidad de garantizar un futuro seguro, libre de esta epidemia que conocemos tan bien.

La industria se reinventa. Ha roto el tablero y no nos queda más remedio que seguir protegiendo la salud de nuestras poblaciones, sobre todo la de los más vulnerables. Para ello necesitamos la mejor investigación y evidencia posibles, que nos ayuden a regular y controlar, una vez más, esta epidemia que lleva con nosotros más de 60 años.

La salud va por barrios es una sección que explica en tono sencillo y amable los conceptos y avances de la investigación en Salud Urbana, un área de la Salud Pública necesariamente interdisciplinar. La investigación en Salud Urbana tiene como objetivo mejorar nuestras ciudades para mejorar la salud de los millones de personas que habitamos las complejas y desiguales ciudades que hoy caracterizan la vida en nuestro planeta.

Puedes seguir a EL PAÍS Salud y Bienestar en Facebook, Twitter e Instagram.

Sobre la firma

Manuel Franco
Es profesor e investigador en Epidemiología y Salud Pública en las universidades de Alcalá, España y Johns Hopkins en Baltimore, EE.UU. Sus proyectos de investigación se centran en la Salud Urbana y la Epidemiología Social.

Más información

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_