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IU llega al 8-M sin el Partido Feminista, expulsado por sus posiciones sobre las personas transgénero

La formación de Lidia Falcón criticó las "consecuencias nefastas" de las leyes que protegen al colectivo

Izquierda Unida
El coordinador general de Izquierda Unida y ministro de Consumo, Alberto Garzón, durante una rueda de prensa.

El Partido Feminista de España (PFE) e Izquierda Unida (IU) no llegarán juntos al 8 de marzo. A solo dos semanas del Día Internacional de la Mujer, la dirección federal de IU ha expulsado a la histórica formación liderada por Lidia Falcón por discrepancias sobre cómo regular los derechos de las personas transgénero. La decisión pone de manifiesto las diferentes sensibilidades que conviven dentro del movimiento feminista y de la izquierda, y ha generado diversos llamamientos a favor de la unidad del colectivo. La ministra de Igualdad, Irene Montero, evitó este lunes pronunciarse sobre la situación interna de la coalición encabezada por Alberto Garzón, pese a que ambos forman parte de Unidas Podemos: “El movimiento feminista es diverso”.

La polémica viene de lejos, pero explotó el pasado diciembre, después de que el Partido Feminista emitiese un comunicado en el que rechazaba las “consecuencias nefastas” de permitir que los menores transgénero accedan a tratamientos y operaciones para cambiar de sexo, o que los adultos lo hagan sin la consulta previa de un psicólogo. Según la formación, estas medidas, que ya se recogen en algunas normativas autonómicas y previsiblemente formarán parte de la ley trans contemplada en el acuerdo de Gobierno entre el PSOE y Unidas Podemos, “están organizadas por el lobby gay y sus acólitos”. Falcón, que se define como marxista y participó fugazmente en la fundación de Izquierda Unida en 1986, defiende su postura con vehemencia: “La verdad es la verdad, la diga Agamenón o su porquero”, asevera a sus 84 años.

Pero en Izquierda Unida las posiciones de la histórica líder feminista están en minoría. Después del comunicado de diciembre, la coalición desautorizó a Falcón e inició un proceso interno para fijar una posición sobre los derechos del colectivo transgénero, que se saldó el 11 de enero con la aprobación de un documento muy alejado de las tesis del PFE, al que se le abrió un expediente. El pasado sábado, la dirección acordó con un 85% de los votos la expulsión del Partido Feminista, tras cinco años integrado en IU. Fuentes de la coalición rechazaron dar explicaciones a EL PAÍS, y se remiten a las conclusiones del expediente, en el que se justifica la medida contra el PFE por “comunicar públicamente posiciones contrarias a lo aprobado en los órganos de IU”. Falcón denuncia una “causa general” contra su grupo, recurrirá la decisión ante la comisión de garantías y, si no escucha, irá a la justicia ordinaria. “Izquierda Unida está en un proceso de autodestrucción”, se lamenta.

La expulsión resuelve el enfrentamiento entre el Área de Libertad de Expresión Afectivo-Sexual de IU y el PFE, que luchaban desde 2015 por liderar la posición de la coalición sobre los derechos de las mujeres y del colectivo LGTBI. Pero la batalla interna esconde un debate mucho más profundo en el seno del feminismo. Por un lado, las posturas favorables a las minorías sexuales, en línea con el discurso oficial de la coalición gubernamental y de la izquierda. Y por otro, las que, como el Partido Feminista, ven con suspicacia el movimiento LGTBI y consideran que sus reclamaciones, especialmente las de las personas transgénero, pueden hacer daño a las mujeres. “Han desaparecido las categorías de mujer y hombre. Y si no hay mujeres, el movimiento feminista no es necesario”, denuncia Falcón, que aprecia en la derrota de sus posiciones la antesala para aprobar la regulación de la prostitución o los vientres de alquiler.

Carmen García de Melo, transexual y presidenta de Cogam —una de las asociaciones más antiguas del colectivo LGTBI— califica de “extremista” el parecer de Falcón, pero evita pronunciarse sobre la decisión de IU: “No podemos buscarnos enemigos entre nosotras”.

A solo dos semanas para el 8 de marzo, a casi nadie le interesa reavivar una polémica que amenaza la cohesión del movimiento feminista. El Gobierno ha lanzado un mensaje de unidad a través de la ministra de Igualdad, Irene Montero: “Defiendo la inquebrantable alianza feminista, que nunca ha dejado de luchar unida contra la discriminación”. Sin embargo, Falcón ha recibido el apoyo de diversas asociaciones que defienden la abolición de la prostitución, así como de la directora de Igualdad del Principado de Asturias. Y, 45 años después de fundar el Partido Feminista, está dispuesta a luchar hasta el final: “Nosotros tenemos todo el derecho de estar en Izquierda Unida”. Los derechos del colectivo LGTBI se lo han impedido.

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