Selecciona Edición
Selecciona Edición
Tamaño letra

El invierno se olvida de la nieve en España

En ciudades como Valencia y Sevilla hace 60 años que no nieva y en otras, donde solía hacerlo mucho, las nevadas han caído un 13% en una década

Una familia hace un muñeco de nieve en una azotea de Sevilla durante la última gran nevada, en febrero de 1954.
Una familia hace un muñeco de nieve en una azotea de Sevilla durante la última gran nevada, en febrero de 1954.

Julio Marvizón aún puede sentir el frío de aquella noche 66 años después. "Tenía 10. Había salido de casa solo con una gabardina y volví helado. Ya estábamos acostados cuando oí un coche patinar por mi calle. Me levanté y estaba todo nevado. Mi madre, mi hermana y yo nos subimos a la azotea, en zapatillas y con el abrigo sobre el pijama, a hacer un muñeco de nieve. Mi padre se quedó acostado: 'Estáis todos locos, os vais a coger una pulmonía". Era el 2 de febrero de 1954, la última nevada sobre Sevilla. Once años después, Marvizón sacó el número uno en las oposiciones a Meteorología.

Igual que en Sevilla, en otras muchas capitales españolas hace 60 años o más que no nieva, y la frecuencia de las nevadas ha disminuido en puntos donde solía hacerlo, constata la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet). “No tenemos un estudio histórico como el de las olas de frío y de calor”, se lamenta Rubén del Campo, portavoz de la Aemet, que pone como ejemplo de esta tendencia tres puntos en los que ha caído el número de días de nieve —en los que caen copos, cuaje o no— de la década de los setenta a la actual (2011-2019). En Navacerrada, la bajada ha sido del 21%: de 95 días a 75. En Madrid, donde siempre ha nevado poco, ahora nieva “un poco menos”: de cinco días a tan solo tres. En Burgos, la capital con las nevadas más intensas y la segunda donde más lo hace tras Soria, nieva un 13% menos. “Las nevadas disminuyen donde solía nevar y son del todo excepcionales donde antes eran raras”, concluye. Una de las zonas donde menos nieva de Europa es la costa sureste peninsular. Según un estudio de la Universidad de Alicante, lo hacía más de los años treinta a los sesenta, con una “clara disminución desde los setenta”.

La última vez que nevó en Valencia fue el 11 de enero de 1960. “Hubo nevadas históricas en 1885, 1914, 1946, 1954 y 1960, pero desde entonces solo han caído algunos copos en la ciudad y, en la provincia, solo en La Marina en 1987”, puntualiza José Ángel Núñez Mora, José Ángel Núñez Mora, jefe de Climatología de Aemet en la Comunidad Valenciana. La mayor nevada del siglo XX en Alicante, la nevá grossa, es de diciembre de 1926. En la costa, la última data de enero de 2017, cuando nevó en Denia, Jávea y Torrevieja. En Huelva y Málaga, la última nevada fue también en febrero de 1954. En Sevilla, cayó aguanieve en el invierno de 2010 y en Málaga, la nieve se quedó a las puertas de la ciudad en enero de 2005, pero “le faltaron unos grados” para llegar. Sí lo hizo en la costa de Murcia, de Almería y en Melilla.

El Templo de Debod, tras la nevada caída el 29 de diciembre de 1970 en Madrid.
El Templo de Debod, tras la nevada caída el 29 de diciembre de 1970 en Madrid.

¿Por qué la nieve se está olvidando del invierno? “Porque las temperaturas van al alza”, contesta Del Campo. "Y eso que, con el calentamiento global, el invierno no sale tan mal parado como el verano en el sur de Europa". En los setenta, la temperatura media de los inviernos era de 7,5ºC, en esta década, de 8,1ºC. "Ha subido un poco más de medio grado, pero en verano, casi tres veces más", precisa. Otro factor es el efecto isla de calor de las grandes ciudades, un calentamiento artificial que puede añadir más del 10% a su temperatura media anual.

También por el calentamiento global, la cota ha subido en promedio algo más de 100 metros en España en los últimos 40 años, según la Aemet, lo que, junto con el aumento de la temperatura, hace que el fenómeno sea cada vez menos frecuente en el litoral y en zonas llanas. “Aumentan las masas de aire más cálidas, lo que implica un aumento de la cota, aunque aire más cálido supone también una mayor humedad. Puede darse la paradoja de que, en lugares por encima de la cota, cuando se producen nevadas puedan ser más intensas, aunque también más espaciadas”, detalla Núñez. Ocurrió así con las nevadas de 86 centímetros en Vilafranca y de medio metro en Morella, ambas en Castellón, el pasado enero por culpa de la borrasca Gloria.

Vista de la ciudad de Valencia bajo un palmo de nieve en 1885.
Vista de la ciudad de Valencia bajo un palmo de nieve en 1885. Museo Sorolla, nº inv. 84014

Salvo los días de Gloria, ¿este año ha habido invierno? "Diciembre fue muy cálido, con casi dos grados por encima de la media; enero, cálido, con medio grado de más; y febrero ha roto todos los esquemas: va a terminar con alrededor de 3ºC de más", resume Del Campo, lo que lo convertirá en uno de los inviernos más cálidos desde que hay registros. Inviernos de verdad, como los que se registraban de los cincuenta a los setenta, ya no hay: los días de ola de frío han caído un 25% desde los ochenta. Así, es difícil que se supere el récord de temperatura mínima en zona poblada, -30ºC en diciembre de 1963. En este pueblo de Teruel, esta estación no se ha bajado de -8,3ºC. La mínima de toda España está en -10,8 ºC en Sigüenza (Guadalajara).

Se adhiere a los criterios de The Trust Project Más información >

Debido a las excepcionales circunstancias, EL PAÍS está ofreciendo gratuitamente todos sus contenidos digitales. La información relativa al coronavirus seguirá en abierto mientras persista la gravedad de la crisis. Decenas de periodistas trabajan sin descanso para llevarte la cobertura más rigurosa y cumplir con su misión de servicio público

Si quieres apoyar nuestro periodismo puedes hacerlo aquí por 1 euro el primer mes (a partir de junio 10 euros).

Suscríbete a los hechos.

Suscríbete

Más información