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Interior busca a una mujer para dirigir la Guardia Civil

El ministro Fernando Grande-Marlaska opta por montar un equipo a su medida con personas "de su máxima confianza"

Fernando Grande-Marlaska,  tras tomar posesión por segunda vez de su cargo como ministro del Interior.
Fernando Grande-Marlaska, tras tomar posesión por segunda vez de su cargo como ministro del Interior. Europa Press

El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, busca una mujer para dirigir la Guardia Civil, según fuentes de su entorno. Sería la primera en ostentar ese cargo, que hasta el martes ocupaba el magistrado Félix Azón, cesado junto a la secretaria de Estado de Seguridad, Ana Botella, y a la directora de comunicación del ministerio, Mar Hedo. De momento, solo hay relevo en la secretaría de Estado, que ocupará su (hasta ahora) jefe de gabinete y juez, Rafael Ruiz. Marlaska se afana ahora en encontrar a esa mujer que represente al Instituto Armado.

“Poner a una mujer al frente de la Guardia Civil fue su idea original cuando llegó al ministerio hace un año y medio”, señalan fuentes de su entorno próximo. Sin embargo, aclaran las mimas fuentes, “no pudo llevarlo a cabo porque tuvo que aceptar al candidato de Margarita Robles, Félix Azón, después de que ella asumiera el Ministerio de Defensa”. No obstante, otras fuentes señalan también que Marlaska conocía a Azón desde hace años, y que éste le apoyó (entre otros vocales) para que fuese presidente de la sala de lo Penal de la Audiencia Nacional. En todo caso, el puesto de director de la Guardia Civil se nombra a propuesta conjunta y consensuada de los dos ministerios, Interior y Defensa.

Pero el reafirmado ministro Marlaska ha pasado a la acción para conformar un ministerio a su medida y “con gente de su total confianza”, aseguran en su entorno. El primer nombre que ha sonado para dirigir el Instituto Armado es también el de una magistrada, Carmen Rodríguez Medel, instructora del procedimiento del Máster de Pablo Casado, presidente del PP. Sin embargo, este miércoles no terminó de prosperar esa propuesta. Mientras seguían las cábalas sobre otras posibles candidatas de la judicatura, las especulaciones se trasladaron al Congreso, “alguien con un perfil más político, quizá”, auguraban dentro del cuerpo, y otro nombre corría en forma de WhatsApp: el de la diputada por Zaragoza Susana Sumelzo, “muy cercana a Pedro Sánchez”, argumentaban. Al final de la jornada, no había nada concreto, salvo que “para el Consejo de Ministros extraordinario de este viernes debe resolverse”, apuntaban en fuentes ministeriales.

Han sido tres ceses de una tacada: el de la secretaria de Estado de Seguridad, la diputada socialista valenciana Ana Botella; el del director de la Guardia Civil, el magistrado Félix Azón; y el de su directora de Comunicación, Mar Hedo. Y un nombramiento, aún por oficializar, el de su jefe de Gabinete y compañero, Rafael Ruiz, como nuevo Secretario de Estado. Son los primeros movimientos en un ministerio siempre convulso y que refleja muchas de las tensiones de la política española.

Marlaska parece haberse propuesto, ahora sí, hacer su equipo. “Hombre hermético y de afinidades”, según quienes le conocen cuando se pregunta por los reemplazos para las vacantes. La salida de Ana Botella, una mujer “impuesta” por el partido cuando Marlaska fue nombrado ministro y con quien “nunca llegó a entenderse del todo”, según fuentes del entorno ministerial, supone también la salida del perfil más político de ese ministerio. Ni Marlaska ni Ruiz son políticos.

Marlaska se ha librado este año y medio de grandes escándalos, pero ha rozado algunos abismos. La gestión del conflicto en Cataluña fue muy criticada internamente por los dos cuerpos de seguridad del Estado, en aquellos días en los que los desórdenes públicos y los altercados violentos se apoderaban de las calles de Barcelona. Su gestión del asunto fue salvada gracias a la coordinación entre policías y Mossos d’Esquadra. La imagen de los dos cuerpos cargando juntos contra los violentos, frente a las recordadas de la jornada del referéndum ilegal del 1 de Octubre de 2017, sirvieron para amortiguar la crisis catalana, en pleno apogeo tras conocerse la sentencia del procés.

Es posible que el hecho de que el director de la Policía Nacional, Francisco Pardo Piqueras —un hombre del equipo del socialista José Bono de toda la vida—, se instalara prácticamente en Cataluña durante aquellos críticos días, haya servido para revalidarle (al menos de momento) en el puesto. Al margen de que el propio Bono acudiese a la última toma de posesión del ministro Marlaska.

En el caso de Félix Azón, el cese “estaba cantado”, según señalan fuentes del entorno ministerial. La Guardia Civil ha sido el cuerpo que más quebraderos de cabeza le ha dado a Grande-Marlaska durante esta corta legislatura. Primero fue el cese del coronel Manuel Sánchez Corbí como responsable de la Unidad Central Operativa (UCO), tras un correo en el que ponía en evidencia la escasez de medios de los Fondos Reservados con los que contaba para sus investigaciones. Después la operación contra los CDR, de la que Marlaska se enteró a posteriori y que elogió también a posteriori, previa reprimenda a algunos mandos de ese cuerpo. El resultado, de “una operación extraordinaria y profesional“ (como la calificó), ha sido que todos los detenidos han quedado en libertad bajo fianza.

Después vinieron las desavenencias con el general de la guardia civil de Cataluña, Pedro Garrido, por un discurso que ofendió a los Mossos, que abandonaron el acto de la patrona del cuerpo. Y ahora el follón por quitarle a la Guardia Civil las competencias de Tráfico en Navarra. Ni Azón ni Botella —responsable de la coordinación entre cuerpos— consiguieron aplacar el malestar con el ministerio en un cuerpo, que históricamente se siente agraviado con respecto a la Policía Nacional. Más aún, después de que Botella nombrase como jefe del Gabinete de Estudios a un Policía, el comisario José Antonio Rodriguez. Con ese nombramiento, un policía ligado históricamente al PSOE ocupaba un puesto que hasta entonces solía corresponderle a la Guardia Civil. “A cambio”, señalan fuentes ministeriales, nombraron como jefe del Centro de Inteligencia contra el Terrorismo y el Crimen Organizado (CITCO) a un guardia civil, al general Ángel Alonso Miranda. Ambos siguen de momento en sus respectivos puestos.

El equipo de comunicación, pieza clave en todos los ministerios, queda descabezado y a la espera también de un nombramiento. Mar Hedo, con amplia experiencia en el ámbito tras ser también durante años jefa de prensa de Instituciones Penitenciarias, era hasta ahora una de las personas de confianza de Fernando Grande-Marlaska, al menos de cara a la galería. Su cese sí ha sido una sorpresa en el entorno del ministro. La situación de parálisis que ha afectado al primer Gobierno de Sánchez también ha hecho mella en Interior, con escasas convocatorias y presentaciones en los últimos tiempos, más allá del repetido anuncio de la retirada de las concertinas (que no termina de producirse) y de la insistencia en la lucha contra la violencia de género y la igualdad de la mujer en el seno de las fuerzas y cuerpos de seguridad, que aún dista mucho de ser una realidad, sobre todo en lo que a puestos de mando.

Fuentes del entorno de Marlaska auguran que esta vez el ministro apostará para su nueva gestión “por gente de su máxima confianza para todos los nuevos puestos”.

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