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Verdades, mentiras, excusas y bloqueos de las investiduras de 2016

Portavoces del PP, PSOE y Podemos recuerdan sin tapujos el juego político que rodeó las sesiones fallidas para investir a Sánchez y Rajoy en 2016

Pablo Iglesias en su dura intervención contra el PSOE en el debate de investidura en marzo de 2016
Pablo Iglesias en su dura intervención contra el PSOE en el debate de investidura en marzo de 2016

Las relaciones políticas en España llevan años basadas en la desconfianza y esa rémora se ha cobrado ya varias víctimas. El volantazo de Pablo Iglesias del viernes puede permitir ahora finalmente un Gobierno de coalición entre el PSOE y Unidas Podemos. Pero esa solución no diluye el recelo casi congénito entre ambas formaciones, y en especial de los socialistas hacia las reclamaciones y jugadas in extremis de Iglesias.

"A mí ya me intentó engañar Iglesias como mínimo tres veces en aquellas investiduras de 2016 y claro, ahora no me fío nada", rememora Antonio Hernando, ya retirado de la política activa y entonces portavoz del PSOE en el Congreso y mano derecha de Pedro Sánchez. Antonio Hernando, entre la primavera de 2016 y el final de aquel verano, fue el encomendado de negociar dos intentos de investidura a la desesperada de Pedro Sánchez y Mariano Rajoy, así como los frustrados pactos del abrazo y el beso, el primero del PSOE con un Ciudadanos más humilde que el actual, y el segundo con un Podemos en la cresta de la ola.

Las elecciones generales del 20 de diciembre de 2015 acabaron con la mayoría absoluta del primer mandato de Rajoy, sepultaron el bipartidismo al dejar al PSOE en 90 escaños y proyectaron a las nuevas marcas, Podemos y Ciudadanos, con 69 y 40 actas, respectivamente. Rajoy declinó por sorpresa y de forma inédita en España proponerse candidato ante el Rey, y Sánchez se lanzó a la arena en una segunda ronda de contactos.

El 24 de febrero de 2016, Sánchez y Rivera firmaron el pacto del abrazo con 150 puntos comunes para un programa de gobierno, y el PSOE relegó los contactos con Podemos. Entre el 1 y el 4 de marzo se organizó el debate de investidura, que Sánchez perdió (131 votos del PSOE, Cs y Coalición Canaria frente a 219 en contra). Aquellas sesiones se recuerdan por la dura intervención inicial de Iglesias achacándole a Sánchez la herencia de "la cal viva" de la época de presidente de Felipe González y ofreciéndole horas más tarde el pacto del beso, tras propinarle un ósculo en los labios a su socio de Ahora en Comú Podem, Xavier Domenech, como ejemplo de unión "atrevida" que podría indagarse a "la valenciana" entre los socialistas y todo tipo de confluencias, con la abstención de los independentistas.

Sánchez, en su alegato final, pidió a todos los partidos que fueran responsables y facilitaran la "salida del bloqueo y el desgobierno institucional". Rajoy no le creyó y tachó la operación de "farsa, engaño y fraude".

Antonio Hernando ha reiniciado su vida fuera de las siglas y el Parlamento, pero tiene vívida la memoria de aquellas charlas en la sala Sert del Congreso: "Lo intentamos antes de la votación, pero Podemos dijo que no a su abstención, alegaban que era demasiado tarde y que ya habíamos cerrado un acuerdo con Ciudadanos. Era verdad, pero quisimos hablar con ellos para acordar un programa de Gobierno. Me senté incluso con Iglesias a un lado y José Manuel Villegas, de Ciudadanos, a otro para negociar y quedamos en seguir hablando. Iglesias se mostró incluso encantado de conocer a Rodolfo Ares. Salimos para dar ruedas de prensa. Pero al llegar a su despacho, Iglesias le dijo a Íñigo Errejón, que era el portavoz de Podemos, que me llamara para decirme que ellos no salían y no firmaban. Rompió deliberadamente".

Las suspicacias del PSOE contra Podemos se arrastraban desde el inicio de aquella legislatura. Sánchez tenía el nombre de Patxi López para presidir aquellas Cortes en las que se proyectaron imágenes tan novedosas como la de Carolina Bescansa con su bebé en el hemiciclo. Antonio Hernando no olvida tampoco que Bescansa, cofundadora de Podemos y ahora también en el olvido, se llegó a ver con el PNV y hasta con Francesc Homs, el delegado en el Congreso de la Convergència Democràtica de Catalunya de Artur Mas, para proponerse como alternativa para dirigir las Cortes. Fuentes parlamentarias rememoran que Homs, otro pragmático ahora en la abogacía, espetó: "¿Qué sacó yo de fastidiar así al PSOE?".

Domenech también está ya fuera de la contienda política y desde su plaza recuperada en la Universidad catalana compara el escenario actual con el de entonces y concluye: "La sensación que me queda de fondo es de melancolía de aquel bipartidismo imperfecto del PSOE y el PP con alianzas puntuales con PNV o CiU o de que pueda volver y eso solo lo resolverá la historia".

En la dirección actual de Podemos, y Domenech lo reafirma, destacan algunas diferencias sustanciales con aquel encallamiento que propició Iglesias: "El PSOE formalizó un pacto minoritario con Ciudadanos (130 escaños) en relación al actual con Podemos (165) y se pedía a Iglesias que nos abstuviéramos con Rivera de vicepresidente y eso no causaba ningún problema". Lo que Podemos y Domenech sí ven semejante es la amenaza ventajista de repetir elecciones: "Rajoy fracasó en dos investiduras y tras dos elecciones a punto estuvo de ir a las terceras y entonces se crujió al PSOE para que permitiera arrancar, lo que acabó con la dimisión de Sánchez. Ahora se intenta crujir a Podemos y Ciudadanos".

Rafael Hernando, en aquel momento portavoz del PP y ahora de retirada en el Senado, apunta como el culpable de todo lo que ocurrió en 2016 a Sánchez: "Lo peor fue la falta de voluntad del PSOE de llegar a un acuerdo para desmontar el sistema bipartidista dependiente de las bisagras nacionalistas y de aquel bloqueo al no aceptar un Gobierno de coalición con el PP vienen estos lodos". Y no ve más paralelismo.

Antonio Hernando, desde la amistad que le une desde entonces, replica a Rafael Hernando con una aritmética más favorable: "La diferencia con hace tres años es que ahora no hay alternativa al Gobierno de Pedro Sánchez y que 123 escaños pesan más ahora que entonces".

Rajoy se presentó a primeros de septiembre de 2016 para ser investido y recabó 170 votos (esta vez PP con Ciudadanos y CC) frente a los 180 del resto de los grupos. En su defensa adujo frente a Sánchez: "Permita al menos que en España se forme Gobierno y no bloquee". 

"Tienen manchado su pasado de cal viva, no son de fiar”

J. C., Madrid

De aquellas sesiones de investidura fallidas en la primavera y verano de 2016, que acabaron con Mariano Rajoy de presidente el 30 de octubre (170 votos a favor de PP, Ciudadanos, CC y la abstención de 68 diputados del PSOE y el no del resto de la Cámara) queda en la memoria, sobre todo en la de los socialistas, la durísima intervención de Pablo Iglesias aquel 2 de marzo contra la herencia recibida por Pedro Sánchez: “Son las siglas del partido de mi abuelo. Contó y cuenta con mujeres y hombres de gran valía con los que nos gustaría poder trabajar, pero su partido fue también el partido del crimen de Estado, tienen manchado su pasado de cal viva”. Le soltó en alusión a los GAL.

También le reprochó su alianza con Cs, reivindicó la política “como el arte de cambiar las cosas, no del engaño” y le exigió que rectificase el acuerdo y virase hacia ellos, pero con condiciones: “Ustedes solos no son de fiar, si quieren acuerdos, con garantías”. El socio de Iglesias en Cataluña, Xavier Domenech, portavoz entonces de Ahora en Comú Podem, argumentó a favor de un encaje del referéndum de autodeterminación para Cataluña, que fue y sigue siendo uno de los grandes escollos de Estado que diferencian a PSOE y Podemos. Domenech, tres años después, aún no entiende los reparos de Sánchez hacia las posibles diferencias de criterio con Iglesias sobre ese asunto y le parecen excusas: “Sánchez usa el conflicto catalán para poder configurar otro tipo de gobierno por otros motivos. Él ya sabía lo que opinaba Iglesias antes y después de las elecciones del 28 de abril. Y si ahora lo utiliza porque está pensando en la sentencia del Tribunal Supremo en otoño contra los líderes del procés para pedirle entonces el voto a PP y Ciudadanos es aún más grave”.

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