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Melilla se juega la elección en la periferia

La división de la derecha y el descalabro del PP el 28-A convierten en decisivos los barrios que concentran la población de origen rifeño

Vista del barrio Reina Regente de Melilla.
Vista del barrio Reina Regente de Melilla. EL PAÍS

Es sábado al mediodía en Melilla y el fuerte viento terrero de poniente mantiene a más gente en casa que cualquier otra jornada de mayo. De paseo por el perímetro del barrio de Reina Regente, en lo alto de una de las colinas hacia las que se aleja la ciudad, dos grupos de hombres charlan, por separado, postrados contra el pretil que da a la carretera. “Pues me parece muy bien que se presente al final, aunque yo no lo vote”, arranca Marzok, el Marcileño, parado de 61 años, “porque es musulmán como nosotros”.

El hombre se refiere a Mustafa Aberchán, líder de Coalición por Melilla (CpM), segundo partido con más votos en las elecciones municipales de 2015, por detrás del PP, y aglutinador de buena parte del electorado de origen rifeño y musulmán en la ciudad autónoma.

CpM es el único partido en Melilla con una mayoría de candidatos de origen rifeño. También es el único que ha hecho campaña en cherja, el dialecto tamazigh o bereber de la población rifeña melillense; el único cuyas siglas están escritas en dos alfabetos diferentes: el latino y el bereber. En la sede del partido, sin embargo, insisten en que no son una sigla apenas para los musulmanes. “Somos un partido para todos los melillenses”, enfatiza Dunia Almansuri Umpiérrez, diputada de CpM en la Asamblea local y candidata al Senado en las últimas generales, a las que CpM se presentaba por primera vez en solitario.

En los últimos comicios, la formación ha arrasado en el distrito quinto, formado por barrios depauperados que concentran a la población rifeña, con entre un 60% y un 80% de los votos. CpM se colocó como tercera formación al Congreso en su debut en solitario en unas generales.

El lunes, sin embargo, Melilla despertó conmocionada de la resaca electoral. Solo un día después de que el escrutinio colocase a CpM muy cerca de obtener el escaño al Congreso que acabó ganando el PP, la Junta Electoral de Zona resolvió no proclamar la candidatura del partido, con 22 años de historia en la política local y una breve experiencia en el Gobierno de la ciudad. La decisión apuntaba un error en la redacción de la lista lo suficientemente menor como para que el Juzgado de lo Contencioso-Administrativo resolviese en dos días dar la razón al partido y dejar que concurra a las municipales.

“Ha sido una traición”, comenta Marzok. La noticia corrió como la pólvora en los corrillos virtuales de WhatsApp y se mantiene en las conversaciones de bar. La versión oficial del partido culpa al PP del actual presidente local, Juan José Imbroda, de querer retirar a la competencia. Lo cierto es que, sin CpM, se desmorona la campaña de los populares, basada en el temor a una presunta “marroquinización” de Melilla y apuntalada en los últimos días por el miedo a que la división de la derecha, que le ha hecho perder más de 5.000 votos frente a Vox, coloque en la Presidencia a los cepemistas. “Muchos melillenses, incluso los que no votaron al PP, tuvieron la sensación de vértigo que da asomarse a un precipicio, que habría sido una victoria de CpM”, escribía en Twitter Daniel Conesa, actual vicepresidente, tras la jornada electoral del domingo.

Subiendo hacia la colina del arrabal desde el centro de la ciudad, el paisaje cambia. Las casas se apiñan, el tendido eléctrico se enmaraña y las aceras desaparecen. La estampa es heredera del crecimiento desordenado en unos antiguos terrenos militares cedidos por Franco para asentar a las familias rifeñas que combatieron en el bando nacional en los regimientos de Regulares. Al otro lado de la carretera, un cerco de alambre de espino, como si fuera una frontera, marca el límite del acuartelamiento.

El sentimiento de abandono explica la dinámica electoral en la zona. El distrito quinto, al que pertenece la barriada Reina Regente, es uno de los nichos abstencionistas de Melilla y, por tanto, donde se juega el partido por ganar nuevos votos. “Para qué voy a votar, si son todos unos mangantes”, clama Yusef, nombre ficticio de un jornalero de la construcción de 48 años. “Son todos iguales, nunca se han gastado un duro en este barrio, nos tienen como un barrio marginal”, añade.

“Vienen ofreciendo dinero y siempre se salen con la suya”

En el barrio Reina Regente, en el quinto distrito, el joven Nordin, que no quiere dar su nombre real, asegura que, a sus 25 años, aún no ha perdido la esperanza: “Voto para que cambie el Gobierno”. El Gobierno al que se refiere es el del presidente popular Juan José Imbroda, que lleva más de 19 años en el poder, y a quien CpM acusa de haber tendido una red clientelar que utiliza los Planes de Empleo de la Ciudad Autónoma y el voto por correo para ganar simpatizantes.

El joven hace referencia al último escándalo en el que se ha visto envuelto el PP, unos vídeos, obtenidos precisamente por CpM, que muestran al hijo de Imbroda urdiendo un trato para asegurar unos 300 votos por correo para el 28-A a cambio de empleos. “Aquí vienen ofreciendo dinero y siempre se salen con la suya”, denuncia Nordin, “a la gente que trabaja con Imbroda se la conoce”. Yusef, jornalero de la construcción de 48 años, secunda: “O te dan un trabajo o te dan 50 o 100 euros por persona, imagina una familia de ocho, es mucho dinero”.

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