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Los nuevos líderes exhiben su poder con el control total de las listas

Pedro Sánchez y Pablo Casado han acabado con cualquier atisbo de crítica interna en el PSOE y el PP con la renovación de las candidaturas

Pedro Sánchez, durante un acto sobre ciencia en La Moncloa. En vídeo, José Luis Ábalos, secretario de Organización del PSOE, valora las candidaturas.

No se ha librado casi nadie. El fin de semana ha vivido una exhibición de poder interno de la nueva generación de líderes, con Pedro Sánchez y Pablo Casado a la cabeza. Ambos han hecho las listas que han querido y han acabado con cualquier atisbo de crítica. En los partidos nuevos, como Ciudadanos o Podemos, la situación es similar. Incluso Carles Puigdemont desde Bruselas ha sido capaz de controlar sus listas. Dirigentes veteranos señalan que los nuevos líderes surgidos de primarias acumulan más poder que sus antecesores porque no tienen contrapesos.

El 29 de octubre de 2016 fue uno de los días más difíciles de la historia del PSOE. Un grupo de 83 diputados —eran 84 pero Pedro Sánchez dimitió ese mismo día— tenían que abstenerse para permitir que Mariano Rajoy fuera investido presidente. 68 cumplieron las órdenes de la dirección, y 15 rompieron la disciplina, 7 de ellos del PSC. De esos 68, después de este domingo, solo sobrevivirán en las listas para el próximo grupo socialista 22. Y entre ellos hay algunos fieles de Sánchez que se abstuvieron por disciplina de partido, como sus números dos y tres, Adriana Lastra y José Luis Ábalos. De los que se abstuvieron convencidos quedarán muy pocos. Por el contrario, de los 15 que apostaron por el “no”, esto es que se mantuvieron fieles al líder destituido, repetirán 12.

Unos números que demuestran hasta qué punto la elaboración de listas del PSOE se ha convertido en una especie de cierre de un círculo que empezó el 1 de octubre de ese año, cuando Sánchez fue destituido, y concluyó este domingo, cuando acabó definitivamente con cualquier resto de los que contribuyeron a echarle del partido y después apostaron por Susana Díaz.

Sin fecha para los debates

Pablo Casado y Albert Rivera reclamaron un cara a cara con Pedro Sánchez mientras el PSOE se niega “a ir a remolque de las estrategias de otros” a seis semanas de las elecciones del 28-A. “Casado tiene mucho interés en ser visualizado como alternativa”, cargó José Luis Ábalos. El líder del PP insistió en que lo “lógico” es un debate entre los dos partidos mayoritarios.

Algunos dirigentes veteranos aseguran que el poder se acumula cada vez de forma más clara en el líder, que Sánchez en el PSOE y Casado en el PP mandan más que ninguno de sus antecesores, incluidos los todopoderosos Felipe González o José María Aznar. Los socialistas recuerdan que incluso su expresidente sevillano tenía que enfrentarse a comités federales muy duros en los que estaba prohibido hablar a favor de la dirección y que a veces duraban dos días.

Después de una durísima pugna interna para la elaboración de listas, que ha dejado fuera a históricos como José Blanco —uno de los mentores de Sánchez, ex número dos del PSOE, pero que apostó por Susana Díaz en las últimas primarias— o Elena Valenciano y a otros de la nueva generación como Ignacio Urquizu, y ha mostrado el choque fortísimo con la expresidenta andaluza que ha dejado fuera a su hombre en el Congreso, Antonio Pradas, el domingo nadie habló en el comité federal socialista salvo el líder, una prueba más de ese poder absoluto.

En el PP, mucho más acostumbrado a este tipo de situaciones —en los últimos años nadie hablaba después de Rajoy en las reuniones de la cúpula— también están sorprendidos por la exhibición de poder de Casado, que no ha negociado con nadie la elaboración de las listas, ha laminado a casi todos los que estuvieron con Rajoy y ha colocado de cabezas de lista a quien ha querido sin contar con los dirigentes territoriales.

Casado incluso verbalizó este lunes el origen de este nuevo panorama político con líderes con un poder inédito: las primarias. Él es el primer presidente de este partido no elegido a dedo, sino a través de unas primarias indirectas. Y eso, pese a su aparente debilidad —Sánchez es presidente del Gobierno y su partido está en ascenso en las encuestas, pero Casado está en la oposición y todos los sondeos le auguran un importante desplome— le da la fuerza para imponerse sin miramientos.

Casado explicó que él fue elegido en primarias en un congreso “abierto a toda la militancia” y “con un programa muy claro”. “Por tanto, no solo me siento legitimado sino mayoritariamente respaldado y el único líder que ha tenido una convención para preparar las citas electorales”, remató. Preguntado por la purga que ha hecho con los marianistas, Casado esquivó el tiro: “Habrá que preguntárselo a los partidos que hacen pucherazos, los que alientan el transfuguismo o han hecho purgas en sus listas electorales como han declarado algunos barones del PSOE. Eso no es lo que ha pasado en el PP”.

Nadie ve la purga en casa propia, pero todos la encuentran rápido en la ajena. Cuando le preguntaron a José Luis Ábalos, mano derecha de Sánchez en el partido, por esa escabechina en las listas, trató de desviar el tiro también hacia el rival: “Cuando se refieren al PSOE hablan de criba y cuando es en el PP se habla de renovación. Allí ya no están los diputados que eran de Rajoy y se ha optado por un perfil mucho más esencialista, más próximo a Vox”, se quejó.

Gestionar la crítica interna

Cada uno tiene su propia explicación para todas las situaciones particulares. Desde el entorno de Sánchez, donde admiten que nunca en la historia del PSOE se llegó a imponer la mitad de la lista andaluza como se ha hecho esta vez, insisten en que Susana Díaz planteó el choque como un pulso al presidente, y él se vio obligado a reaccionar. También dicen que con los tiempos que vienen después de las elecciones, en las que se presume que formar Gobierno será muy difícil, el presidente y su equipo no pueden permitirse tener ni un crítico en el Congreso. “Habrá que hacer maniobras rápidas y complicadas para formar Gobierno y necesitas que nadie lo cuestione. Mira lo que nos pasó con el relator, lo más complicado de gestionar fue la crítica interna”, señala un sanchista. En el equipo de Casado aseguran que él necesita un grupo “sin complejos”, con fichajes mediáticos y de impacto para frenar la sangría que están teniendo sobre todo hacia Vox.

En Ciudadanos, las listas también son cosa de Albert Rivera, que anuncia fichajes por sorpresa sin consultar a nadie y estuvo a punto de imponer en Castilla y León a Silvia Clemente, ex del PP, hasta que se descubrió el pucherazo. En Podemos, el sistema es más complejo y abierto, pero nadie duda de que Iglesias, que ha controlado el partido de forma absoluta desde que lo fundó, y mucho más desde que rompió con Íñigo Errejón, dominará por completo el nuevo grupo parlamentario. Él también tiene esa legitimidad de las bases a las que consultó incluso en la polémica de la compra de su vivienda, lo que reduce cualquier contrapoder.

Varios veteranos del PSOE y del PP consultados insisten en la idea: nadie mandó tanto nunca. Las primarias, que tanto criticaron en su momento históricos como Alfonso Guerra, son un gran ejercicio de democracia interna, pero el poder que tiene el que las gana es incontestable, sentencian estos políticos curtidos en muchas batallas internas. Incluso Aznar, explican, uno de los hombres que con más dureza aplicó la disciplina interna, tenía algunos contrapoderes en dirigentes con mucho peso que se reunían en los llamados maitines, y sobre todo en algunas autonomías donde había históricos intocables como Manuel Fraga. Zapatero, explican tres veteranos socialistas, sufrió como nadie el poder de sus barones. Sánchez también, hasta el punto de que se confabularon para echarlo.

Pero esta semana ese mundo terminó. La nueva política es monolítica sobre todo porque los líderes tienen detrás el peso de los militantes. Todo indica que esa tendencia generalizada irá a más.

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