Análisis

La huelga de hambre perfora el independentismo

El control político de la capital catalana es la próxima gran batalla

De izquierda a derecha: Jordi Sànchez, Oriol Junqueras, Jordi Turull, Joaquim Forn, Jordi Cuixart, Josep Rull y Raül Romeva.
De izquierda a derecha: Jordi Sànchez, Oriol Junqueras, Jordi Turull, Joaquim Forn, Jordi Cuixart, Josep Rull y Raül Romeva. Òmnium Cultural

La fotografía resulta engañosa. Como tantas de las cosas que ocurren en la política catalana desde hace meses, la imagen con la que la semana pasada los políticos independentistas encarcelados comparecieron juntos —los siete hombres, no las dos mujeres, que se encuentran separadas en prisiones diferentes— ofrecía una imagen de unidad que dista mucho de la realidad. Como mínimo en lo político y en lo que a estrategia se refiere para afrontar el complicado juicio por el procés que tiene previsto arrancar en enero.

Si el independentismo lleva años haciendo de una supuesta unidad de acción su principal baza, sus diferentes partidos —y buena parte de los presos— están hoy más lejos que nunca de esta lucha unitaria. La huelga de hambre que cuatro de ellos empezaron hace nueve días no ha hecho más que ampliar esta distancia. Las vías de comunicación reales entre los dos grandes partidos están prácticamente rotas. Y es que la protesta de los presos, una de las más drásticas que un encarcelado puede llevar a cabo, se entremezcla con una lucha fratricida para liderar el espacio independentista que muchos, y particularmente Esquerra Republicana de Cataluña (ERC) viven particularmente mal.

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“La huelga de hambre, que respetamos pero no compartimos, es la última estrategia que se han sacado de la manga para presionarnos a sumarnos a una única candidatura en las elecciones que vienen; no lo lograrán”. Quien lo afirma es un dirigente de ERC muy próximo al presidente del partido, Oriol Junqueras. Los que protagonizan esta protestas son los miembros de Junts per Catalunya Jordi Sànchez, Jordi Turull, Josep Rull y Quim Forn. En cambio, no la secunda nadie de Esquerra Republicana, comenzando por Junqueras y acabando por Carme Forcadell, Dolors Bassa y Raül Romeva. Esquerra considera poco más que inútil esta acción, y sobre todo la ve “extemporánea”. “Ni es el momento oportuno para hacer una acción de tal calibre ni tendrá el efecto que buscan sobre el Tribunal Constitucional”, explica otra fuente de ERC, en este caso uno de los dirigentes procesados también en la causa del procés.

El motivo oficial que los impulsores de la huelga de hambre han dado para llevarla a cabo es el de denunciar la demora del Constitucional en resolver los diferentes recursos de amparo que los presos formalizaron meses atrás para pedir su libertad. El presidente catalán, Quim Torra, de la misma órbita que los cuatro presos en huelga lo verbaliza así: “El Tribunal Constitucional español continúa dilatando el proceso de recurso de los presos políticos contra su prisión preventiva porque saben que es un paso previo a un recurso superior ante los tribunales europeos”.

El TC tiene encima de la mesa una treintena de recursos de los presos independentistas. Comenzará a debatirlos esta semana pero no culminará el trabajo hasta entrado el mes de enero, han explicado fuentes del Alto tribunal. De ser así, y si los presos no cejan en su empeño, podrían alargar la huelga un mínimo de un mes más, lo que tendría consecuencias imprevisibles para su salud. Los activistas ni confirman ni desmienten que vaya a ser así. “Haré la huelga el tiempo que considere que tengo que hacerla; no me he fijado ni un mínimo ni un máximo”, aseguró esta semana Jordi Sànchez en una entrevista por escrito en la emisora RAC-1. Sí dejó clara una cosa: no la quiere llevar hasta las últimas consecuencias. “No quiero ser el Bobby Sands catalán”, dijo en referencia al líder del Ejército Republicano Irlandés fallecido en 1981 tras una huelga de hambre de 66 días en la cárcel.

Fuera de las paredes de la prisión, esta protesta ha tomado un cariz de lucha política entre independentistas. La huelga llega en un momento de máxima debilidad del espacio que un día ocupó Convergència Democràtica, que después heredó Junts per Catalunya y que ahora el expresidente Carles Puigdemont quiere para La Crida, su embrión de partido político que aspira a aglutinar todo el independentismo. Esquerra Republicana, que pretende lo mismo y a la que las encuestas electorales le sonríen, se resiste como gato panza arriba. Los republicanos, a diferencia de Puigdemont, Torra y sus fieles quieren replegar el independentismo para coger fuerzas: dar un paso atrás en la vía unilateral para sumar fuerzas y lograr un referéndum acordado con el Estado, esta vez sin fijarse plazos.

La huelga de hambre también está presente en estas estrategias. Un grupo de diputados fieles a Torra y Puigdemont, unidos bajo el sello Junts per la República, publicaba esta semana un comunicado que pedía sin ambages el sometimiento de todo el independentismo a la estrategia del expresidente huido en Bruselas. “La acción política soberanista reclama unidad entorno a La Crida. El reto más importante de los próximos meses es sumar el máximo número de alcaldías y en especial recuperar Barcelona”, reza la nota tras expresar su apoyo a los presos que están en huelga. En una línea parecida se han expresado líderes de opinión próximos a Puigdemont, como la periodista Pilar Rahola. “La huelga debería hacer reflexionar seriamente a los partidos independentistas. Basta de luchas cainitas”.

Esquerra resiste a la presión. Al menos de momento. Y sus dirigentes se muestran firmes en su rechazo a repetir candidaturas conjuntas con los convergentes y sus herederos. “Ya lo hicimos en su día y los resultados dan para lo que dan”, reflexiona un miembro de la ejecutiva del partido. Ahora su objetivo principal es, además de fijar una estrategia jurídica que aminore los daños contra sus líderes procesados, crecer por la izquierda incorporando a sectores próximos a los comunes, la formación de la alcaldesa Ada Colau. De ahí que rechacen de plano sumarse a una lista conjunta independentista para las elecciones municipales en Barcelona. Con o sin huelga de hambre, el control político de la capital catalana es la próxima gran batalla del independentismo.

200.000 adhesiones en Internet y un ayuno ciudadano

JESÚS GARCÍA

A medianoche del 1 de diciembre, Jordi Sànchez y Jordi Turull dejaron de comer. El exlíder de la Asamblea Nacional Catalana (ANC) y el exconsejero de Presidència comenzaban así la última forma de protesta que han hallado para denunciar la “injusticia” de su encarcelamiento: una huelga de hambre que pretenden indefinida y que, en menos de una semana, ha generado más de 200.000 adhesiones en internet y una serie de acciones de apoyo; entre otras, un ayuno ciudadano previsto para este domingo en el monasterio de Montserrat, kilómetro cero del catalanismo.

A Sánchez y Turull se unieron, dos días después, los exconsejeros Joaquim Forn y Josep Rull, todos ellos vinculados a Junts per Catalunya, la plataforma del expresident Carles Puigdemont y cercana a la antigua Convergència. Los políticos de Esquerra encarcelados —con el exvicepresidente Oriol Junqueras a la cabeza— no se sumaron a una iniciativa que pretende presionar al Tribunal Constitucional (TC) para que desbloquee los recursos que debe resolver sobre la prisión provisional de los líderes del procés.

El protocolo establece que los médicos controlen el estado de salud de los cuatro reclusos en la cárcel de Lledoners (Barcelona) cada 48 horas —según las necesidades—, y que se mantengan las rutinas habituales. Tendrán, por ejemplo, que acudir al comedor con el resto de los presos, aunque no coman.

Pilar Calvo, periodista que estuvo en las listas de Junts per Catalunya en las últimas elecciones, ha sido designada portavoz de los presos en huelga de hambre, con página web incluida, "vagadefam.cat". El miércoles, Calvo les visitó por primera vez, cuando Sànchez y Turull llevaban ya cinco días sin ingerir alimentos. "Están fuertes, determinados, serenos y agradecidos", explica, y añade que se trata de un "acto político" y que, pese a que aún no se ha celebrado el juicio por el procés, ésta era "la única vía" para remover conciencias.

Fuentes penitenciarias se muestran críticas con la decisión de los cuatro líderes independentistas, que ponen en riesgo su integridad física y juegan una baza definitiva ante una circunstancia que ni de lejos es la más grave en la causa del procés: el supuesto bloqueo del Tribunal Constitucional, que les impide acceder a la justicia europea. El TC ya ha anunciado que verá los recursos en enero, pero las mismas fuentes ponen en duda que los presos puedan aguantar hasta entonces. Una de las preocupaciones de Sànchez y del resto de presos en huelga es esa, explica Calvo: que parte de la ciudadanía piensa que están "banalizando" una medida de tanto calado y con tantas consecuencias físicas y mentales.

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