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El general Sanz contra el policía Villarejo: duelo sin cuartel en el corazón del Estado

El responsable de los servicios secretos es la bestia negra del comisario que grabó a la examiga íntima de Juan Carlos I

El director del CNI, Félix Sanz Roldán, a la izquierda, y el comisiario jubilado José Manuel Villarejo.
El director del CNI, Félix Sanz Roldán, a la izquierda, y el comisiario jubilado José Manuel Villarejo.

El director del Centro Nacional de Inteligencia (CNI), el general Félix Sanz Roldán, de 73 años, y el comisario jubilado José Manuel Villarejo, 66, nunca se han visto las caras. Podrían haberlo hecho este martes, cuando acudió el primero al juzgado de instrucción número 48 de Madrid para ratificar la denuncia que la Fiscalía ha interpuesto contra el segundo. El expolicía estaba citado como investigado inmediatamente después, pero remitió un informe médico desde la cárcel donde, desde noviembre, cumple prisión preventiva por los delitos de cohecho, blanqueo de capitales y organización criminal.

Aunque no se conocen personalmente, el veterano general se ha convertido en la bestia negra del expolicía que, bajo gobiernos de distintos colores, ha sabido nadar en las cloacas del Estado y guardar la ropa de un emporio empresarial que ha ingresado más de 20 millones de euros en dos décadas.

El director del CNI ratifica la denuncia del fiscal contra el comisario

El expolicía y Corinna coinciden en su aversión al jefe de los espías

Lo demostró cuando, hace un año, decidió abandonar el anonimato, tan conveniente en su oficio, y comparecer en un programa de máxima audiencia, el Salvados de Jordi Évole, para intentar librarse de las investigaciones judiciales que ya le cercaban lanzando un torrente de insinuaciones y amenazas. No tuvo una palabra de reproche para su jefe político, el ministro del Interior Jorge Fernández Díaz, para quien trabajó, en el marco de la llamada Operación Cataluña, recopilando munición, aunque fuese averiada, contra el clan Pujol y los líderes independentistas. En cambio, dedicó todo tipo de epítetos —el más suave, “generalísimo”— a Sanz Roldán, a quien acusó, en esas y otras declaraciones, de montar un prostíbulo junto al Congreso para chantajear a diputados, robar fondos reservados o amenazar de muerte a Corinna zu Sayn-Wittgenstein, la examiga íntima del rey Juan Carlos.

Nadie había hablado hasta entonces de esas supuestas coacciones y la propia afectada no las había denunciado, pero el pasado 11 de junio, en grabaciones difundidas por dos medios digitales, se pudo escuchar su voz asegurando que Sanz vertió amenazas contra su vida y la de sus hijos. La versión que la lobbista germano-danesa había ofrecido a la periodista Ana Romero sobre la reunión que mantuvo con Sanz en el lujoso hotel Connaught de Londres en junio de 2012, dos meses después de la accidentada cacería de Botsuana, fue mucho menos contundente: Sanz le dijo “que tenía sobre los hombros la responsabilidad de 45 millones de españoles” y le pidió “discreción” para evitar problemas a ella y su familia.

El PNV apoya la comisión de investigación

El PNV anunció ayer su apoyo a la petición registrada el lunes por Unidos Podemos, ERC, PDeCAT, Compromís y EH Bildu para que se cree una comisión de investigación sobre las grabaciones de la examiga íntima del rey Juan Carlos I, Corinna zu Sayn-Wittgenstein, en las que asegura que este tiene dinero en paraísos fiscales y la utilizó a ella como testaferro. Aumenta así la presión de los grupos que apoyaron la moción de censura que hizo presidente a Pedro Sánchez.

El PSOE no ha querido pronunciarse a la espera de que el director del CNI, el general Félix Sanz, comparezca hoy ante la Comisión de Gastos Reservados para informar sobre este asunto. El excomisario José Manuel Villarejo está citado el jueves a declarar en la pieza separada que, sobre estas grabaciones, ha abierto el juez de la Audiencia Nacional Diego de Egea.

Cuando, tres años después, Villarejo acudió a Londres para grabar las palabras de Corinna, la relación de esta con el Rey emérito ya estaba liquidada. Pese al empeño que puso, sus sueños de prolongar y formalizar la relación se habían esfumado: don Juan Carlos no se iba a divorciar para casarse con ella, pero tampoco se iban a instalar juntos en un pabellón del Palacio del Pardo, ni en una finca que el rey de Marruecos estaba dispuesto a regalarles en Marrakech. Nunca se le reconocería un estatuto en la Casa Real.

Uno de los responsables de disuadir a don Juan Carlos de embarcarse en esas aventuras y convencerle para romper definitivamente con Corinna fue alguien que por su edad, amistad y camaradería militar podía hablarle claro: el general Sanz.

Sorprendentemente, el policía de lenguaje procaz y modales groseros y la princesa cosmopolita y refinada tenían algo en común: su aversión por el jefe del servicio secreto.

En su comparecencia de ayer ante el juez, Sanz podría haber restado trascendencia a las acusaciones de Villarejo, enviándole una señal de distensión. Optó, sin embargo, por apoyar la denuncia del fiscal por injurias, calumnias y revelación de secretos. Lo hizo, según dijo, en defensa de los 3.500 agentes del CNI, a quienes el excomisario tachó de “delincuentes” y que no pueden defenderse por sí mismos. Las espadas siguen pues en alto.

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