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El comité de prevención del tabaquismo quiere que se prohíba fumar en playas y espacios naturales

"España ha perdido el liderazgo en la lucha", dice el presidente del grupo europeo antitabaco

Proclamación de la playa de Motril (Granada) como libre sin humo el pasado 5 de julio.
Proclamación de la playa de Motril (Granada) como libre sin humo el pasado 5 de julio. europa press

Más de 60 organizaciones, entre sociedades científicas, de pacientes y de la sociedad civil, como las de consumidores, han firmado un manifiesto en el que reclaman que se endurezcan las normas contra el tabaco en España, después de que las leyes de 2005 y 2010 pusieran al país "a la cabeza de Europa". Entre las medidas que reclaman, está el prohibir fumar en espacios abiertos con gran aglomeración de gente (estadios deportivos, plazas de toros, entradas de centros comerciales), pero también dentro de los coches y en playas y espacios naturales, según ha explicado esta mañana Regina Dalmau, presidenta del Comité Nacional de Prevención del Tabaquismo (CNPT).

"España ha perdido el liderazgo europeo en la lucha contra la adicción", ha dicho en el acto Francisco Rodríguez Lozano, presidente de la Red Europea para la Prevención del Tabaquismo (ESNP), en cuya reunión de mediados de junio en Madrid surgió la idea de este manifiesto. "Tiene el apoyo de todos los sanitarios y de la sociedad civil, y el Gobierno tiene que seguir su ejemplo", ha afirmado Rodríguez Lozano. El presidente de la Organización Médica Colegial (OMC), Serafín Romero, ha indicado que este momento de cambio de Gobierno es una buena oportunidad para plantear las reclamaciones. Dalmau, sin embargo, cree que no es cuestión de oportunidad, sino de perseverancia, ya que muchas de estas demandas las vienen haciendo varios años.

Los firmantes creen que en los últimos años ha habido una cierta pasividad oficial ante un problema que sigue el primero de la salud pública española, con 50.000 muertos cada año. Los datos de la última Encuesta Nacional de Salud muestran que el 22,1% de los adultos españoles fuma. "Hace 10 años eran 10 puntos más, lo que es un descenso considerable", ha dicho Javier Ayesta, coordinador del manifiesto. Pero en los últimos años el descenso se ha ralentizado (entre 2014 y 2017 hasta ha subido dos décimas entre las mujeres). "Todos los años hay campañas muy importantes para prevenir los accidentes de tráfico, que causan unas 2.000 muertes al año, pero de tabaquismo hace mucho que no se hace ninguna", ha afirmado Rodríguez Lezcano.

Reducción de daños, solo para casos extremos

"El plan a es dejar de fumar. No podemos dar el mensaje de que no se puede". La presidenta del Comité Nacional de Prevención del Tabaquismo, Regina Dalmau, es tajante. A su organización le preocupan mucho actuaciones de las tabacaleras que promueven productos como los cigarrillos electrónicos o los nuevos dispositivos que calientan , pero no queman el tabaco como alternativas para quienes no pueden dejar de fumar.

"No digo que en algún caso el médico no deba plantearlo, pero será solo en casos extremos. En España todavía fuma el 22% de los adultos, cuando lleguemos al 2% como entre los médicos australianos será la hora de debatirlo", ha dicho Francisco Rodríguez Lozano, presidente de la Red Europea de  Prevención del Tabaquismo.

En una jornada el lunes en Madrid organizada por la Asociación Nacional de Informadores de la Salud (ANIS) con patrocinio de Phillip Morris Science, varios médicos –Vivencio Barrios, cardiólogo del Hospital Ramón y Cajal de Madrid; Josep Maria Ramon Torrell, jefe del Servicio de Medicina Preventiva del Hospital Universitari de Bellvitge (Barcelona) y responsable de la Unidad de Tratamiento del Tabaquismo y Néstor Szerman, presidente de la Sociedad Española de Patología Dual– dijeron que habían atendido a pacientes fumadores a los que, ante su negativa o incapacidad para dejar de fumar, les habían aconsejado que probaran con estos dispositivos. "Puede ser que en la clínica haya un caso así, pero el mensaje de salud pública debe ser que se puede dejar de fumar", insistió Dalmau. 

Los motivos para esta oposición son, fundamentalmente, que estos dispositivos no son inocuos -aunque aceptan que pueden ser menos perjudiciales-, y que pueden actuar como una puerta de entrada al tabaquismo para jóvenes. "Es cierto que en el aparato que no quema el tabaco, no se produce alquitrán, pero sí hay nicotina, que causa problemas cardiovasculares", ha insistido Rodríguez Lozano.

Además, hay otro factor: que estos productos los fabrica la propia industria tabacalera. Javier Ayesta, responsable del manifiesto para endurecer las políticas contra el tabaco, fue contundente: "No nacimos ayer. Sabemos de dónde venimos. Lo de la reducción de daños lo hemos oído más veces. En los cincuenta, con los filtros. Es verdad que disminuían hasta un 50% el riesgo, pero, con ese mensaje, las ventas se dispararon. Luego fue con los productos bajos en nicotina y alquitrán, que eran un bluf; tanto, que la UE prohibió usar ese mensaje".

Phillip Morris aduce que, precisamente por eso, está intentando conseguir que la Agencia estadounidense  para la Alimentación y los Fármacos (FDA) dé el visto bueno a sus productos con la calificación de menos peligrosos. De momento, la agencia ha admitido que emiten menos sustancias nocivas, pero ha pedido pruebas de que se reduce el daño para la salud.

El debate sigue abierto. La Organización Mundial de la Salud ha advertido a los agentes sanitarios para que no colaboren en actividades de las tabacaleras (por eso no acudieron a la jornada del lunes), pero, a la vez, mantiene la puerta abierta al uso de estos productos si demuestran su eficacia.

Además de introducir restricciones en nuevos espacios, los promotores del texto piden que se cumplan las ya existentes. Apuntan como un sector especialmente preocupante el de las terrazas. "La ley deja claro que si tienen más de dos paramentos o techo no se puede fumar, pero nadie lo cumple", ha afirmado Dalmau. También ha admitido que otras medidas, como la de no fumar en las cercanías de centros sanitarios o escolares, podían haberse delimitado mejor estableciendo un número de metros concreto para la zona prohibida.

Los argumentos para extender las limitaciones son varios. El primero, que el daño del tabaco ambiental está demostrado científicamente, y en estadios o plazas de toros, por ejemplo, hay una gran concentración de personas, ha explicado Dalmau. Pero al comité contra el tabaquismo le preocupa, especialmente, otro aspecto: "desnormalizar" el hecho de fumar. Y ese es uno de los argumentos para su prohibición en lugares donde, en principio, no tiene por qué haber tanta gente, como playas y espacios naturales. "Aparte de que a nadie le gusta poner la toalla en una playa llena de colillas, ni siquiera a los fumadores, son sitios donde se va con niños", y la idea es evitar que estos vean el hecho de fumar como algo corriente, habitual. En España ya hay una red de playas sin humo, declaradas como tales aunque no se multa si se fuma. Lo mismo puede decirse de los espacios naturales. "Hay que aprovechar que hay muchas personas con sensibilidad para los temas de medio ambiente", ha dicho Dalmau. El manifiesto también apunta a promover los hogares sin humo, sobre todo donde hay niños.

Respecto al interior de los vehículos, aparte de la exposición al tabaco, Dalmau ha esgrimido motivos ambientales y de seguridad vial.

Aparte de cuestiones regulatorias, los convocantes recalcaron el impacto de la fiscalidad en la lucha contra el tabaquismo, y más porque los datos indican que son los grupos más desfavorecidos los que más fuman. "Si un médico me dice que muchas de sus pacientes embarazadas fuman y que no lo dejan, ya sé el tipo de población que atiende", ha puesto como ejemplo Ayesta. En Francia, hace un año se subió la cajetilla de siete a ocho euros, y desde entonces dos millones de franceses han dejado de fumar, ha dicho Rodríguez Lozano. "Subir el precio puede parecer regresivo porque fuman más los más vulnerables, pero lo que es regresivo es el hábito de fumar, que les afecta más", ha defendido Ayesta. Y, por supuesto, aconseja que se financien los tratamientos, farmacológicos o no, que hayan demostrado su eficacia para dejar de fumar.

Claro que en Francia, esa medida no se tomó aisladamente. El país también ha incluido el empaquetado genérico (que todas las cajetillas de toda las marcas sean del mismo color, sin más diferencia que el nombre del fabricante). La Organización Mundial del Comercio falló hace un mes que esa medida no vulneraba la competencia (fue denunciada por las tabacaleras en Australia, pionero en esta medida), ha contado Ayesta, quien cree que es una decisión histórica porque se podría aplicar a otros productos que son un problema para la salud pública, como el alcohol.

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