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El libro de un octogenario se agota en Almería gracias a Twitter tras meses sin vender un solo ejemplar

Cientos de personas reservan la obra de Emilio Ortega, 'El mundo visto a los ochenta', tras darla a conocer un usuario anónimo en la plataforma. La editorial ha pedido una nueva remesa de 1.000 copias

El autor almeriense Emilio Ortega posa en el interior de la libreria Picasso en Almería, con su libro 'El mundo visto a los ochenta', el pasado 17 de mayo.
El autor almeriense Emilio Ortega posa en el interior de la libreria Picasso en Almería, con su libro 'El mundo visto a los ochenta', el pasado 17 de mayo.

"Mi madre fue una luchadora, una leona. Creo que la gente sensible, que lea mi historia, se emocionará", explica Emilio Ortega al otro lado del teléfono, en su casa de Almería. A este anciano de 81 años le ha cambiado la vida en un abrir y cerrar de ojos. En enero, publicó su libro autobiográfico El mundo visto a los ochenta, pero no consiguió vender ningún ejemplar en varias de las librerías de la ciudad donde se puso a la venta. Algo entristecido, visitó la Feria del Libro de Almería a principios de mayo para buscar suerte y, aunque no la encontró, le regaló un ejemplar a un muchacho que conoció. "Nunca pensé que nuestra conversación llegaría tan lejos", dice riéndose.

"Mi padre fue teniente de la Armada republicana, pero murió en la batalla del Ebro. Pepa, mi madre, se quedó sin pensión y se vio obligada a mendigar para mantenernos"

Al joven le impactó tanto su relato que decidió compartirlo en Twitter. La vida de este francés, nacido en Orán (Argelia), pero de padres españoles es el ejemplo viviente de una infancia azotada por la posguerra española. El tuit corrió como la pólvora y unos días más tarde un usuario de la plataforma se compadeció de su situación y adquirió un ejemplar. "Pedro y yo hablamos y me dijo que iba a hacer lo posible para que mis memorias las conociera más gente". La oleada de solidaridad ha llegado hasta los puntos de venta de la ciudad, que han visto agotadas las existencias en una semana. "Hemos encargado una nueva remesa de 1.000 ejemplares", explican desde la editorial.

En la primera parte del libro, Ortega se centra en la lucha por no morir de hambre en su infancia, junto a su madre y su prima, en un Madrid lleno de sombras donde tuvieron que viajar en plena Guerra Civil por las obligaciones militares de su padre. "Era teniente de la Armada republicana, pero murió en la batalla del Ebro. Pepa, mi madre, se quedó sin pensión y se vio obligada a mendigar para mantenernos". La única sustentadora de la familia cobraba 12 pesetas diarias como sirvienta. "Vendíamos de estraperlo las barras de pan del racionamiento para sacar unos céntimos y comprar cacahuetes o algarrobas", recuerda.

El miedo, siempre acechante, les obligó a huir de la capital. "La policía de paisano arrestó varias veces a mi madre, porque la mendicidad estaba prohibida". El periplo les llevó a colarse en varios trenes hasta llegar a Zaragoza donde les robaron sus pertenencias. "Y eso que mi madre llevaba la estampa de la Virgen del Carmen", ironiza el anciano. Nueve años después de acabar la guerra, Franco abrió las fronteras y ellos volvieron a Argelia gracias a la ayuda de un familiar. "Dejé la escuela porque me pusieron de aprendiz en una herrería". Pasó el tiempo y el país consiguió la independencia. De la noche a la mañana, "hubo muchos muertos, sobre todo de gente blanca", apunta Ortega.

Tras viajar a París, conoció a su mujer, natural de Almería y tuvieron un hijo. "Afortunadamente, mi madre siempre estuvo a mi lado, salvo cuando nos dejó". Fueron momentos difíciles, porque nadie esperaba el abrupto desenlace. "Entró en el hospital por una úlcera en la pierna, pero murió de oclusión intestinal. No llegué a tiempo. Fue muy desgraciada, se le murieron los dos maridos y creo que nunca tuvo un momento de felicidad".

Ortega, que refleja este hecho en su libro, expresa su agradecimiento a los dos jóvenes que dieron voz a su historia. "Mi mujer me dijo una vez: 'A lo mejor alguien te da a conocer'. Y llegó, de repente", explica ilusionado. Y eso que lo escribió hasta cuatro veces en el ordenador "porque se le borró". Para el anciano, "España es su patria" y piensa acabar sus días en Almería. Su última confesión, antes de colgar, recuerda al niño humilde de antaño. "Yo no quiero hacer fortuna con esto, no soy un gran escritor, pero espero que le sirva a otros para compartir sus vivencias".

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