Incendio en Seseña

Una “venganza” familiar originó el gran incendio de neumáticos de Seseña

La Guardia Civil concluye que un empresario quemó el vertedero para frustrar un negocio de su cuñado

Un helicóptero durante las labores de extinción del incendio de Seseña.Jaime Villanueva / epv

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Dicen que hay que seguir el rastro del dinero. O el de las rencillas. En el caso de Javier M. P., el único imputado por el enorme incendio en mayo de 2016 del vertedero de neumáticos de Seseña, hay un rastro de dinero y rencillas familiares. Al menos, eso se desprende de las investigaciones del Seprona de la Guardia Civil, encargado de esclarecer este desastre medioambiental.

Los investigadores achacan a una rencilla familiar por un negocio fallido el fuego que quemó unas 90.000 toneladas de neumáticos que se hacinaban en este depósito a caballo entre la Comunidad de Madrid y Castilla-La Mancha. Los informes del Seprona incorporados al sumario del caso —al que ha tenido acceso EL PAÍS— culpan a este empresario, Javier M. P., de querer perjudicar a su cuñado y a su hermana. La principal prueba contra él es su teléfono móvil, que lo sitúa en el lugar del suceso horas antes de que se detectasen las primeras llamas. Javier M. P. fue detenido el pasado mes de mayo.

Desde el principio los investigadores tenían claro que el fuego fue intencionado. Descartaron que se desencadenara por causas naturales (un rayo, por ejemplo). Un informe de la Guardia Civil concluye que existen "indicios para pensar que por despecho o venganza" hacia su cuñado (casado con su hermana) el acusado le prendió fuego supuestamente a los neumáticos. No quería que la empresa de su familiar se beneficiara del tratamiento futuro de las ruedas de Seseña que la Administración iba a adjudicar.

Deudas y denuncias

El incendio tuvo tres focos y se declaró la noche del 12 al 13 de mayo de 2016. Pero sus orígenes, según se desprende de las investigaciones, hay que situarlo antes. En concreto, en el momento en el que el único imputado decidió montar un negocio también de depósito de neumáticos en Argamasilla de Alba (Ciudad Real) con su cuñado y su hermana.

El negocio no salió bien y dejó a Javier M. P. en una "situación económica muy precaria", según la Guardia Civil. Ese depósito tiene "varios expedientes sancionadores en marcha", está "precintado" y mantiene "deudas y denuncias", enumeran los investigadores. "Ha arruinado la empresa", dijo el imputado sobre su cuñado ante la juez el 26 de mayo, tras ser detenido por la Guardia Civil. Se le acusa del delito de incendio con peligro para la vida o la integridad física. Tras declarar, fue puesto en libertad provisional. Según confirma su defensa, el empresario permanece imputado a la espera de que se practiquen nuevas diligencias y más declaraciones.

Pero, ¿por qué vengarse con el incendio del almacén de Seseña que no pertenecía a su cuñado? Tras años de dejadez de las Administraciones, se estaba buscando una solución para este enorme depósito incontrolado. La empresa pública Emgrisa, dependiente del Gobierno central, estaba preparando un proyecto de limpieza y recuperación. Tres días antes del fuego, Emgrisa había enviado a las Administraciones una planificación y el presupuesto de las actuaciones, que la Junta de Castilla-La Mancha intentaba que se financiara con fondos europeos.

El proyecto, básicamente, consistía en "la obtención de un gasoil, producto de la pirólisis" de los neumáticos, según la Guardia Civil. "Las empresas de este sector que son capaces de generar un gasoil", indican los investigadores, "son muy escasas". Una de ellas era, precisamente, la del cuñado del imputado. Los agentes creen que podía "deducirse que una de las empresas con bastantes posibilidades para la adjudicación de dicho proyecto podría ser" la del familiar del imputado.

Los agentes recalcan que el acusado conocía esa situación y que su cuñado "podía resultar económicamente muy favorecido". Y por "despecho o venganza", resalta el Seprona, decidió supuestamente arruinarle el negocio. "En ningún caso prendería fuego a nada", se defendió Javier M. P. cuando fue interrogado por la juez del caso. Sí admitió la mala relación con su cuñado por culpa de aquel negocio frustrado.

Móvil

La figura de Javier M. P. afloró en la investigación cuando las pesquisas llevaban ya meses. El giro se produjo tras un informe de la Guardia Civil del 16 de enero en el que solicitaba a la juez del caso autorización para intervenir un móvil que, según la información técnica aportada por las compañías de telefonía, había estado en las inmediaciones del lugar el 12 de mayo de 2016 entre las 20:46 y las 23:35. Como titular del mismo, aparecía una hija del imputado ahora, aunque las pesquisas de los agentes revelaban que el verdadero usuario era él. La juez, con el apoyo de la fiscalía, dio luz verde al pinchazo de ese teléfono.

Las sospechas sobre la presencia del usuario de ese teléfono en el lugar de los hechos las confirmó el 7 de marzo un informe de la Unidad Central Operativa. Gracias a la situación de las antenas de telefonía a las que se iba conectando el móvil, se reconstruyó el recorrido que siguió su usuario desde que salió de la zona sur de Madrid poco antes de las ocho de la tarde hasta que llegó a su domicilio en Tomelloso (Ciudad Real).

Los agentes concluían que ese rastro era "compatible" con que la persona que llevaba el terminal "estuviera en las inmediaciones de dicho lugar [el cementerio de neumáticos] durante dichas horas", en referencia a la franja entre las 20.46 y las 22.18 de aquel día, momento en el que se sospecha que el fuego comenzó y desató el desastre medioambiental.

"En ningún caso prendería fuego a nada"

Tras negarse a declarar ante los guardias civiles que le detuvieron, Javier M. P. compareció como imputado ante la titular del Juzgado de Instrucción 7 de Valdemoro el pasado 26 de mayo. Durante su declaración, a la que ha tenido acceso EL PAÍS, el empresario reconoció la mala relación personal con su cuñado por culpa de un negocio frustrado de almacenaje de ruedas. Incluso, llegó a asegurar que el único que se ha podido beneficiar del incendió de Seseña fue su cuñado, aunque admitió no tener pruebas para asegurar que su familiar lo provocase.

Javier M. P. negó tajantemente haber visitado "nunca" el depósito de neumáticos, aunque sí admitió haber estado habitualmente en las cercanías porque solía parar en una gasolinera "que está a unos ocho o nueve kilómetros". Una estación de servicio en la que paró el día que se inició el incendio "para dormir" después de haber tenido una comida en Madrid que terminó a media tarde. También apunta que estuvo estacionado en la misma "hora y pico" y que creía recordar que hizo una llamada desde la gasolinera a su mujer. Insistió que no había participado ni colaborado en el incendio. "En ningún caso prendería fuego a nada", afirmó en otro momento de su declaración. También negó haber dado indicaciones a su hermano para que declarase contra el cuñado de ambos.

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