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“Es la última oportunidad para Pablo”

La familia del único español que se enfrenta a una condena a muerte pide ayuda a través de un crowdfunding para costear la defensa. Pablo Ibar lleva 23 años encarcelado, 16 de ellos en el corredor de la muerte

Pablo Ibar
Pablo Ibar, en una imagen de 2009.

Casi 1,1 millones de euros. Esto es lo que necesita el español Pablo Ibar si quiere contar con un abogado de garantías que evite su ejecución en Estados Unidos. De momento ya ha logrado, gracias a ayudas, donaciones y el incansable trabajo de su familia, más 701.000 euros, pero necesita 348.000 más. Y, para conseguirlos, una asociación creada para impedir la pena de muerte Pablo Ibar ha lanzado una campaña de crowdfunding.

Pablo Ibar, sobrino del fallecido boxeador José Manuel Urtain, fue detenido en 1994 y acusado de triple asesinato. Durante el juicio, que se extendió hasta el año 2000, no contó con una defensa eficaz, ya que su abogado de oficio sufrió problemas de adicción y acabó arrestado. La consecuencia fue nefasta: condenado a muerte.

Comenzó para Pablo entonces el interminable periplo de recurrir. Para ello, en Estados Unidos, se necesita, ante todo, mucho dinero. Gracias a las ayudas llegadas desde España, su actual abogado, Benjamin Waxman, logró el año pasado que el tribunal accediese a repetir el juicio y admitiese que la defensa de Pablo no había sido adecuada. “Es que nosotros no estamos pidiendo que lo saquen sin más, porque sí. Estamos pidiendo que tenga un juicio justo, ya que no lo tuvo”. Lo dice Cándido Ibar, su padre, nacido en País Vasco y emigrado a Florida en los años 60 para jugar a la pelota.

Estuvo Cándido este lunes en España para tratar de impulsar la campaña de crowdfunding que permita a Pablo mantener a su actual abogado, el único capacitado para lograr que el juez no le vuelva a condenar a muerte. Para lograr que, después de 23 años encerrado -16 de ellos en el corredor de la muerte- Pablo pueda volver a casa con su familia.

Pablo Ibar necesita 1,1 millones de euros para costearse la defensa que le evite ser ejecutado. Ha logrado reacudar algo más de la mitad

Con él, en una rueda de prensa celebrada en Madrid, compareció Andrés Krakenberger, presidente de la Asociación Pablo Ibar. Y fue claro: “Este juicio pendiente de celebrarse es la última oportunidad para Pablo. Él está desesperado. Y nosotros también. Si a Pablo lo vuelven a condenar a muerte, comenzaría de nuevo un proceso de años y años para intentar que no lo ejecuten. Es algo que no nos podemos permitir”.

Andrés, una vez más, insistió en el objetivo de la familia de Pablo: “Que tenga un juicio justo. Ha sido el propio Tribunal en Florida el que ha reconocido que Pablo fue condenado a muerte por una defensa letrada ineficaz”.

Cronología de una tormenta

La vida de Pablo Ibar podría trazarse en fechas que funcionan como la solución de un juego de unir los puntos. Días concretos que explican la tormenta por la que Ibar navega desde hace más de 20 años.

La primera de las fechas es el 14 de julio de 1994. Tenía entonces Pablo Ibar 20 años. Su madre, cubana, vivía en Broward y fallecería años después debido a un cáncer. Su padre, pelotari vasco hermano del boxeador José Manuel Urtain, residía en Connecticut. Estaba separados.

Pablo vivía no lejos de casa de su madre. “Compartía piso con malas compañías”, repite Ibar siempre que rememora esa época. Con esas malas compañías acabó arrestado la tarde de aquel día después de una redada en casa de unos conocidos. Le acusaban de trapichear con droga. Desde aquel momento, Ibar nunca ha vuelto a estar en libertad.

Mientras investigaban el caso del trapicheo, los detectives recibieron en comisaría la captura de una imagen de un vídeo de seguridad en el que se intuía el rostro de un acusado por triple asesinato. Días antes, un vecino de Miramar, en el mismo condado, había sido atacado junto a dos chicas en su casa. El rostro que aparecía en la imagen era muy parecido al de Pablo Ibar. Lo detectives lo acusaron de asesinato. Entró en prisión.

El abogado de oficio que le asignaron en 1994 sufrió adicción a medicamentos y acabó arrestado por maltrato. Ibar no tuvo una defensa eficaz.

El 5 de mayo de 1997 es la segunda fecha. Tres años de cárcel y, por fin, arrancó el juicio. A Ibar, de entonces ya 23 años, le asignan un abogado de oficio llamado Kayo Morgan. Morgan se muestra desde el principio incapaz de llevar a cabo una defensa adecuada: se engancha a varios medicamentos, agrede a su mujer y es finalmente arrestado por un asunto relacionado con drogas. Morgan firmaría años después una carta admitiendo que, en aquellos años, no estaba en condiciones de defender a un acusado de asesinato.

Pero lo defendió. Y en su raquítica estrategia no logró contrarrestar la evidencia estrella de la Fiscalía: el vídeo, borroso y en blanco y negro, en el que un individuo muy parecido a Ibar (según la Fiscalía se trata del propio Ibar) llevaba a cabo los asesinatos. A pesar de que ni las huellas, ni la sangre ni el cabello encontrados en la escena corresponden a Ibar, el jurado lo considera culpable.

Y llegamos a la tercera fecha: 14 de junio de 2000. Han pasado seis años desde su arresto e Ibar es condenado a muerte. “Se me acabó la vida”, cuenta que pensó cuando escuchó el veredicto. Su familia se moviliza y logra recaudar dinero para un recurso. El 7 de septiembre de 2006, tras años de trabajo para solicitar que repitan su juicio, el juez lo rechaza. Vuelta al abismo. Ya son 12 años encerrado.

El 13 de febrero de 2011 el juez le niega el segundo recurso. En esta ocasión, ni siquiera se dirige a la sala. A Ibar le queda ahora solo un cartucho más para intentar que repitan su juicio. Alega sin descanso que su abogado no ejerció la defensa y que no existen pruebas físicas que le impliquen. Lleva 17 años entre rejas desde aquella redada cerca de su casa.

El año pasado, 5 de febrero de 2016, el juez da un giro a esta historia: el tercer recurso prospera. Por primera vez ordena repetir el juicio. A Tanya Ibar, su mujer, se lo comunican por teléfono. Tiene que salir de casa para que le dé el aire, sentarse en el suelo e intentar parar de llorar. El primer claro en la tormenta tras 22 años encarcelado. 22 años declarándose inocente.

El juicio que no llega

Una vez que el juez aprueba que se repita el juicio, Pablo Ibar es sacado del corredor de la muerte de la prisión de Raiford, al norte de Florida, y trasladado a la cárcel del condado de Broward, donde está actualmente.

En la nueva prisión, a diferencia del corredor de la muerte, Ibar no puede recibir visitas. Su comunicación con la familia en los últimos meses se limita a dos horas de conversación a través de un monitor: una entre semana y la otra los fines de semana. Ahí está Tanya, su mujer, delante de la pantalla, cada semana, puntual. Como estaba cada sábado entre los años 2000 y 2016 en la sala de visitas del corredor de la muerte. Tanya conducía cuatro horas de ida y cuatro horas de vuelta todos los sábados para visitar a Pablo. Así durante 16 años. Nunca se rindió. Sigue sin hacerlo.

Incomunicado y pendiente de conocer cuándo por fin se celebrará el juicio, el tiempo parece no avanzar para Ibar. “Está desesperado. Hay días que no puede más. Menos mal que es muy fuerte mentalmente porque esto es muy, muy duro”, cuenta Cándido, su padre.

La familia insiste: "No pedimos que lo saquen de la cárcel porque sí. Pedimos que se someta a un juicio justo. No lo tuvo".

Actualmente se están celebrando las status conferences, una suerte de vistas antes de que arranque el juicio. En estas vistas, tal y como explica Andrés, se está dirimiendo la validez de algunas pruebas y de ciertos testimonios.

La defensa de Ibar pide que el único testigo, Gary Foy, repita su testimonio. La fiscalía exige que el testimonio que Foy dio en el año 2000, en el primer juicio, sea trasladado a la actualidad, sin necesidad de que Foy vuelva a testificar.

Para los abogados de Pablo el testimonio de Foy es endeble: el vecino de la víctima asegura haber visto a Ibar a través del retrovisor de su coche, con las lunas tintadas y el sol de frente durante un espacio de 17 segundos: lo que duró un semáforo. También sostienen que el reconocimiento policial posterior no fue correcto: Ibar fue el único que repitió en el reconocimiento por fotos y en la rueda en vivo.

Los abogados también van a pedir que invaliden el vídeo como prueba de identificación, ya que lo consideran inadmisible dada la bajísima calidad y el testimonio de varios expertos que afirman que el sujeto que aparece en la imagen no es Pablo Ibar.

Cuando estos y varios puntos más queden dirimidos, entonces el juez podría establecer fecha para el juicio. Según la asociación que preside Andrés Krakenberger, la fecha más temprana que barajan oscila entre finales de este año y principios del siguiente. Una vez que arranque, el proceso durará al menos cinco o seis meses.

Es decir, en el mejor de los casos, a Ibar le queda todavía más de un año de espera. La tormenta sigue sin amainar, se resiste a desaparecer.

“Llegados a este punto -cuenta Tanya, su mujer- Pablo va a seguir luchando. Lleva luchando 22 años y no va a rendirse ahora. Lo que está pasando es muy duro, pero él es muy fuerte. Y tiene claro que es inocente. Por eso tiene esta fuerza y esta convicción”.

La lucha de Pablo Ibar por demostrar su inocencia entra en su año decisivo. Y por eso, su familia, pide ayuda. Una última ayuda.

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