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“Nosotros hicimos todo lo que pudimos. Ahora les toca a los políticos”

14 años después de la catástrofe del Yak-42, las familias de las víctimas celebran que se sepa la verdad, pero denuncian los premios a los responsables

Los padres del sargento Francisco José Cardona, fallecido en el Yak-42, acarician el nombre de su hijo en el monumento de homenaje a las víctimas este viernes en Zaragoza.
Los padres del sargento Francisco José Cardona, fallecido en el Yak-42, acarician el nombre de su hijo en el monumento de homenaje a las víctimas este viernes en Zaragoza. EFE

120 padres, 40 esposas, 64 hijos… esperaban hace hoy 14 años a las víctimas del Yak-42, la mayor catástrofe del Ejército español en tiempo de paz. Miguel Ángel Sencianes estaba ya en Zaragoza, preparado para darle un abrazo a su hermano, cuando vio por televisión la noticia de un avión de una república exsoviética que se había estrellado con militares a bordo. Granada Ripollés estaba en casa, arreglándose, cuando oyó la misma noticia. Ambos supieron que era el avión en el que regresaban los suyos, porque tanto el sargento José Manuel Sencianes como el comandante José Manuel Ripollés les habían hablado de las penosas condiciones de aquellos aparatos. Ripollés los llamaba “aviones pirata”.

Tardaron dos años en enterrar correctamente a sus muertos. Los que pudieron, porque para cuando descubrieron la chapucera identificación que habían llevado a cabo los enviados por Federico Trillo al lugar del accidente –ninguno de ellos forense- la familia que había recibido los restos del hijo de Paco Cardona ya los había incinerado, pensando que eran los del suyo. Tardaron otros cuatro años más en ver responder ante un tribunal a los altos mandos militares que metieron tres pies en un mismo ataúd y en el mejor de los casos, dedicaron tres horas y 25 minutos a identificar, sin una sola muestra de ADN, a 30 cadáveres carbonizados. Tardaron casi 14 años en ser recibidos por el presidente del Gobierno y que el Ejecutivo admitiera, tras un informe del Consejo de Estado, que aquella catástrofe se pudo evitar; que el Ministerio de Defensa disponía de la información suficiente para no haber sometido a sus hombres a ese riesgo fatal. Y eso lo cambia casi todo en este 26 de mayo.

“Este aniversario es totalmente distinto por eso”, explica Miguel Ángel Sencianes, presidente de la asociación que agrupa a 42 familias del Yak-42. “La mentira de Trillo [Federico, entonces ministro de Defensa, quien dijo que era un avión “excelente”] ha sido por fin desmontada”. Curra Ripollés coincide: “Es distinto porque volvemos a Zaragoza con la verdad ratificada. Una verdad con sello oficial. Nosotros la conocíamos desde hace 14 años. Ojalá ellos lo hubieran hecho antes; nos habrían ahorrado un calvario muy duro”.

La herida, explican, “sigue abierta”. “Tenemos la verdad, pero la impunidad es total. Hemos visto indultos [a los comandantes médicos condenados por las identificaciones erróneas] y premios para los responsables [la embajada en Londres para el exministro]. Trillo está en el Consejo de Estado; Jiménez-Ugarte [entonces número tres del Ministerio de Defensa], el que dijo que los nuestros se avergonzarían de nosotros por lo que estábamos haciendo, es representante de la Marca España. Y me pueden decir que tienen derecho a nivel profesional, pero no moral. Nadie ha pagado”, concluye Sencianes. Y la impunidad, añade, es lo que dificulta que no vuelva a ocurrir.

El hueco que dejaron los 62 militares muertos sigue ahí; el dolor es el mismo, pero el aniversario es distinto porque en la asociación piensan que han hecho todo lo que podían hacer. “Hemos conseguido todo lo que podíamos conseguir por las vías que nos ofrece el Estado de derecho: por la penal, la civil y la administrativa. Hemos completado el puzle macabro. Todos saben ahora que nuestros familiares murieron porque las cosas se hicieron mal, pero la herida no está cerrada porque se siguieron haciendo mal con el Alvia, con el Madrid Arena, con el Metro de Valencia…La lección no está aprendida ”, afirma Ripollés.

Los miembros de la asociación de familiares del Yak-42 se reunieron recientemente en una asamblea y decidieron seguir un año más. “Sabemos que nuestro recorrido judicial está acabado. Es una pena, pero es así. Ojalá alguien nos facilitara los contratos y pudiéramos disponer de una nueva prueba para abrir un juicio por las contrataciones, pero ya no está en nuestra mano. Seguiremos un año más para hacer lo único que podemos hacer: denunciar la impunidad. Pero ahora el mango de la sartén lo tienen los políticos; son ellos quienes tienen que sacar conclusiones de lo ocurrido y actuar para que no se vuelva a permitir algo así y que quien la haga, la pague”, afirma Sencianes. “Ellos tienen que vigilar ahora. Los políticos tienen mecanismos para conseguir información que nosotros no tenemos”, añade Ripollés.

A la asociación le gustaría que el Gobierno responda a todas las preguntas que quedaron sin aclarar en la comparecencia de María Dolores de Cospedal tras el informe del Consejo de Estado. Podemos ha pedido la comparecencia de la ministra de Defensa para explicar en el Congreso la resolución en la que el Ministerio admite que el Yak-42 se pudo evitar. “Parece que ahora hay prisa por cerrar esto, pero hay que cerrarlo bien. Es nuestra obligación de control al Gobierno”, explica Juan Antonio Delgado, portavoz de Defensa de Podemos. Preguntado por si van a registrar una petición similar, una portavoz del PSOE explica que al haber un nuevo portavoz, no está decidido aún.

Otras nueve familias de víctimas del Yak-42 han escrito un comunicado en el que aseguran que continuarán “luchando” hasta que “los culpables paguen”. “No vamos a rendirnos. Tenemos toda nuestra vida para luchar por la que arrebataron a los nuestros. No olvidaremos lo que nos han hecho. Jamás. Me han obligado a vivir sin la risa de mi hermano. Me han reventado la vida y me han obligado a vivir sin él y eso no se lo pienso perdonar jamás”, afirma Sara García, hermana del cabo David García.

“Ninguno vamos a olvidarnos. Y el perdón es algo muy personal”, declara Ripollés. “Pero nuestro objetivo como asociación, que era saber la verdad, se ha cumplido. Lo que ocurre es que es muy difícil explicarle a alguien que ha perdido tanto que los responsables fueron premiados”.

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