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Puigdemont rechaza que el pacto vasco sirva para el conflicto catalán

La vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría ofrece "máxima lealtad y entendimiento" al lehendakari

El presidente catalán Carles Puigdemont no para el reloj del referéndum de independencia previsto para la segunda quincena deseptiembre de 2017. En Gernika, Bizkaia, y tras la jura y toma de posesión de su homólogo en Euskadi, Iñigo Urkullu, Puigdemont ha rechazado que el pacto suscrito entre el PNV y el PSE para reformar el Estatuto vasco dentro del marco de la Constitución sirva para Cataluña. “Nosotros ya recorrimos ese camino con una propuesta de reforma del Estatut, que contaba con amplia mayoría, y pasó lo que pasó”, ha dicho en referencia a la sentencia del Tribunal Constitucional que en 2010 modificó algunos aspectos de esa ley.

La vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sánez de Santamaría, saluda a su llegada a Gernika.

Era un día de celebraciones y de felicitaciones para el Gobierno vasco. Puigdemont ha empezado su breve alocución en la Casa de Juntas de Gernika agradeciendo el trato que había recibido como invitado del lehendakari. “Entre nuestras dos naciones”, ha dejado caer, “existe una antigua tradición de respeto, afecto y solidaridad, y mi presencia aquí responde a esa vocación de respeto y acompañamiento en los momentos importantes”.

Urkullu emocionado

Iñigo Urkullu, el quinto lehendakari, tras Carlos Garaikoetxea, José Antonio Ardanza, Juan José Ibarretxe y Patxi López —el único socialista—, ha jurado el cargo para la XI legislatura ante el Árbol de Gernika y sobre dos ejemplares en euskera del Estatuto y del Fuero Viejo de Vizcaya, haciendo honor al acrónimo jeltzales con el que se denominan los miembros del PNV y que significa Dios y leyes viejas.

Guiado por la tradición de la jura, pero actualizando su contenido, Urkullu ha evitado la fórmula que usó José Antonio Aguirre hace 80 años, “ante Dios humillado” y por segunda vez, como ya hiciera en 2012 ha pronunciado la frase “humildemente ante Dios y la sociedad, en pie, sobre la tierra vasca y bajo el roble de Gernika, con el recuerdo a nuestros antepasados y ante los representantes del pueblo” para "cumplir fielmente su mandato".

Minutos después ha entrado a la Casa de Juntas para tomar posesión de su cargo y recibir de manos de la presidenta del Parlamento, Bakartxo Tejería, la makila —bastón— de mando forrado parcialmente de plana y hecho a mano para la ocasión. En el interior de la Casa de Juntas, el histórico edificio levantado en 1864 que representa el asamblearismo y el parlamentarismo vizcaíno que comenzó, según diversos documentos a principios del siglo XI, le esperaba una nutrida representación de los partidos vascos, incluida la portavoz de EH Bildu, Maddalen Iriarte de EH Bildu.

Pero sobre todo se ha mantenido muy atenta al ritual de jura del cargo y toma de posesión, la vicepresidenta del Gobierno Central, Soraya Sáenz de Santamaría, encargada por Mariano Rajoy para reconectar las relaciones con los Gobiernos de Euskadi y Cataluña. Junto a ella, que solicitó de forma expresa estar presente en Gernika, también quiso acompañar al lehendakari el president de la Generalitat, Carles Puigdemont, el de Canarias Fernando Clavijo y la de Navarra, Uxue Barkos. A su lado estaba el Delegado del Gobierno en el País Vasco, Carlos Urkijo.

El Rey Felipe VI todavía no ha visitado la Casa de Juntas de Gernika como ya hiciera su padre el 4 de febrero de 1981, para reconocer el Estatuto y los fueros, en medio de fuertes protestas de la izquierda abertzale. El PNV salvó en junio de 2014 con su abstención que Felipe VI siga utilizando el título de Señor de Bizkaia. EH Bildu propuso retirarle el título.con el argumento de que la Corona "carece de legitimidad alguna para emplear" este reconocimiento.

Pero a renglón seguido —y ante las preguntas de los periodistas—, Puigdemont ha rechazado que la propuesta para reformar el Estatuto vasco pactada entre PSE y PNV y amparada en la Constitución tenga en este momento capacidad alguna para desbloquear el conflicto de Cataluña. A su entender, el pueblo catalán ya hizo ese camino con la propuesta de reforma del Estatut de 2006, que fue apoyada por todos los partidos salvo el PP. Cuatro años después, en 2010, el Estatut acabó en elTribunal Constitucional con una sentencia que en 2010 declaró inconstitucionales 14 de sus artículos e interpretó otros.

Entre ellos, los que hacían referencia a Cataluña como nación o al uso preferente del catalán en algunos ámbitos.“Es cierto que nosotros recorrimos ya un camino en ese sentido con la reforma del Estatut y el pacto por el derecho a decidir, de amplio espectro y acuerdo”, ha afirmado el presidente de la Generalitat. “También conocen muy bien cuál fue el final de este recorrido, y no por decisión de Cataluña, sino por decisión de un tercero que, cuando se le apela a los grandes pactos de Estado en estos asuntos, siempre acostumbra a desaparecer”. Se refería al PP, que fue quien en 2006 recurrió 30 artículos del Estatut.

Puigdemont y La vicepresidenta del Ejecutivo central Soraya Sáenz de Santamaría , se han saludado con un beso cuando la ministra ha entrado a la Casa de Juntas de Gernika. Ambos se han sentado hombro con hombro y han cruzado algunas palabras —pocas— en un momento de cierto deshielo en las relaciones entre la Administración central y la catalana, tras los primeros contactos entre ambos y después del nombramiento de Enric Millo, portavoz del grupo popular en el Parlament, como nuevo Delegado del Gobierno en Cataluña.

El Gobierno en minoría del PP y la necesidad de buscar aliados para negociar los Presupuestos Generales del Estado han propiciado un cambio de rumbo de  Mariano Rajoy en las formas en su relación con Cataluña. El nuevo delegado catalán ya ha trasladado a las autoridades de la Generalitat que la Administración central está dispuesta a introducir mejoras en el sistema de financiación y a poner sobre la mesa más inversión en infraestructuras.

Gestos

Pese a todo, Puigdemont no ha rebajado ni un ápice sus críticas al muro que, en su opinión, supone el Estado a la hora de buscar acuerdos. Urkullu y Puigdemont coinciden en que quien tiene que mover ficha es el Gobierno de Mariano Rajoy. Pese a que las vías que están proponiendo vascos y catalanes para ampliar el perímetro de sus autogobiernos son radicalmente diferentes, los presidentes de ambas comunidades están a la espera de gestos que confirmen que las nuevas palabras—y, quizás, formas—se van a concretar en hechos y soluciones que confirmen ese aparente deshielo.

La misma Soraya Sáenz de Santamaría —que pensó en Enric Millo, un hombre amable, para recomponer la imagen del Estado y combatir el independentismo— ha hablado este sábado en Gernika de “una nueva época” también en las relaciones con Euskadi. En el País Vasco sigue, sin embargo, al frente de la Delegación del Gobierno Carlos Urquijo, un político del PP que mantiene una guerra abierta en defensa de los símbolos del Estado.

Poco después de que Urkullu se emocionara al recibir la makila(bastón) que simboliza el mando en Euskadi, Sánez de Santamaría le ha ofrecido, telegráficamente, pero de forma clara, “la máxima lealtad y voluntad de entendimiento”. “Se abre un periodo de hablar mucho, una etapa de trabajar todos juntos, y a partir de días como hoy, más de ceremonia, se abren días de trabajo que espero que sea intenso y fructífero”. Lo ha dicho en referencia al País Vasco, pero sonó a un discurso general para el que quisiera escucharlo.

En Euskadi, sin entrar a negociar la reforma del Estatuto, las dos Administraciones tienen pendiente no solo la negociación del Cupo (el dinero que el Gobierno vasco paga al Estado por las competencias no transferidas), que arrastra unas discrepancias de más de 1.400 millones, sino además la actualización de los criterios para fijarlo. Sáenz de Santamaría tendrá enfrente en esa nueva etapa a dos diputados conocidos. Por una parte, Josu Erkoreka, que fue diputado en el Congreso antes de ser nombrado portavoz del Gobierno de Urkullu.

Por otro, Pedro Azpiazu, también diputado en el Congreso, que defenderá a partir de ahora la cartera autonómica de Hacienda. PNV y PSE le han dado valor a la presencia de la vicepresidenta en Gernika. Lo interpretan como un síntoma de mejora, aunque también han recordado que en 2012 la representación del Estado corrió a cargo de Cristóbal Montoro y las relaciones han “sido inexistentes” en estos años.

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