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7.000 pacientes al año luchan contra el linfoma con la falta de diagnóstico rápido

Esta enfermedad es el principal tumor en jóvenes y la tercera causa de muerte por cáncer en niños

Unidad de Investigación en Terapia Molecular del Cáncer de Vall d'Hebron. Ampliar foto
Unidad de Investigación en Terapia Molecular del Cáncer de Vall d'Hebron.

"Un olor que siempre me eriza la piel. Desinfectante, alcohol, productos químicos, color verde, alarmas y luces de aviso". Así comienza un pequeño texto de un paciente de linfoma situado en la sala de médicos y enfermeros de la planta de Medicina Nuclear del Hospital Virgen del Rocío, en Sevilla. Una enfermedad que es el primer tumor en jóvenes y la tercera causa de muerte por cáncer en niños en España. Cada año se diagnostican unos 7.000 nuevos casos, el 3% del total de tumores, según el Grupo oncológico para el tratamiento y estudio de linfomas (Gotel). A pesar de esta incidencia, según un estudio europeo de Lymphoma Coalition, solo al 6% de los pacientes les atiende un oncólogo especializado en las primeras fases de diagnóstico, lo que retrasa la evaluación.

"Casi la mitad de los pacientes [un 42%] son tratados por un especialista en medicina general", explica Ramón García Arroyo, oncólogo del Complejo Hospitalario de Pontevedra y secretario de Gotel. Para el grupo, uno de los problemas es la elevada especialización que requiere y el reciclaje continuo de los profesionales. "Este tumor, que en realidad son 30 entidades diferentes, ha hecho que en los últimos años tenga un menor peso en la sociedad científica y que menos oncólogos se dediquen a ello", afirma García Arroyo.

De los dos grandes grupos de linfomas, que celebra este jueves su Día Mundial, el de No Hodgkin representa el 85% y el de Hodgkin el 15% restante. "La media de casos en España es media-alta respecto a Europa y el resto del mundo", confirma Mariano Provencio, jefe del servicio de oncología del Hospital Puerta de Hierro (Madrid) y presidente de Gotel. "El aumento de la esperanza de vida hace que se prevea un aumento de los linfomas en las próximas décadas, de ahí la necesidad de trabajar en el diagnóstico precoz", explica Provencio.

El dato positivo, según los especialistas de Gotel, es la mejora de la supervivencia. "La llegada de la inmunoterapia y los fármacos biológicos está convirtiendo a los linfomas en una enfermedad oncológica curable", asegura García Arroyo. En la actualidad, según la Sociedad española de hematología y hemoterapia (SEHH), el 60% de los casos de linfoma tienen cura. "Los nuevos fármacos retrasan la progresión de la enfermedad o que respondan en pacientes en los que no funcionan otras terapias", explica Dolores Caballero, coordinadora del Grupo español de linfomas y transplantes de médula ósea (Geltamo).

Retraso en el diagnóstico

Una de las principales fallas en el tratamiento de los linfomas es la demora en el diagnóstico y el inicio del tratamiento. "Es importante mejorar en este aspecto porque son tumores que, en general, crecen muy rápido", detalla Provencio. La mezcla entre la escasez de profesionales especializados en este tipo de tumores y la tardanza en la realización de los estudios necesarios (tomografía axial computarizada —TAC—, tomografía por emisión de positrones —PET— y un análisis patológico y monecular) son las razones de esta tardanza. "No hay un registro del tiempo medio en el diagnóstico, pero cuanto más se tarda en llegar a un especialista, más tarde se evaluará", concluye el presidente de Gotel. La misma opinión tiene Begoña Barragán, presidenta de la asociación linfoma, mieloma y leucemia (AEAL): "Los pacientes viven un largo peregrinaje hasta que son tratados".

Otro de los problemas que se dan es la similitud de los síntomas con algunas infecciones. Es habitual en los pacientes la aparición de un bulto que no suele ser doloroso, fiebre, sudoración o pérdida de peso. A pesar de todo, como acaba la nota de Medicina Nuclear del Virgen del Rocío (Sevilla), el personal sanitario consigue paliar muchas de las deficiencias que existen: "Gracias a ellos hoy muchos siguen sus vidas. Madre solo tengo una que es quién me dio la vida, pero he conocido otras manos anónimas que no la crean pero la guardan como si estuvieran en su propio vientre".

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