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“No pasarán”

Es el líder socialista el que tiene la sartén por el mango en una legislatura colapsada

Pedro Sánchez, secretario general del PSOE, este lunes en Ferraz. Ampliar foto
Pedro Sánchez, secretario general del PSOE, este lunes en Ferraz.

Contra lo que parecía, el secretario general del PSOE se ha convertido en el principal beneficiario del debate de investidura, tras lograr que el presidente en funciones haya acudido al matadero a sabiendas de que iba a ser degollado. En este momento, y a expensas de la suerte que arrojen las urnas gallegas y vascas del 25-S, este martes el líder socialista es quien tiene la sartén por el mango en una legislatura colapsada por el bloqueo electoral. Y esta situación objetiva nos obliga a revisar nuestra percepción de la realidad, cambiando la imagen atribuida a nuestros primeros espadas.

Albert Rivera ha quedado como un veleidoso chico de los recados, un perrito faldero dispuesto a servir a quien le haga más fiestas. Pablo Iglesias ha perdido su fachada de burlador general del reino, pues ahora ya no parece capaz de torear a nadie más. La táctica infalible de Rajoy, el que resiste vence, ha sufrido un revolcón, convirtiéndole por ahora en el gran perdedor. Pero quizás el mayor cambio de imagen haya sido el del jefe de la oposición, que de ser tildado de "Bello Sánchez" ha pasado a parecer “Pedro El Cruel”: el hombre más odiado y temido de España por su secuestro de la legislatura. Un peligroso villano, un tipo duro, un bad boy que tiene cogido por las pelotas a todo el mundo (a Rajoy, a los barones del PSOE y a los electores), que se niega a soltar su presa sin dejarse ablandar y sin tener tampoco alternativa creíble que ofertar. No negocia, no claudica y no se vende, mientras mantiene a ultranza el canto de guerra de una batalla ancestral: "¡No pasarán!". Una causa perdida, una pasión inútil y un numantinismo suicida que sólo parece destinado a cerrar filas exaltando el patriotismo de partido y la adhesión de sus electores. Como estrategia de marketing político no está del todo mal.

Ya lo dijo Maquiavelo en el capítulo XVII de su obra cumbre: "De la crueldad y la clemencia y si es mejor ser amado que temido o ser temido que amado". Parece mejor ser amado, pero el amor depende de la libre voluntad de los ciudadanos. Mientras que el temor sólo depende de la propia voluntad del príncipe: de sus propias fuerzas, de su poder de intimidación, de la certidumbre que genere sobre el cumplimiento de sus amenazas. Es el caso de Pedro El Cruel, cuya divisa es "Diguem No". Al comienzo nadie creyó que cumpliría su amenaza de negarse a investir a Rajoy, pero al final ha habido que rendirse a la evidencia. Su no ha sido no. ¿Cómo lo ha logrado? Pues como hizo Ulises, atándose al palo mayor del "No pasarán" para no dejarse seducir por los cantos de sirena de la abstención, mientras taponaba los oídos de su marinería con la vengativa cera del ajuste de cuentas contra el PP.

Una estrategia retórica que conduce ineluctablemente hacia la repetición electoral, donde espera refrendar en las urnas el fracaso definitivo del sorpasso podemista. Pero esta estratagema encierra la paradoja de que, en cierto sentido, el sorpasso ya ha triunfado, pues para impedirlo el PSOE ha debido quemar todas sus naves sin más salida que asumir la agenda populista que le marca Podemos.

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