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La investidura de Rajoy enfría la relación entre el PSOE y Ciudadanos

La insistencia de Rivera en que Sánchez se abstenga deteriora el vínculo entre los dos líderes, que firmaron un acuerdo de gobierno tras el 20-D

Los intereses opuestos del PSOE y de Ciudadanos ante la investidura de Mariano Rajoy han enfriado la relación entre estos dos partidos, que firmaron un pacto de gobierno en febrero. Pedro Sánchez no comparte el criterio de Albert Rivera, que pide al socialista que se abstenga ante el candidato del PP. Los dos líderes, que esperan impulsar reformas conjuntamente en el futuro, no hablan desde el 27 de junio.

Pedro Sánchez y Antonio Hernando, en el Congreso. Ampliar foto
Pedro Sánchez y Antonio Hernando, en el Congreso.

Nada tienen que hablar en esta coyuntura política los dirigentes del PSOE y de Ciudadanos. El resultado electoral les ha llevado a divergir de manera absoluta al estar descartado que puedan intentar una nueva mayoría como tras las elecciones del 20-D. No suman. El PSOE se desentiende de contribuir a ayudar al PP a que gobierne en tanto que Ciudadanos les llama a hacerlo para evitar nuevas elecciones. Los socialistas ponen distancia a esta relación política que podrá reanudarse para pactar políticas concretas si es que hay gobierno.

Sánchez y Rivera no mantienen una conversación de calado desde el 27 de junio. En consecuencia, Ciudadanos ha perdido su capacidad de mediación entre el PSOE y el PP. Primero, no logró que su proyecto de una mesa a tres echara a andar. Luego, no consiguió interceder para que los dos partidos mayoritarios pactaran la Mesa del Congreso, como tras el 20-D. Ciudadanos, antaño socio, vuelve a ser parte de “las derechas” para el PSOE, y Sánchez le describe como uno de esos “afines ideológicos” con los que debe pactar el PP.

Parece que ha pasado mucho tiempo, pero hace tan solo cuatro meses los dirigentes del PSOE y de Ciudadanos expresaban en alto “la sintonía” personal y política alcanzada entre los equipos negociadores de ambos partidos. Muchas horas de trabajo en común, que culminaron con un documento de 200 propuestas, propiciaron esa relación fluida que se trasladó a sus dos máximos dirigentes. Las renuncias de cada uno de ellos se consideraron un valor político de primera magnitud, pero ahora se explica que ya no tienen sentido. La cordialidad permanece pero no hay nada de lo que hablar, al menos por parte del PSOE.

Si Ciudadanos persiste en poner el peso de la responsabilidad de que haya gobierno en el PSOE, la respuesta de los socialistas se endurecerá, señalan en fuentes de la dirección de este partido. El afán del partido centrista de ir juntos en la abstención a la investidura de Rajoy choca con un muro pétreo que hasta ahora no presenta el menor resquicio. “Los pactos de entonces nunca ocultaron que pertenecemos a familias ideológicas diferentes. Tiene sentido que ahora ayuden al PP pero nosotros no podemos”, señalan en la dirección socialista.

Ciudadanos, “vieja política”

La negativa del PSOE a Ciudadanos se ha intensificado desde el pasado martes con la votación para la Mesa. Los diputados de Rivera votaron a favor de la candidata del PP, Ana Pastor, y a cambio consiguieron una vicepresidencia y una secretaría. “Una representación muy superior a la que correspondería por sus 32 escaños”, señalan en el PSOE, donde añaden la ironía de que eso es “vieja política: apoyo a cambio de sillones”.

“No pretendamos que Pedro Sánchez sea objetivo con sus afirmaciones sobre Ciudadanos, ni Rajoy con nosotros”, argumenta Albert Rivera en conversación con EL PAÍS. “Defiende un interés, un espacio ideológico”.

Rivera y Sánchez construyeron una relación sólida en los meses que siguieron a la firma del acuerdo de gobierno que les unió en febrero. Ciudadanos rompió una promesa electoral votando a favor de la presidencia del candidato socialista. El PSOE no atendió a las ofertas de Podemos para romper con su contraparte. Una vez consumada la repetición electoral, los dos líderes se concedieron mutuamente una campaña de guante blanco. Ahora, el líder de Ciudadanos estaría dispuesto a emplear su sintonía con el del PSOE para mediar entre este y Rajoy. Sin embargo, cree que el momento no ha llegado.

“No se nos caen los anillos por intentar buscar soluciones”, asegura. “Lo que me parecería poco razonable es que el señor Rajoy, que quiere ser presidente, no mueva un dedo para buscar ese apoyo del PSOE, y que el PSOE, al que le toca tomar una decisión en la votación que se puede producir en dos semanas, no tenga ese debate interno, como debería tenerlo”, subrayó. “Ojalá mis palabras o mi buena relación con Rajoy y Sánchez sirviera para desatascar la situación, pero de momento creo que cada uno tiene que hacer su papel: el presidente en funciones tiene que luchar esa abstención; y el PSOE, legítimamente, puede pedir cosas o no para negociar esa abstención, pero tiene que mover ficha también”.

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