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Razones para un fracaso

El interés particular sobre el general, el dogmatismo y el tacticismo han conducido a la repetición de los comicios

Rajoy y Sánchez el pasado 23 de diciembre.
Rajoy y Sánchez el pasado 23 de diciembre. AP

Los comicios del 20-D arrojaron un Parlamento a la italiana con una mentalidad a la española. Lo demuestran el dogmatismo y la inflexibilidad de cuatro meses no ya frustrantes por el desenlace —o por la ausencia de desenlace— sino porque la negligencia conduce a la repetición de un escenario casi idéntico. ¿Por qué razones?

1.- La carrera darwinista. Los líderes del PP y del PSOE, enemistados visceralmente, han antepuesto la supervivencia particular al interés general. Y han restringido el tópico de la "altura de miras" a sus respectivos centímetros. Rajoy y Sánchez llegan exhaustos y también vivos al 26-J, aunque semejante proeza desluce su sentido de la responsabilidad. Nunca llegaron a explorar si quiera la mera insinuación de un acuerdo transversal. Hacerlo podría haber supuesto para ambos el sacrificio de retirarse.

2.- El inmovilismo de Rajoy. La pasividad, en cierto sentido, ha acelerado el calendario y le ha dado la razón al líder popular. No ha logrado la investidura de presidente, pero sí ha conseguido que se malograran otras alternativas. El 26-J representa para Rajoy una segunda vuelta y una segunda oportunidad, aun asumiendo que los demás adversarios lo observan como un interlocutor carbonizado en cualquier hipótesis de acuerdo.

3.- La hiperactividad de Sánchez. Tanto Rajoy ejercía su proverbial dontancredismo, tanto Sánchez braceaba y braceaba en todas las direcciones para mantenerse a flote. Ha tenido el mérito de alimentar su propia expectativa y de evitar que maduraran alternativas en el PSOE, pero el comité federal ha terminado atándole las manos. No podía negociar con el PP ni con Rajoy. No podía concederse a Iglesias. Y menos aún, osar a un acuerdo de investidura que incluyera a los nacionalistas.

4.- El mobbing de Iglesias. El líder de Podemos se ha comportado con Sánchez como un maltratador político. Un día lo embadurnaba de cal, otro lo paseaba de la mano o le regalaba un manual de baloncesto. Es verdad que el sector errejonista se implicó en las negociaciones, pero la expectativa de evacuar a Mariano Rajoy de la Moncloa ha pesado menos que la batalla por la hegemonía de la izquierda. El PSOE no podía ser un aliado de Podemos porque representa el enemigo.

5.- El voluntarismo de Rivera. El mérito de Rivera ha consistido en aparentar más peso político del que tiene. Ha manejado con habilidad la versatilidad de la bisagra, pero la precariedad de sus números parlamentarios (40 diputados) ha demostrado que Ciudadanos ha desempeñado un papel más voluntarioso que determinante. Y que su narrativa de la segunda Transición solo ha alcanzado a formalizar un pacto estéril con el PSOE.

Felipe VI urgirá este miércoles, salvo sorpresas, la convocatoria de unas elecciones anticipadas. Se antojan casi idénticas a las del 20-D, pero algunas dudas las exponen a cierta incertidumbre. ¿Caerá la participación? ¿Conseguirán Podemos e IU adelantar al PSOE? ¿Crecerá Ciudadanos por el centro? ¿Logrará Rajoy una victoria más clara en la segunda vuelta? ¿Habrá elecciones anticipadas después de las elecciones anticipadas?

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