El presidente discreto
La decisión más contestada de su Gobierno fue el ingreso de España en la OTAN, sin consenso previo, y la más polémica, la aprobación de la Ley del Divorcio

Es el presidente del Gobierno de la España constitucional con el mandato más corto y el único que no fue elegido en elecciones generales. También es, probablemente, el más discreto en su forma de ejercer el mando, pero esa labor más callada de Leopoldo Calvo-Sotelo (Madrid, 1926-Madrid- 2008) es de las más esenciales en el desarrollo de la democracia en España.
En uno de los momentos peores de esa etapa, con asesinatos de ETA casi cada día, con tramas golpistas sobrepuestas y sin apenas respaldo de su partido, Calvo-Sotelo sirvió de puente entre Adolfo Suárez y Felipe González, entre quien procedía de los últimos años del franquismo y quien llegaba con un partido como el PSOE recién legalizado. Sirvió de nexo entre los Gobiernos inestables de la UCD y la arrolladora victoria de los socialistas en octubre de 1982. De hecho, en esa época mantuvo relaciones estrechas con González para preparar lo que ya era la segura llegada del PSOE a la Presidencia del Gobierno.
Con asesinatos de ETA casi cada día, con tramas golpistas sobrepuestas y sin apenas respaldo de su partido, Calvo-Sotelo sirvió de puente entre Adolfo Suárez y Felipe González
Era ingeniero, procedía de una familia tradicional ligada a la actividad pública -de la derecha tradicional a la izquierda- desde los tiempos de la República hasta el Gobierno actual e inicio una carrera en distintos cargos públicos en el final del franquismo, hasta llegar a recalar al Gobierno de Suárez en la Transición. Antes fue ministro de Comercio con Carlos Arias-Navarro y con Suárez de Obras Públicas, portavoz de UCD en el Congreso, ministro para las Relaciones con las Comunidades Europeas y vicepresidente del Gobierno para Asuntos Económicos, antes de ser investido presidente del Gobierno.
La nota característica de su actividad política fue la discreción, que le valió el estereotipo de hombre muy técnico y gris, desmentido por quienes le trataron en la distancia corta y apreciaron su sentido del humor. Culto y amante de la música, estaba casado con Pilar Ibáñez-Martín Mellado, hija del que fuera ministro de Educación en la posguerra José Ibáñez-Martín, y tenía ocho hijos.

Calvo-Sotelo fue presidente del Gobierno entre febrero de 1981 y diciembre de 1982. Lo que mejor define esa dificultad del momento es el hecho de que la primera sesión de su investidura fuera interrumpida por la intentona golpista del 23-F de 1981, pocas semanas después de la dimisión de Suárez. Y terminó con las elecciones de octubre de 1982, precedidas de una nueva intentona golpista que pretendía impedir la llegada al Gobierno de los socialistas.
Fueron 21 meses de presidencia del Gobierno en los que tuvo que poner en marcha el juicio contra los autores del golpe de Estado en un clima de inestabilidad política, con una parte del Ejército en ebullición y pretendiendo tutelar el futuro; con casi un centenar de asesinatos de ETA y una crisis económica galopante.
Su decisión más contestada fue el ingreso de España en la OTAN, sin consenso previo, y la más polémica, la aprobación de la Ley del Divorcio. Es última supuso una verdadera fractura política en UCD, coalición en la que convivían desde partidos socialdemócratas a formaciones de la derecha más tradicional. Calvo-Sotelo, pese a su procedencia conservadora, apoyó al ministro de Justicia que sacó adelante la ley, Francisco Fernández Órdoñez.
Tuvo que poner en marcha el juicio contra los autores del 23-F en un clima de inestabilidad política, con parte del Ejército en ebullición
En esos 21 meses de agitada y difícil presidencia del Gobierno, Calvo-Sotelo dio un impulso decisivo a las negociaciones con la Unión Europea, entonces Comunidad Económica Europea, aunque no culminaran hasta años después ya con Felipe González en La Moncloa.
Abandonó la política en 1987 como parlamentario europeo. En junio de 2002 recibió el título de marqués de la Ría de Ribadeo, con Grandeza de España.
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