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“Tenemos que evitar que la prueba PISA sea un arma arrojadiza”

El secretario general de la OCDE, Ángel Gurría, defiende el examen internacional y explica su último proyecto con las autoridades españolas sobre universidades y empleo

Angel Gurria, secretario general de la OCDE, durante la entrevista.
Angel Gurria, secretario general de la OCDE, durante la entrevista. EL PAÍS

Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes. Dicho así, no hay quien caiga. Pero con sus siglas en inglés,el informe PISA, todo el mundo sabe de qué estamos hablando. Un examen global, que hacen cada tres años medio millón de adolescentes de 65 países para poner a prueba sus niveles en lectura, matemáticas y ciencia. Después de 15 años, se ha convertido en una especie de arma geopolítica.

Hay gobiernos que cambian sus rumbos para intentar quedar en las mejores posiciones y se considera un drama bajar o permanecer en posiciones rezagadas en el ranking final por países. Finlandia, tradicional triunfador en esa foto fija, consideró un “motivo grave preocupación” su caída de los primeros puestos. España, que suele estar en la mitad de la tabla, ha instaurado con última reforma educativa (Lomce) unas pruebas externas muy en la línea de este macro examen que elabora la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

Ángel Gurría, secretario general de la OCDE, considera que no debería ser para tanto. “Por supuesto que tenemos que evitar que sea un arma arrojadiza”, explica en una entrevista con EL PAÍS. Gurría visitó hace poco España para su ceremonia de investidura como doctor honoris causa por la Universidad Europea de Madrid, un galardón que sumar a sus distintas condecoraciones otorgadas por 23 países. Entre otras, la Orden del Mérito de Alemania o la Orden de Isabel la Católica de España. Minutos antes del acto académico, atendió a este periódico. La entrevista se retomó después con un cuestionario.

¿Qué le parece que España haga una lectura pesimista de PISA? “Si los resultados son malos hay que mejorarlos, pero no puede ser que a todos les parezca que es terrible, la oposición ataca al gobierno, este se defiende y dice que fue el gobierno anterior… Es un tremendo lío. Mejorar en PISA no es un objetivo en sí mismo, es uno de los síntomas de que las cosas se están haciendo bien y de que podemos seguir mejorando en nuestro análisis de los sistemas educativos y sus resultados”.

Hace casi un año, un grupo de 80 expertos firmó una carta en la que alertaban de los “peligros” de esta prueba internacional y criticaban, entre otros aspectos, que los políticos malinterpretaban los resultados. “Los Gobiernos, los ministros de Educación y los directores de periódicos esperan con ansiedad los resultados de PISA, que son citados como fuente autorizada en muchas declaraciones políticas”, señalaba el texto.

“PISA la elaboran expertos independientes bajo la tutela de los representantes de cada uno de los países que participan”, defiende Gurría. “En el discurso académico tienen cabida muchas opiniones, pero cuando se trata de poner en práctica una evaluación tan compleja como esta, el consenso científico es el que dicta las directrices que dan lugar a un instrumento concreto”. Según el máximo responsable de la OCDE, siempre han encontrado “una actitud abierta y constructiva en los diferentes gobiernos, tanto en España como en otros países, y por parte de sucesivos ejecutivos de diferente signo político. Todos reconocen que PISA ofrece un diagnóstico que nos debe ayudar a mejorar”.

Ángel Gurría habló de la prueba que evalúa a los adolescentes, de otros exámenes que su organización organiza para los adultos (las llamadas pruebas PIACC) y del nuevo proyecto que elabora con los ministerios de Educación y Empleo españoles, los sindicatos y la confederación de empresarios (OCDE). “Se trata de ver si las habilidades y destrezas de las fuerzas de trabajo de un país están a la altura para llevarlo a la modernidad”, señala este mexicano, nacido en Tampico en 1950.

Gurría, con más de tres décadas en distintos puestos públicos, es licenciado en Economía por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y máster en esa materia por la Universidad de Leeds (Reino Unido). La economía, de hecho, impregna todo su discurso con un salto continuo de lo meramente educativo al mundo laboral: “La clave es productividad, productividad y productividad”. Defiende el aprendizaje continuo a lo largo de la vida. “Que todos los días cada empresa sea una universidad”, dicho con sus propias palabras. “La empresa se hace un favor a sí misma si tiene una fuerza de trabajo sofisticada que cambia de habilidades y cada vez más destrezas para las cuestiones digitales, entre otras”.

Respecto a la formación universitaria, cree que debería ser más práctica que vocacional. ¿Qué ocurre con las carreras humanísticas (lenguas filosofía, ...) que forman esos perfiles que teóricamente no son los que demanda el mercado de trabajo pero que muchos defienden como necesarios para formar una buena sociedad?

“Pues que tienes una excelente ciudadanía con habilidades y doctorados, pero si es una persona que no puede servirse a sí mismo y a su familia porque no se demandan sus habilidades, acabará frustrado y emigrará. Puede estar bien elegir filosofía, pero hay que hacerlo con los ojos abiertos”, considera.

El mapa que prepara con los ministerios españoles estará listo “a mediados de año, con un diagnóstico de soluciones”. El plan de la OCDE es implicar en este nuevo proyecto “a todos los actores de la sociedad y por supuesto a las universidades, actores clave para el desarrollo de competencias”. “A cada país le toca determinar cómo, cuándo y dónde decide involucrar a diferentes actores y agentes sociales. La experiencia internacional demuestra que sólo un proceso de reformas incluyentes es sostenible y puede llegar a tener resultados a largo plazo”.