LA DESTITUCIÓN DEL CONSEJERO DE SANIDAD

Javier Rodríguez, el consejero que hablaba demasiado

Destituido el responsable de la sanidad madrileña tras su última crítica a la enfermera del ébola

Francisco Javier Rodríguez.
Francisco Javier Rodríguez.SCIAMMARELLA

Francisco Javier Rodríguez siempre se ha vanagloriado de “llamar al pan, pan, y al vino, vino”. Sus excesos verbales terminaron provocando ayer su cese como consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid. El presidente regional, Ignacio González, le comunicó que le iba a destituir tras la reunión semanal de su Gobierno tras las “desafortunadas” palabras de Rodríguez la víspera. “Si lo hubiese hecho mal, [Teresa] Romero no estaría hablando. Lo que tengo que hacer es felicitarnos porque no se ha muerto y porque haya tenido un final feliz”, afirmó el miércoles, una vez más con la enfermera contagiada del ébola en el Carlos III, el primer caso de un infectado fuera de África, como destinatario de sus palabras.

Conocido en la Asamblea de Madrid por su locuacidad políticamente incorrecta, Rodríguez saltó a la fama por sus continuos exabruptos durante la crisis del ébola. “Es muy de embestir, ha sido más de 25 años portavoz del Partido Popular en la Comisión de Sanidad y su trabajo consistía en hacerle la oposición a la oposición. No ha sabido cambiar el chip”, observa un diputado regional de otro partido. “Francisco Javier tiene fama de buen médico, de buen gestor... Y de tener una boca muy grande que no supo controlar”, asienten en el PP.

Frases célebres de Rodríguez

  • "No descarto que [Teresa Romero] nos pudo haber estado mintiendo".
  • "Si tuviera que dimitir, dimitiría, no le tengo apego al cargo y afortunadamente tengo la vida resuelta. Yo llegué a la política comido".
  • "Para explicar a uno cómo quitarse o ponerse un traje [de protección frente al ébola] no hace falta hacer un máster. Pero unos tienen una mayor capacidad de aprendizaje que otros".
  • "[Teresa Romero] tan mal no debía estar para ir a la peluquería".
  • "Si lo hubiese hecho mal, Romero no estaría hablando. Lo que tengo que hacer es felicitarnos porque no se ha muerto y porque haya tenido un final feliz".
  • "Si mi gestión no hubiese sido la correcta, España seguiría teniendo esta enfermedad [ébola]".

La última metedura de pata de Rodríguez provocó su cese, que estaba pendiente desde octubre. Pese a las protestas de los profesionales sanitarios y las críticas unánimes de la oposición, González no tenía intención de destituirle hasta que finalizara la crisis por ébola. Ese día llegó el martes, cuando la Organización Mundial de la Salud declaró a España “oficialmente libre” del virus. Un día después, el presidente madrileño dictaba su sentencia política. Se hizo esperar dos meses: a mediados de octubre González ya llamó a Rodríguez a capítulo por sus polémicas declaraciones en plena crisis sanitaria, le desautorizó en público y dejó la puerta abierta a su destitución en el futuro. Tampoco le incluyó en la visita al Carlos III junto al presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, al que tampoco acompañó Ana Mato.

Al igual que Mato, forzada a dimitir como ministra de Sanidad después de que el juez Pablo Ruz la señalara como beneficiaria de los negocios ilegales de Jesús Sepúlveda, su exmarido, en el caso Gürtel, Rodríguez no dejó la cartera por la polémica gestión del ébola, sino por su incontinencia verbal.

Gallardonista declarado, una confesión que provocaba recelos en la etapa de Esperanza Aguirre como presidenta regional (2003-2012) y del PP autonómico, que lidera desde 2004, Rodríguez acabó hace casi un año con su condición de eterno consejero frustrado. La paralización de la privatización de la gestión de seis hospitales de la red pública y un 10% de los centros de salud a finales del pasado enero le costó el puesto a Javier Fernández-Lasquetty, que tampoco tenía el don de la palabra, y le brindó a Rodríguez la oportunidad que aguardaba desde hacía décadas. El gurú de FAES y licenciado en Derecho y Ciencias Políticas cedió el testigo a un médico —especialista en medicina interna y nefrología, y jefe de la unidad de hipertensión del Gregorio Marañón— con una sobrada experiencia política: diputado regional desde 1987, Rodríguez ha estado en ocho de las nueve legislaturas del hemiciclo de Madrid. Sin embargo, Rodríguez fue víctima de su vocabulario, y sus intentos de pacificar el sector no surtieron efecto. Más bien al contrario: sus salidas de tono volvieron a incendiarlo.

Con su perfil de médico, la Comunidad de Madrid buscó apaciguar las críticas del sector —Rodríguez solía desayunar con responsables de distintos departamentos—, aunque las protestas amainaron principalmente por la renuncia a la privatización hospitalaria. Aun así, el consejero saliente se distinguió de sus predecesores en la consejería más inestable del Gobierno regional y con el mayor presupuesto (más de 7.200 millones, el 45% del total). Manuel Lamela, consejero de Sanidad de 2003 a 2007, y Juan José Güemes, que desempeñó su función hasta 2010, no solo no supieron hacerse con la cartera sino que se convirtieron en un ejemplo de las críticas a las puertas giratorias.

Esta mañana, antes de la celebración del Día de la Constitución, el sustituto de Rodríguez asumirá el cargo. También médico, Maldonado será el tercer consejero de Sanidad de la legislatura. Desde febrero era el viceconsejero de Asistencia Sanitaria, en sustitución de Patricia Flores, que dejó el cargo a la vez que Lasquetty la consejería. Previamente fue gerente del hospital Ramón y Cajal y director médico en La Paz. También tuvo algún grado de responsabilidad menor de gestión hace años en el Ministerio de Sanidad. Al contrario que Rodríguez, Maldonado tiene fama de parco en palabras. Justo lo que buscaba González para los escasos meses que faltan para las elecciones autonómicas de mayo de 2015.

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