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A Gallardón le dan “asco” los motivos por los que se retiró la ley del aborto

El exministro abre el congreso de los propagandistas católicos sobre la familia

El ministro de Justicia, en una rueda de prensa tras el Consejo de Ministros.
El ministro de Justicia, en una rueda de prensa tras el Consejo de Ministros.

“Lo único que me da es asco”. Con esta contundencia contestó ayer Alberto Ruiz-Gallardón cuando se le preguntó si creía que la retirada de su proyecto de reforma de la vigente ley del aborto había estado motivada por presiones del lobby de las clínicas abortistas, o por motivos electorales o de grupo en el PP o el Gobierno del que era ministro de Justicia. “Me da igual. No me importa si hubo lobby”, se despachó el ex ministro en su primera aparición en público desde su dimisión, a finales de septiembre pasado. Lo ha hecho como primer conferenciante del congreso que la Asociación Católica de Propagandistas (ACdP) celebra este fin de semana bajo el lema “La familia siempre: desafíos y esperanza".

Ruiz-Gallardón intervino a las cinco de la tarde, inmediatamente después del acto de inauguración del congreso a cargo, entre otros, del presidente de la ACdP, Carlos Romero, el nuncio del Papa, arzobispo Renzo Fratini, el obispo auxiliar de Madrid, Fidel Herráez, y el director del evento, Rafael Ortega. El ex ministro fue presentado por el presidente del Foro Español de la Familia, Benigno Blanco, impulsor de la manifestación del próximo día 22 contra la retirada de la reforma del aborto.

Ruiz-Gallardón habló en el aula magna del campus que la Universidad San Pablo-CEU tiene en Montepríncipe (Alcorcón. Madrid), y fue muy aplaudido. Con papeles y muchas estadística, en ocasiones improvisó en tono apasionado, casi mitinero. Cuando cayó en la cuenta de que sus afirmaciones podían parecer apocalípticas, él mismo se justificó. “Alguien podría pensar que soy catastrofista, pero es la realidad”, dijo.

Convocado para hablar sobre la familia, el ex ministro disertó sobre todo del derecho a la vida como fundamento de la existencia “indestructible” de la familia. Defender ese derecho fue “la marca” de su gestión cuando aceptó ser ministro de Mariano Rajoy, dijo. “Hay un atroz invierno demográfico”, señaló con cifras de los abortos por países y con estadísticas de natalidad y de ruptura de matrimonios.

Consciente de que algunas de sus críticas alcanzaban al Ejecutivo del que formó parte, añadió: “Estuve tres años en el Gobierno. Soy responsable de muchas de las cosas que aquí voy a criticar”. Quizás por eso, dijo sentirse más cómodo hablando de Europa en su conjunto que de España. Pero el manejo de las estadísticas le condujo a conclusiones que llegó a calificar de “terribles”, también para España, que en ocasiones está a la cabeza de los “desastres. Estos son algunos de sus datos: en Europa, que tiene algo más de 507 millones de habitantes, se producen cada año 1.100.000 abortos, es decir, concretó, “cada día dejan de nacer 3.013 niños, lo que quiere decir que mientras estamos hablando, en esta hora, se han practicado 150 abortos”. También manejó las últimas estadísticas de matrimonios, divorcios, natalidad, edad en que las mujeres son madres, etc. Pero su conclusión, pese a todo, fue tajante: La familia, pese a falsas políticas de género, feminismos mal entendidos, ideologías de progresías falsas, etc., es “felizmente indestructible porque es una realidad natural, no una institución más ni una estructura social”.

La jerarquía católica, con el papa Francisco a la cabeza, ha señalado 2014 como el año internacional de la familia, como acaba de subrayarse en el Sínodo Extraordinario celebrado en el Vaticano sobre la materia, que tendrá su continuación en 2015 con otro sínodo de obispos, esta vez ordinario. Es el gran desafío de la Iglesia romana, pero también un motivo de encendido debate entre conservadores y aperturistas (o misericordiosos, por usar una formula muy del gusto del pontífice argentino), en torno a asuntos tan polémicos como la comprensión de la homosexualidad y la comunión de los divorciados vueltos a casarse.

“Es un gran avance que se hayan puesto estos temas sobre la mesa”, afirma el presidente de la ACdP, Carlos Romero Caramelo, al presentar el multitudinario congreso que cada año celebra su asociación por estas fechas (el de ahora es el número XVI). Reconoció que no todos los obispos están “tan cerca como debieran” del Papa en estos temas porque “hay distintas sensibilidades”, pero que “va a ser imposible que la Iglesia cambie su doctrina sobre el matrimonio hombre-mujer o sobre la indisolubilidad”.

El congreso, dirigido por Rafael Ortega y complementado desde hace años con un exitoso congreso infantil y una llamada Noche Joven, cuenta con la presencia de varios obispos, pero sobre todo de sociólogos, historiadores y políticos, como la ex ministra Isabel Tocino, que participa en debate sobre la dimensión pública y social de la familia articulado en torno a la activa presidenta de “La Manif pour tous”, la parisina Ludovine Dutheil de la Rochere.

Pese a que el debate sobre la familia parece marcado por el pasado sínodo romano, el congreso de los propagandistas católicos se celebra condicionado por la presión que algunos obispos proponen para que promuevan con otros un partido católico tras lo que consideran una traición del Gobierno Rajoy por renunciar a derogar la Ley del aborto actual. Carlos Romero fue tajante, en una conversación con los periodistas: “Digo no al partido católico en España. Nada más lejos que un partido católico. Pero, en la idea de que es bueno y necesario que “los políticos noten el aliento de los ciudadanos en su nuca" para espantar tentaciones de corrupción, la ACdP sí está en un proyecto de lanzar “en breve” un movimiento de la "sociedad civil" contra la corrupción y las políticas sucias.

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