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La paciente llegó al hospital en una ambulancia “convencional”

El traslado de la auxiliar del centro de Alcorcón al hospital Carlos III se retrasó seis horas

El Hospital Universitario Fundación Alcorcón (sureste de Madrid) recibió, sin previo aviso, a primera hora del lunes una paciente infectada por ébola. Llegó en una ambulancia “convencional” y con personal sin protección especial, según fuentes médicas consultadas por EL PAÍS. Y ello a pesar de que el protocolo del Ministerio de Sanidad enviado a todos los centros sanitarios con fecha del pasado 14 de agosto establece que el traslado de los pacientes sospechosos de estar infectados por el virus se debe realizar “en una ambulancia especialmente preparada, con la cabina del conductor físicamente separada del área de transporte del paciente”, y el personal que intervenga en el transporte deberá utilizar un “equipo de protección individual adecuado”. Las normas del Ministerio fijan también que el hospital de destino debe ser informado. Nada de eso ocurrió el lunes 6 de octubre.

La auxiliar de enfermería infectada por ébola ingresó en el Hospital de Alcorcón consciente, con síntomas de fiebre alta. Ella misma dijo a los sanitarios que la recibieron que había estado en contacto con el virus porque había formado parte del equipo que trató a los religiosos fallecidos por ébola en el Hospital Carlos III. Entró en el centro en una camilla que portaron los técnicos de la ambulancia, sin más protección que una mascarilla.

Hasta entonces nadie la había tratado como un caso de ébola. Fue el centro hospitalario de Alcorcón el primero que activó el protocolo por posible caso del virus. Fue ingresada en un box de aislados (un box normal, pero en una esquina de las Urgencias) y el personal procedió a protegerse con un traje especial, el EPI (equipo de protección individual de barrera y respiratoria, que incluye una “mascarilla con respirador, guantes dobles, bata desechable impermeable de manga larga que cubra la ropa hasta los pies o equivalente, calzado impermeable o cobertura equivalente y máscara facial o gafas”, según el protocolo). Una veintena de trabajadores sanitarios, entre los que la atendieron en su domicilio antes de ser trasladada en ambulancia, y profesionales del hospital, entraron en contacto con ella. Todos ellos están siendo sometidos a vigilancia epidemiológica, que consiste en la toma de temperatura dos veces al día durante 21 días tras la exposición. El protocolo no impide, sin embargo, que sigan haciendo vida normal (muchos van a volver hoy a trabajar al centro), ya que incluso para los casos de contacto estrecho o de alto riesgo “no se requiere restricción de movimientos o trabajo”. La única recomendación es que no realicen “viajes de larga duración en medios de transporte públicos en este periodo”.

El Comité de Empresa del hospital exigió ayer en un comunicado, sin embargo, que los 13 sanitarios que tuvieron el contacto más directo con la enferma sean dados de baja laboral.

La enfermera contagiada se marchó del Hospital de Alcorcón con la misma poca fortuna con la que llegó. El personal médico que la atendió directamente estaba ayer especialmente molesto por el tiempo que tardó en ser trasladada al Hospital Carlos III, el centro de referencia que indicaba el protocolo una vez confirmado en el laboratorio su contagio por ébola.

El primer análisis con el positivo por el virus llegó al hospital sobre las tres de la tarde. El segundo y definitivo test que determinó que la auxiliar sanitaria de 40 años estaba enferma de ébola fue comunicado al centro en torno a las seis de la tarde. Ya no había dudas, debía ser trasladada al centro de referencia. A esa hora se solicitó el traslado urgente de la paciente al Carlos III. Pero no fue hasta seis horas después, pasadas las doce de la noche, cuando apareció en Alcorcón la ambulancia —esa sí, debidamente preparada— para llevarse a la paciente.

Hasta entonces, los médicos se vieron obligados a entrar en el box una y otra vez para asistirla. Hasta en 13 ocasiones tuvo que entrar en el recinto habilitado el doctor que dirigió la asistencia, un médico adjunto experimentado que decidió ponerse por delante y asumir la mayor parte de los riesgos, porque el estado de la enfermera no paraba de empeorar. Empezó a presentar diarreas y estaba hipotensa. En el hospital ignoran por qué se retrasó tanto la ambulancia. Como ignoran también por qué todo pareció fallar a su alrededor, ellos que sí tuvieron claro desde el principio que lo que tenían entre manos era el primer caso de contagio de ébola en Europa.

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