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El soberanismo catalán se examina a seis meses de la consulta independentista

CiU asume que una victoria de ERC debilitaría el liderazgo de Artur Mas

Una mujer espera el comienzo del mitin de cierre de campaña de CiU, el viernes en Barcelona. Ampliar foto
Una mujer espera el comienzo del mitin de cierre de campaña de CiU, el viernes en Barcelona.

Artur Mas cerró la campaña electoral el viernes posando ante una inmensa pancarta en inglés que rezaba “we want to vote” [queremos votar]. El cartel no hacía referencia a las elecciones de hoy, sino a la consulta soberanista que el presidente de Generalitat quiere convocar para el 9 de noviembre. Es el ejemplo más claro de que para Convergència i Unió y para Esquerra Republicana las elecciones de hoy son una suerte de primera vuelta de un referéndum cuya celebración es una gran incógnita.

Tres aspectos marcarán la interpretación de los resultados esta noche en Cataluña: el partido ganador, la suma total del bloque soberanista y el grado de participación. Esquerra Republicana, partido al que algunas encuestas señalan vencedor, puede permitirse una segunda posición, pero difícilmente esto tendrá un efecto neutro si le ocurre a Convergència i Unió. De ganar los republicanos, el liderazgo de Artur Mas al frente del proceso quedará seriamente tocado, según admite su propio partido.

La Generalitat valorará la suma de los partidos pro referéndum

El Gobierno catalán y CiU tienen estudiados ya los dos escenarios. Una victoria de CiU y un buen resultado de Esquerra e Iniciativa per Catalunya será exhibido como una reválida del proceso soberanista, un aval popular a la consulta y un espaldarazo a Artur Mas. Si CiU queda en segunda posición, la Generalitat hará hincapié en la suma total del bloque de partidos soberanistas, que con toda probabilidad será muy superior al que se registró en 2009.

El temor entre la cúpula convergente es que un mal resultado de CiU pueda dar alas a los sectores críticos del partido, hasta ahora muy minoritarios y casi silenciosos. Quien seguro que levantaría la voz sería el líder de Unió, Josep Antoni Duran, que la semana pasada ya insinuó que Convergència centraba la campaña excesivamente en la cuestión soberanista y poco en asuntos europeos.

La participación merecerá un capítulo a parte. En 2009 solo votaron el 36,9% de electores catalanes, lo que dejó la abstención catalana ocho puntos por encima de la media nacional. Si no hay una subida notable de la participación, el Gobierno y los partidos antisoberanistas tendrán vía libre para cuestionar que en Cataluña haya un malestar real. Todo apunta a que la participación crecerá. De hecho, las solicitudes de voto por correo para las elecciones, que se consideran en cierta medida un termómetro de la participación final, se han incrementado en Cataluña un 45%, mientras que en el conjunto de España han caído casi un 4,5%.

CiU y ERC han dedicado buena parte de la campaña a convencer a los soberanistas de que Europa solo escuchará sus reivindicaciones si hay una gran participación en Cataluña. Sin embargo, analistas y académicos discrepan de este punto de vista. “Haya el resultado que haya en Cataluña, este no tendrá gran influencia más allá de España, pues las instituciones europeas sostienen la visión de que España debe mantenerse como un solo país”, asegura Guntram Wolff, director de Bruegel, un influyente centro de estudios de Bruselas.

Los expertos dudan que el auge secesionista tenga consecuencias

Tampoco parece que Europa esté prestando al proceso soberanista catalán el nivel de atención que presuponen los partidos nacionalistas. “La independencia de Cataluña no estará entre los cinco primeros problemas de Europa el día después de las elecciones”, augura Hans Günter Keller, presidente del Círculo de Corresponsales Extranjeros y colaborador de la radio pública alemana. “Lo gran noticia es que en España no haya ningún partido antieuropeo”.

Habrá que ver si una eventual victoria de ERC debilitará la imagen de Artur Mas como líder del proceso. Mark McNaught, profesor de la Universidad de Rennes y de SciencePo, que sigue los procesos secesionistas en marcha en Europa, no cree que esto vaya a ser así, al menos en el exterior: “La prensa anglosajona no ha prestado especial interés en quién lidera el proceso escocés, sino en el apoyo que tiene ese movimiento”. En su opinión, lo que sorprende del caso catalán es “la amplia base social sobre la que se apoya el soberanismo”.

Esquerra Republicana sale del agujero

MAIOL ROGER, Barcelona

Esquerra Republicana tiene hoy la primera oportunidad de ganar unas elecciones en Cataluña desde la República. Una posibilidad que la dirección que logró reflotar el partido tras una gran crisis prefiere mirar con cautela.

Para entender cómo ERC ha llegado hasta aquí hay que remontarse a las elecciones catalanas de noviembre de 2010. Tras su colaboración en dos Gobiernos tripartitos y un periodo de luchas fratricidas, sufrió un batacazo: perdió más de la mitad de los diputados (de 21 a 10) y quedó relegada a quinta fuerza, bajo el liderazgo de Joan Puigcercós. Las municipales, meses después, confirmaron el desastre, con la pérdida de representación en las grandes ciudades.

A partir de ahí, resurgió como el ave fénix gracias a una buena resolución de su crisis interna y a la gestión de la explosión soberanista en Cataluña. Oriol Junqueras fue elegido presidente en octubre de 2011, ungido con el visto bueno de la cúpula saliente, y salvó la papeleta en las generales del mes siguiente al mantener sus tres escaños. El partido aprovechó aquello para gestar su gran salto. La gran manifestación independentista de la Diada de 2012 precipitó las elecciones catalanas y supuso el inicio del proceso soberanista, en el que ERC se ha convertido en protagonista.

Junqueras acertó al dar con un tono entre conciliador y épico, que convenció a los nuevos independentistas. ERC fue segunda fuerza y Junqueras jugó bien sus cartas: firmó un pacto con el Gobierno para convocar la consulta soberanista, pero manteniendo su condición de líder de la oposición. Ello le permite presentarse ante el electorado como garante del referéndum y dejar que el desgaste por los recortes que ha apoyado se lo lleve CiU.

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