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ANÁLISIS

Datos útiles

En un Quebec independiente ¿podría gobernar una mayoría no secesionista?

El independentista Partido Quebequés (PQ), que gobernaba en minoría desde 2012, adelantó las elecciones a la vista de sondeos que le auguraban la mayoría absoluta. Pero la entrada en liza de un candidato que puso en primer plano un referéndum sobre la independencia cambió las tornas y, fueron los liberales quienes ganaron por mayoría absoluta el pasado día 7. Ese resultado refleja una característica del electorado quebequés: el 40% de sus habitantes anhela la independencia pero el 65% de entre ellos es contrario a la celebración a corto plazo de un referéndum; porque no es una prioridad y por temor a sus efectos divisorios.

El PQ había tenido mayoría absoluta, 80 escaños de un total de 125, en las elecciones de 1981, un año después del primer referéndum, en el que el no a la independencia ganó por 60/40; pero en las siguientes bajó a 23 frente a los 99 escaños de los liberales. En 1994, en vísperas del segundo referéndum, que de nuevo ganó el no, por escaso margen, el Partido liberal bajó de 92 a 47 escaños, y los nacionalistas subieron de 29 a 77.

En Escocia, el Partido Nacionalista (SNP), en cuyo programa figuraba un referéndum por la independencia, tuvo que renunciar a convocarlo al quedarse lejos de la mayoría absoluta en 2007. Pero la alcanzó en 2011, pasando de 47 a 69 escaños en una cámara de 129. Eso le permitió negociar con Cameron las condiciones para la celebración del referéndum previsto para septiembre próximo.

En Cataluña, según datos publicados el pasado domingo en La Vanguardia, las preferencias políticas también han oscilado bastante en las dos últimas décadas. Los partidarios del sistema autonómico han bajado del 34% al 18%, mientras que los que defienden el derecho a convertirse en un Estado independiente han subido del 23% al 41%. Es más estable el sentimiento identitario. Los que se consideran solo catalanes han basculado entre el 16% de 1995 y el 25% actual (con una media del 16,3%); más catalanes que españoles se siente entre el 25% y el 27%, y tan catalanes como españoles entre el 45% y el 35% actual, con una media del 39,6%. Los que estiman compatibles, en distinto grado, ambas identidades, siguen suponiendo el 66%: dos tercios de la población.

Esta oscilación muestra que toda mayoría es provisional; pero si hubiera un referéndum y ganase la independencia, sería definitivo o difícilmente reversible. Si en Quebec hubiera ganado el sí en 1995, dudosamente habría podido aflorar ahora esa nueva mayoría antisecesión.

Lo cual plantea un problema de democracia porque, en la práctica, la única alternancia posible tras la separación sería entre fuerzas independentistas. ¿O es que alguien piensa que en, por ejemplo, una Cataluña separada de España, y en plena construcción nacional desde el poder, podría llegar a gobernar un partido o coalición que cuestionase la independencia? ¿No lo impedirían quienes lo considerarían asunto cerrado?