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Un recuerdo que no se borra

El ministro de Interior entrega 350 condecoraciones a las víctimas de los atentados de Madrid

El homenaje se celebra un día antes del décimo aniversario de la tragedia

Un minuto de silencio, un aplauso y 365 medallas. Nueve años y 364 días después del terrible atentado en los madrileños trenes de cercanías, víctimas y allegados de los fallecidos han acudido este lunes al Teatro Real para recibir una condecoración del ministro de Interior, Jorge Fernández Díaz. Uno a uno de los presentes que sufrieron en primera persona la explosión en los trenes y que el azar los dejó con vida, han subido al escenario para recoger la medalla. 

Las víctimas se han sentado en la planta baja del teatro, y los familiares, en los palcos. Solo los aplausos han sido capaces de romper la solemnidad y silencio del evento. "A mi mujer casi no le pasó nada, solo arañazos. Y bueno, las secuelas psicológicas que es lo más difícil de superar. ¡Imagínese. Ella vio todo! Por lo menos no la perdí", comenta el esposo de M. Arenas Fernández. "Esperemos que esto ya termine, que es muy duro revivir los hechos", puntualiza.

Este mismo argumento se repite una y otra vez: El recuerdo no se borra. A veces, la imagen vuelve por solo un segundo, otras veces se resiste por más tiempo. Pero todos los días algo sucede que provoca que la mente viaje 10 años atrás. Algunos reciben este tipo de homenajes con gusto, otros piensan que es un fariseísmo, pero la mayoría coincide en que revivir el pasado es muy fuerte. Leopoldo Ruiz Hernández es uno de los supervivientes. Camina sujetando con el brazo izquierdo una muleta por la prótesis que lleva en la rodilla. "No es consecuencia directa de los atentados pero sí de las secuelas", explica, mientras enseña la medalla color rojo y con el escudo de España, que ha recibido. "Para mi este acto es una hipocresía, solo para que nos tomen la foto. ¿La medalla? mejor si no nos dan nada, eso significaría que la tragedia no ocurrió. Mejor olvidar.", confiesa.

Pero olvidar solo si el recuerdo pudiese borrar el espanto, si fuese posible volver diez años atrás y lograr que el día 11 de marzo se esfumase, que simplemente no existiese. Son 365 días al año, ¿uno menos?, nadie lo notaría. Pero la tragedia sí ocurrió, las risas que se perdieron nunca más se volverán a escuchar. Y con esta crudeza es mejor recordar, las víctimas merecen permanecer en la memoria, es así como a pesar del tiempo transcurrido el espasmo en el estómago seguirá ocurriendo cada vez que la cabeza decida hacer memoria. "Recuerdas todo, el ruido de la explosión, los cuerpos tumbados, el humo, los llantos. Yo no perdí a nadie, pero no puedo ni imaginar el dolor de aquellos que no volvieron a ver a algún familiar. Creo que son importantes estos homenajes", explica Vanesa [prefiere no dar su apellido].

Los ojos de los afectados rezumaban algunas lágrimas y tristeza, sobre todo cuando se acercaban a abrazar a la presidenta de la Asociación 11-M Afectados del Terrorismo, Pilar Manjón. Para esta última, el homenaje ha sido "muy emocionante" y ha explicado entre sollozos que "ver cómo muchos han recuperado la posibilidad de caminar, después de 10 años es maravilloso".

Al homenaje también han acudido el secretario de Estado de Seguridad, Francisco Martínez; el subsecretario de Interior, Luis Aguilera; la directora general de Apoyo a Víctimas del Terrorismo, Sonia Ramos, y la presidenta de la Asociación de Víctimas de Terrorismo, Ángeles Pedraza. El ministro del Interior ha subrayado que esto no es un acto de celebración, sino de recuerdo y de conmemoración para las 191 personas que perdieron la vida, y las casi 2.000 que sufrieron distintos tipos de lesiones.

"Aquel 11 de marzo quedaron muchos sueños frustrados [...] Todos íbamos en esos cuatro trenes [...] mujeres y hombres, parados y trabajadores, españoles de origen y extranjeros, y personas no españolas pero que venían a nuestro país a desarrollar un proyecto de vida. Todos ellos sufrieron la mayor violación contra los derechos humanos", ha afirmado Fernández Díaz en su discurso de clausura. Asimismo ha agradecido en reiteradas ocasiones a todos los servicios de emergencia, sanitarios y sociales que ese día se pusieron al servicio de los afectados. "No quiero olvidarme de mencionar a los sacerdotes y a la Iglesia que ese día prestaron su servicio espiritual", ha añadido. Y ha concluido: "Las víctimas quedarán en nuestro recuerdo y jamás serán olvidadas".

El homenaje ha finalizado con un cuarteto de cuerda. Los aplausos, las lágrimas, la emoción y el recuerdo de una pesadilla han acompañado las casi dos horas que ha durado el acto. 

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