Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

España quiere volver a jugar en Guinea

El Gobierno sondea al régimen de Obinag ante un acercamiento diplomático

El partido de la Roja en Malabo sigue a la primera visita de un alto cargo de Rajoy

Obiang en una reunión con el Papa en octubre. Getty

El régimen de Obiang asegura que la selección española de fútbol, actual campeona del mundo, ha aceptado jugar este sábado un partido amistoso en Guinea Ecuatorial “sin contraprestación económica”; mientras que la federación española niega que el Gobierno le haya presionado para acudir, por vez primera, a la única excolonia española del África negra. Si no hay dinero de por medio y tampoco política, ¿por qué se ha metido la Roja en una aventura de la que puede salir trasquilada?

Nadie sabe cuánto cuesta el mayor espectáculo deportivo visto nunca en suelo ecuatoguineano. Un responsable de la firma española Auditel (que se ha encargado de las entradas, acreditaciones, megafonía o videocámaras para el partido) sonríe cuando se le pregunta por un supuesto contrato de tres millones de dólares: “¡Ojalá!”

Se da por seguro que se llenarán las 15.300 plazas del nuevo estadio de Malabo, pero el 70% de los ecuatoguineanos no puede pagar los 7,6 euros que cuesta la localidad más barata y mucho menos los hasta 80 de la tribuna o los más de 100 del palco. Los prebostes del régimen han repartido entradas a modo de aguinaldo; y así se aseguran, de paso, que no haya una sola voz disonante en las gradas, sino un coro unánime en favor del régimen para conjurar el riesgo de la retrasmisión en directo.

Teodorín Obiang, vicepresidente segundo y primogénito del decano de los dictadores africanos —lleva en el poder desde 1979, cuando derrocó a su tío— no ha escatimado medios: ha prometido una prima de cinco millones de euros si la selección de su país gana el partido y otros 50.000 por cada gol. Es improbable que tenga que desembolsar este dinero, pero si así fuera, ¿de dónde saldría? ¿de su bolsillo o de la caja del Estado? “Tanto da. Teodorín maneja los fondos públicos como si fueran suyos y los ingresos del petróleo ni siquiera figuran en el presupuesto del Estado”, explica un opositor.

Un país desigual

Superficie:28.051 kilómetros cudrados.

Población: 700.000 habitantes.

Esperanza de vida: 51 años.

Renta per cápita (Banco Mundial): 24.036 dólares (España, 29.195).

Petróleo: 395.000 barriles diarios (tercer productor del África subsahariana, tras Nigeria y Angola).

Corrupción: Ocupa el puesto 163 (de un total de 174 países) en la lista de transparencia internacional.

Cooperación española: 10,3 millones (2011)

Oficialmente, el partido de la selección española no tiene motivación política, pero solo cuatro días antes de su celebración, el pasado martes, visitó por primera vez Malabo un alto cargo del Gobierno de Rajoy: el secretario de Estado de Cooperación Internacional y para Iberoamérica, Jesús Gracia. España mantiene la ayuda al desarrollo de su excolonia (aunque con un presupuesto menguante, de 10,3 millones en 2011), lo que resulta anómalo, pues la renta per capita ecuatoguineana es de 24.036 dólares, solo 5.000 menos que la española, según el Banco Mundial.

El problema es que la riqueza petrolera (395.000 barriles diarios, el tercer productor del África subsahariana) se la reparte el clan de Obiang, mientras la población padece aún enfermedades endémicas y su esperanza de vida no supera los 51 años.

Cuando los periodistas recordaron en 2009 a Obiang que, si los beneficios del petróleo llegasen a los 700.000 ecuatoguineanos, estos podrían vivir tan bien como los kuwaitíes, contestó sin inmutarse: “Si lo hiciera, estaría fomentando la vagancia”.

España nunca ha renunciado a una parte del pastel petrolero de su excolonia, del que quedó excluida tras varias prospecciones fallidas de Repsol. Los expertos advierten de que ya es demasiado tarde: los mejores bloques se los han repartido EE UU y Francia; y las reservas empiezan a dar signos de agotamiento. Ni siquiera las tensiones con París y Washington por los procesos contra Teodorín —en su mansión parisina se le incautó una flota de coches de lujo— abren una ventana de oportunidad, advierten las mismas fuentes. “La dependencia que tiene Obiang de Francia y EE UU es demasiado grande. Aunque quisera, no podría romper”.

La esperanza de las empresas españolas está en la construcción y las obras públicas. Pero se trata de un terreno resbaladizo (Guinea es uno de los países más más corruptos del mundo, según Transparencia Internacional), como bien sabe el empresario valenciano Roberto Cubría, que a principios de año estuvo 59 días refugiado en la embajada española después de que le confiscasen ilegalmente el pasaporte por una disputa comercical con una hija del dictador.

El dictador pide que el Príncipe visite la excolonia española del África negra

Obiang le dijo claramente a Jesús Gracia lo que quiere: que el príncipe Felipe visite su país. Por el mismo motivo por el que acogerá a La Roja: para romper su ostracismo y ganar respetabilidad internacional. Gracia no contestó a Obiang. Su misión, según las fuentes consultadas, era “tomar la temperatura”, asegurarse de que en la piscina hay agua antes de volverse a lanzar.

En 2009, cuando el entonces ministro Miguel Ángel Moratinos visitó Guinea Ecuatorial acompañado por Manuel Fraga, pidió a Obiang que se sumara a la campaña por la abolición de la pena de muerte. Obiang rehusó, pero prometió al menos una moratoria tácita en la aplicación de la pena capital. Solo un año después fueron ejecutados cuatro implicados una supuesta intentona golpista. Así se frustró el más reciente intento de España de jugar en su excolonia. El penúltimo.

Más información