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Culpable por cruzar con la silla del bebé

Dos años y medio de cárcel, por homicidio imprudente, para un motorista que arrolló a una niña

El juez condena a dos también a la tía abuela, que empujaba su carrito

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Antonio Ángel Pertusa sostiene una foto de su hija en el lugar donde fue atropellada, en el municipio alicantino de Almoradí.

Vicente Cosme Clemente y Amparo Navarro Ruiz no sabían aquel 3 de agosto de 2007 que el exceso de alcohol del primero y la imprudencia de la segunda provocarían la muerte de Julia Pertusa, de apenas 15 meses. La madre de Julia, Belén, salió de una fiesta familiar para ir a visitar a unas primas. Su tía, Amparo, quiso acompañarla y llevar el carrito de la pequeña. Las mujeres tenían que cruzar una travesía de Almoradí (Alicante) para alcanzar las casas situadas al otro lado. La tía abuela, según su propia declaración, observó que una moto se aproximaba pero pensó que tenía tiempo suficiente para atravesar la calzada. El motorista reconoció haber visto a una mujer que cruzaba con un carrito de bebé y pensó que podría esquivarlo. Ninguno de los dos acertó en su previsión: la motocicleta, una Suzuki de 650cc, impactó contra la sillita.

Como consecuencia de la colisión, “se rompió el cinturón que sujetaba a Julia, y la niña salió proyectada hacia unos setos” sufriendo gravísimas heridas que dejaron al bebé en “estado vegetativo persistente”, según la sentencia, hecha pública esta semana. El fallo condena a Vicente Cosme Clemente y Amparo Navarro por un delito de homicidio imprudente en concurso con un delito contra la seguridad del tráfico a 30 y 24 meses de prisión respectivamente y a indemnizar conjunta y solidariamente —no al 50% sino según las posibilidades de cada uno— a los padres de Julia con 103.264,78 euros. La pequeña murió dos años más tarde, el 29 de diciembre de 2009, por las secuelas del accidente.

El atropello se produjo en el kilómetro 2,8 de la carretera CV-914, en dirección Benijofar-Almoradí, un tramo limitado a 50 por hora en el que estaba prohibido adelantar y con señales de peligro por el paso de peatones. “El impacto fue brutal, mi mujer corrió para levantar a su tía y para buscar a Julia entre los setos… Los gritos eran espeluznantes buscando a la niña”, cuenta el padre del bebé, Antonio Ángel Pertusa. La juez María del Mar Azuar Fernández, titular del juzgado penal número uno de Orihuela, aprecia “conducta imprudente” tanto en el motorista como en la mujer que empujaba el carrito.

Amparo Navarro, “sin observar la diligencia media de un buen padre de familia y sin prever un resultado que era previsible y por tanto, evitable, a pesar de ver que el acusado se acercaba circulando con una motocicleta, se introdujo en la calzada con la intención de cruzarla, empujando una sillita infantil” en la que viajaba Julia, que “por su edad, dependía totalmente de ella”, asegura la sentencia. “Mi esposa le avisó de que había tráfico, miró primero a la derecha y, cuando se giró, su tía ya había comenzado a cruzar”, asegura Antonio Ángel Pertusa. Aunque Navarro negó que su sobrina la hubiera advertido, la juez replica que en aquel momento recaía sobre ella “el deber del cuidado”. Vicente Cosme Clemente también pudo haber evitado el siniestro. Según declaró a la Guardia Civil, vio, “unos 200 o 400 metros antes”, que una mujer con un carrito irrumpía en la carretera. Pero “no reaccionó adecuadamente y, en vez de aminorar la velocidad o frenar, intentó sobrepasarla por el carril izquierdo, golpeando la sillita de Julia”, dice la sentencia. El motorista iba sin seguro, sin pasar la ITV (Inspección Técnica de Vehículos) y a más velocidad de la permitida, a 89 kilómetros por hora.

Dio además positivo en una prueba de alcoholemia, 0,44 miligramos de alcohol por litro de aire espirado —el máximo permitido son 0,25 miligramos—, a la que se sometió voluntariamente una hora y media después del accidente. Según un informe citado por la sentencia, en el momento del siniestro, a las siete de la tarde, su tasa debía ser de 0,59 miligramos. Clemente manifestó ante la juez su sorpresa por haber dado positivo ya que, según dijo, “se encontraba en buenas condiciones para conducir”, aunque reconoció haber tomado “tres cervezas, un chupito y una copa de whisky entre las diez de la mañana y las cinco de la tarde”.

Un error judicial estuvo a punto de resolver el atropello con un juicio de faltas y no con un proceso penal. “Me senté delante del despacho de la juez cuando me enteré y me negué a marcharme hasta que me recibiera”, recuerda Pertusa.Ahora, han recurrido la sentencia para exigir una pena de cárcel mayor, de cuatro años para el motorista y de tres para Amparo.