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Junior, el apellido importa

Jordi Pujol Ferrusola, amante del rugby y el motor, creció en los negocios al amparo de su padre

Jordi Pujol Ferrusola en 1997 en un rally. EFE

Jordi Pujol, expresidente de la Generalitat, acostumbra a llevar pocas monedas en el bolsillo, calderilla; justo lo contrario que su hijo mayor, Jordi Pujol Ferrusola, alias Junior. Según la declaración judicial de su expareja, Victoria Álvarez, Junior siempre lleva entre 6.000 y 10.000 euros en el bolsillo. “Es imposible que se despegue nunca de su cartera”, le describió.

Como mayor de siete hermanos, Junior fue el primero de los Pujol en entender la trascendencia de su apellido. Al principio, explicaba el primogénito en una entrevista en EL PAÍS en 1983, ser tratado como el hijo de Pujol le molestaba. Hasta que supo qué significaba su apellido en Cataluña: “Lo importante es saber llevar el nombre”, decía en esa entrevista, cuando tenía 24 años.

La importancia de llamarse Pujol la convirtió en una forma de ascender en los negocios. Durante sus años de mandato en la Generalitat, los hijos de Jordi Pujol supieron tejer sus trayectorias profesionales al amparo de su padre. Las adjudicaciones públicas a empresas relacionadas con los hijos del presidente granjearon grandes relaciones empresariales a la familia.

Pero la oposición en Cataluña siempre estuvo atenta al corte para denunciar esta relación. Como cuando, en 1991, para la ampliación del aeropuerto de El Prat, la Generalitat adjudicó a la sociedad Natural Stone el suministro de 100.000 metros cuadrados de mármol para alicatar paredes y suelo. Junior era vicepresidente de una de las filiales de esta empresa, cuyos trabajos se revelaron como una chapuza: en diez años tuvieron que renovar el mármol porque era de mala calidad. Junior trasladó sus negocios a México cuando el Gobierno catalán pasó a manos de la alianza de izquierdas, y volvió a reaparecer en el mundo catalán de los negocios con el retorno de CiU al poder.

Andorra era también uno de sus destinos. En el tiempo que estuvo con Álvarez, unos dos años, viajó hasta en diez ocasiones al país pirenaico. Fue allí donde su amante sospechó de sus actividades. Cuando lo dejó, se encontró con problemas. “Empezó el acoso, intentar comprarme... Que jamás explicara ciertas cosas. (...) Ya me había puesto la mano encima un par de veces”, declaró.

El último encuentro que tuvieron fue para asistir a una carrera de coches. Junior es un gran amante del motor, una pasión de la que da fe su garaje. Aunque a veces también le ha producido dolores de cabeza, como las fracturas que se produjo en un accidente de moto en 1983. Aunque, físicamente, Jordi Pujol Ferrusola está acostumbrado a la dureza. Desde los 10 años jugó al rugby y se acostumbró a las heridas: “No doy leña. Yo soy el que recibo”, se describía. Cicatrizado de los golpes del rugby, ahora Pujol hijo deberá protegerse de los posibles golpes de la Justicia.