Análisis
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Planes económicos de quinta generación

Las medidas anunciadas por Rajoy son muy menores Parecen preparadas para tener algo que llevar al debate

Aunque el presidente del Gobierno ha presentado sus anuncios de hoy como “una segunda generación de reformas”, el paquete de medidas económicas anunciado hoy por Mariano Rajoy es como mínimo el quinto que presenta el Gobierno en poco más de un año, desde que llegó al poder a finales de 2011. En eso, el Gobierno de Rajoy recuerda en mucho al de José Luis Rodríguez Zapatero. También en otra cosa: por ahora, ninguno de los planes presentados ha sido capaz de cumplir los objetivos, ni siquiera los de déficit, a los que se ha subordinado casi toda la política económica.

Rajoy empezó con la subida del IRPF (“recargo temporal de solidaridad”, lo llamo el Gobierno) a finales de 2011 con el objetivo de lograr un déficit del 4,4% en el conjunto del año. A finales de marzo, el Gobierno aprobó el proyecto de presupuestos con un drástico recorte de inversiones, una subida del impuesto de sociedades (vía eliminación de deducciones) y una amnistía fiscal cuando el objetivo de déficit ya había variado: “España va a salir adelante con su esfuerzo, va a cumplir el 5,3% sí o sí”, dijo la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría a finales de marzo.

Los Presupuestos Generales del Estado entraron en vigor el 1 de julio y ya estaban completamente desfasados. Bruselas elevó el objetivo de déficit al 6,3%, pero ni para eso servían las cuentas públicas, así que el Gobierno aprobó el 11 de julio otro duro paquete económico en el que subió el IVA tres puntos, suprimió una paga extra a los funcionarios, recortó las prestaciones por desempleo y suprimió bonificaciones a la contratación, entre otras medidas.

El cuarto paquete económico vino con un plan de reformas cuyo calendario ha ido incumpliendo el propio Gobierno y con los presupuestos para este año, que trajeron nuevas subidas en el IRPF y en Sociedades, recortes de la inversión y, como epílogo, el incumplimiento de la promesa de revalorizar las pensiones de acuerdo con la inflación, con lo que en el primer año de Rajoy los pensionistas han perdido más poder adquisitivo que en toda la etapa de Zapatero. Unos presupuestos, por lo demás, que se han vuelto a quedar viejos antes de empezar a andar, pues nadie se cree que la economía caiga solo un 0,5% y que el paro baje al 24,3%, lo que condiciona tanto los ingresos como los gastos.

En paralelo, ha habido una reforma laboral que, en plena recesión, ha agravado la intensidad de la destrucción de empleo, hasta cinco reformas del sistema eléctrico que no han solucionado el problema del déficit de tarifa, incontables reformas del sector financiero (incluida la petición de rescate a Europa que se hizo inevitable por la gestión de la crisis de Bankia) que no han conseguido revitalizar el crédito, un plan de pago a proveedores (acertado, pero que no ha evitado que el problema de la morosidad pública reaparezca) y otras medidas menores aquí y allá.

Al lado de todo ello, las medidas anunciadas hoy son de carácter menor o ya estaban anunciadas o prometidas. No suponen un giro en la política económica y más bien parecen construidas para tener algo que ofrecer en el debate. Pero las bonificaciones a la contratación de jóvenes son muy inferiores a las que se suprimieron en julio del año pasado, las medidas para las pymes no van a evitar que continúe el proceso de contracción del crédito en la economía española y las demás medidas (el mil veces prometido pago del IVA solo tras cobrar la factura para autónomos, más flexibilidad en el uso de las deducciones fiscales al I+D+i, facilidades para emprendedores, nuevo plan de pago a proveedores…), aunque parecen acertadas, son de poco peso para marcar una diferencia en la evolución de la economía. Sobre las dos principales reformas pendientes (la de las pensiones y la energética) no ha habido ningún anuncio concreto. Eso es probablemente lo que ha permitido una diferencia con los anteriores paquetes: esta vez no ha habido medidas impopulares.

Esta quinta generación de medidas económicas no será la última. Vendrán más. La recuperación llegará algún día y si hay algo que está claro a estas alturas de la crisis es que cuando llegue, el Gobierno tendrá un paquete de reformas al que atribuirle el éxito.

Los tres triunfos de Rajoy

Los tres grandes triunfos que exhibe Rajoy son la reducción del déficit exterior, la supuesta vuelta de la confianza en España y la disminución del déficit público. La corrección del déficit exterior es cierta, aunque en buena parte es por la depresión de las importaciones y aunque es un proceso iniciado antes (en 2010 y en 2011 crecieron las exportaciones más que en 2012). Con una demanda interna deprimida y en un proceso de consolidación fiscal que está solo a medio camino, esta es la vía por la que llegará la recuperación. Así que es inteligente por parte del Gobierno atribuirse el mérito de las exportaciones. Aunque sea de las empresas, a las que lo que ha hecho el Gobierno es subirle los impuestos.

La disminución del déficit público en lo que concierne al Gobierno central, y aun sin contar las ayudas a la banca, ha sido mínima, pues han sido las comunidades y ayuntamientos las que han corrido con el grueso del ajuste, mientras que, a falta de conocer los datos definitivos, la impresión es que Rajoy casi ha repetido el déficit del último año de Zapatero. De hecho, lo previsible es que muy pronto (quizá este mismo viernes) Bruselas conceda a España más plazo ante su incapacidad para cumplir a tiempo los objetivos de déficit. Presentar como un éxito que el déficit sea inferior al 7% cuando el objetivo era del 6,3% (y antes había sido del 4,4% o del 5,3%).

En cuanto a la confianza, el asunto es opinable. "Nadie apostaba por España hace un año", ha dicho Rajoy. En realidad, la prima de riesgo española es mayor que cuando Rajoy llegó al Gobierno, pero sobre todo, ha ido mucho peor que la de los otros países con problemas. A finales de 2011, la prima de riesgo italiana era casi 200 puntos superior a la española y ahora es casi 200 puntos inferior. La de Portugal era 800 puntos superior y ahora, solo 100 puntos. Y solo la amenaza de intervención del Banco Central Europeo ha permitido a España alejarse del abismo al que le había llevado el rescate bancario, el aumento de la deuda (récord el año pasado) y la desconfianza en el euro. Los demás indicadores de confianza (intereses exigidos a la deuda, cotizaciones bursátiles, calificaciones de las agencias de rating, seguros de impago de deuda, fuga de capitales) también han empeorado en el último año. Lo que sí es verdad es que tras empeorar mucho, esos indicadores han empezado a mejorar en los últimos meses, al disiparse las dudas sobre el euro y sobre el sector financiero.

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