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El Polisario blinda los campamentos para la visita de los cooperantes

Los saharauis reciben como héroes a los españoles

Un grupo de soldados protege las casas de los cooperantes españoles en los campamentos de Tinduf. Ampliar foto
Un grupo de soldados protege las casas de los cooperantes españoles en los campamentos de Tinduf.

La puerta, de madera desconchada, no tiene pomo, y en la cerradura alguien ha metido papel de periódico para ocultar un agujero. Dos ventanucos con contraventanas de madera granate y un viejo aparato de aire acondicionado completan el aspecto exterior del apartamento de una planta en el que el cooperante español Enric Gonyalons fue secuestrado en octubre de 2011 en los campamentos saharauis de Tinduf (Argelia). Desde el pasado martes, el mismo dormitorio vuelve a estar ocupado por cooperantes españoles, después de que las ONG desoyeran las advertencias del Gobierno y decidieran volver a su trabajo solo diez días después de la repatriación urgente de todos los trabajadores humanitarios de la zona por riesgo de secuestro.

Las precarias barreras físicas que salvaguardan a los cooperantes, lógicas en el inhóspito y paupérrimo lugar en el que la tierra y el cielo son del mismo color arenoso, se han suplido con una abundante presencia de hombres armados: el Gobierno saharaui ha blindado los campamentos –a pesar de que niega el peligro- ante la visita de la delegación española.

La Gendarmería argelina y el Ejército saharaui escoltaron desde su aterrizaje en el aeropuerto de Tinduf al grupo de treinta activistas y cooperantes. La caravana de ocho jeeps en la que son trasladados se mueve custodiada por varios vehículos militares, y el complejo en el que duermen, conocido como Protocolo y situado en Rabuni, la capital administrativa de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) -a diez minutos en coche del campamento más cercano- la presencia de agentes se cuenta por decenas.

Alrededor del recinto se han levantado en tierra dos muros circulares, con aspecto de barricada, para evitar el acceso de coches. En la entrada una garita con vigilancia controla los accesos, y ningún cooperante puede moverse sin ser acompañado por un hombre armado. “Le hemos dicho al Gobierno español que estamos dispuestos a colaborar, pero ni siquiera nos ha trasladado la información que tiene sobre quiénes estarían planeando un acto terrorista, su deber es hacerlo para que podamos capturarlos”, asegura el ministro de Exteriores saharaui, Mohamed Salem Ould Salek.

España es el primer donante de ayuda bilateral a la población refugiada del Sáhara, y la repatriación de los cooperantes ha caído como un jarro de agua fría en los saharauis, temerosos de que la cooperación se restrinja. De ahí que los españoles hayan sido recibidos casi como héroes en su visita desafiante al desierto argelino. “Damos la bienvenida a los hermanos solidarios españoles: su presencia aquí solo aumenta nuestra convicción de que estamos en la vía correcta”, clamó una joven estudiante en un perfecto castellano en el acto de entrega de diplomas de graduados en el bachillerato, al que asistió la delegación española, y ante los jaleos de la multitud. El grupo, que estará en Tinduf hasta el sábado 11, se toma con sorna la amenaza de inminente secuestro que presuntamente se cierne sobre ellos. “Estamos seguros, el Polisario ha dado orden de que no nos piquen ni los mosquitos”, bromea José Taboada, presidente de CEAS-Sáhara.