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El Rey pide un acuerdo en la ONU para Siria, pero evita incomodar a Putin

“Compartimos responsabilidades y por ello debemos unirnos para poner fin a ese drama", dice

ATLAS

En el salón Alexander, uno de los más suntuosos del Kremlin, con música de orquesta y una parafernalia de aroma zarista, el presidente ruso, Vladimir Putin, ha impuesto esta mañana al Rey el Premio Estatal de la Federación Rusa en atención a sus “destacados logros en actividades humanitarias”. Pese a su proverbial frialdad, Putin se ha mostrado muy cordial con su invitado, con el que ha intercambiado los tres besos tradicionales rusos y confidencias al oído.

Putin y el Rey son dos viejos conocidos. Desde 1999, el primero es el hombre fuerte de Rusia, intercambiando los cargos de primer ministro y jefe del Estado con su lugarteniente, Dimitri Mevdèved, de talante más conciliador. El regreso de Putin al Kremlin ha sido recibido con recelo en occidente, por la oleada de medidas represivas que ha acompañado el arranque de su nuevo mandato y por la recuperación de una política exterior de firmeza, que ha llevado al bloqueo de la ONU ante el conflicto sirio.

El Rey no ha podido soslayar este asunto en el discurso con el que agradecido el premio. “Compartimos responsabilidades y por ello debemos unirnos para poner fin al drama que se vive en Siria. El marco para ello es sin duda el de Naciones Unidas”, ha dicho don Juan Carlos en presencia de Putin. Nada que pudiera incomodar a su anfitrión, quien defiende la ampliación e incluso el reforzamiento de la misión de la ONU para Siria, cuyo mandato expira mañana, pero rechaza la imposición de sanciones al régimen de Damasco para frenar el derramamiento de sangre.

El objetivo del viaje no era persuadir a Rusia para que flexibilice su posición, sino servir de punta de lanza para la penetración de las empresas españolas en el gigantesco mercado ruso. Así lo ha reconocido el Monarca en su encuentro con el alcalde de Moscú, Sergei Sobianin, cuyos megalómanos planes pasan por invertir 163.000 millones de euros en cuatro años para duplicar con creces el actual tamaño de Moscú, un proyecto a cuyo diseño urbanístico aspira el despacho de Ricardo Bofill.

El Rey ha encabezado una delegación con los máximos responsables de las empresas españolas “líderes” en sectores como energía, infraestructuras, transporte e ingeniería, de la que forman parte, entre otros, los máximos directivos de Repsol (Antonio Brufau), OHL (Juan Miguel Villar-Mir), Indra (Javier Monzón) o FCC (Baldomero Falcones). “Casi todas ellas están participando en licitaciones o ya han firmado o están a punto de firmar contratos con algún socio local”, ha subrayado don Juan Carlos. Sobianin ha recordado que la española CAF pugna por un contrato de casi 300 millones para vender 120 convoyes al tranvía moscovita.

El Rey ha pedido a Putin que las firmas españolas tengan “una participación muy activa y un gran protagonismo” en los planes de modernización del país, y este último se ha mostrado convencido de que la visita abrirá vías de colaboración campos hasta ahora inexplorados.

Pocas esperanzas hay de repetir en Rusia el éxito del AVE a la Meca, el mayor contrato en el exterior de la industria española, por más de 6.000 millones. Fuentes conocedoras del proyecto dan por sentando que la alemana Siemens se llevará el gato al agua en el tren de alta velocidad entre Moscú y San Petesburgo, valorado en 17.000 millones, pero hay otras oportunidades de negocio, como el AVE a los Urales, que casi le dobla en presupuesto; y OHL ya se ha adjudicado casi 300 kilómetros de una línea de mercancías por 1.500 millones.

Lo urgente, sin embargo, es frenar la escalada del coste de la deuda, que desangra las arcas públicas y asfixia la economía, mediante la intervención del Banco Central Europeo. Así lo ha reconocido el Rey durante el brindis del almuerzo que le ha ofrecido Putin.

Tras destacar el “gran esfuerzo en materia presupuestaria” que está haciendo España, ha recordado que “la austeridad y el control del gasto son requisitos imprescindibles pero no suficientes para superar esta crisis”, por lo que el Gobierno ha puesto en marcha “una profunda reforma estructural de la economía” para volver a a la senda del crecimiento. Sin embargo, ha añadido a modo de advertencia: “Si no se actúa para estabilizar los mercados de deuda no será posible que vuelva a fluir el crédito al sector privado y por tanto será imposible asegurar el crecimiento”.

El Rey se ha dirigido a los socios de la UE, a los que ha dicho que es “el momento de Europa para demostrar su firme voluntad de continuar avanzando en el proyecto europeo”, para lo que los acuerdos del Consejo Europeo y del Eurogrupo constituyen “un primer paso”.

Rusia, que tiene en la UE a su principal cliente comercial y atesora en euros el 40% de sus reservas, contempla con inquietud la crisis de la eurozona y apoya las posiciones de España. Pero eso no significa que vuelva a comprar deuda española, después de que las agencias de calificación la hayan degrado hasta acercarla al bono basura. Lo que sí harán los rusos es venir de turismo a España, hasta un millón este año, para lo que el Rey ha pedido que se agilice la concesión de visados, ya que la UE impide suprimirlos.

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