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El presidente prepara citas con Merkel y Obama en la reunión del G-20 en México

El presidente del Gobierno pide la calma en medio de la tensión

El Gabinete cree que ya hizo lo que debía y la solución debe llegar de Europa

Rajoy va a pasar casi toda la semana fuera de España, primero en México y después en Brasil

Mariano Rajoy, sale del Congreso tras el pleno. Ampliar foto
Mariano Rajoy, sale del Congreso tras el pleno. EFE

Ninguno de los miembros del Gobierno, y menos que nadie el presidente, pensó nunca que viviría una situación como esta. Bajo el mandato de Rajoy se han pulverizado todos los récords negativos de Zapatero: la prima de riesgo en 550, el tipo de interés a 10 años al 7%, y eso después de un rescate bancario que el presidente siempre quiso evitar. Ya se habla de la necesidad de otro rescate. La reacción del presidente, de nuevo, es el silencio. Fue su ministro de Economía, Luis de Guindos, después de una mañana de enorme tensión y especulaciones de todo tipo, el encargado de lanzar ese mensaje de confianza que la prensa pedía a Rajoy. A empujones ante la tensión informativa de una mañana de locos —el presidente esquivó tres veces a los informadores—, el ministro pidió calma: “Tranquilidad. El Gobierno tiene una ruta clara. Vamos a vivir unos días de enorme volatilidad y tensión por las elecciones griegas. La prima de riesgo a estos niveles no es sostenible en el tiempo, como ya he dicho en otras ocasiones, y estoy convencido de que iremos tomando medidas que la irán reduciendo en los próximos días y en las próximas semanas”.

El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García Margallo, fue un poco más lejos: “El destino de la UE se juega en estos días, quizás en estas horas. El plazo de tres meses que dio Lagarde [titular del FMI] quizás es demasiado largo”.

¿Cuáles son esas medidas de las que habla Guindos? De momento, no parece que el Ejecutivo español esté pensando en plantear una nueva ola de recortes brutales, aunque nadie descarta nada a estas alturas. El análisis que se hace en el Ejecutivo es otro. Creen que España ya ha hecho lo que tenía que hacer, y más ahora que ha aceptado, contra su voluntad —aunque el presidente no lo admita—, un rescate bancario. Por eso el Gobierno está convencido de que la solución viene por otro lado: medidas para dar un giro radical a la forma de funcionar en Europa, con unión bancaria y fiscal. Y con la actuación del BCE, que sigue exigiendo sin éxito.

Dado que cree que la solución es internacional, el Gobierno de Rajoy está concentrado en eso. Y tiene muchas expectativas puestas en la reunión del G-20 en Los Cabos (México) que empieza el lunes. Rajoy va a pasar prácticamente toda la semana fuera de España, primero en México y después en Brasil, donde asistirá a la cumbre de la ONU sobre Desarrollo Sostenible Rio+20. De la misma manera que el presidente mantuvo el viaje a Polonia para ver un partido de la selección pese al rescate, ahora mantiene el viaje a Brasil pese a la escalada de la crisis, aunque todo puede cambiar en el último momento.

El viaje al G-20, no así el de Brasil, estará centrado en la solución de la crisis europea. Rajoy acudirá con Guindos a ese encuentro, en el que España ya es invitada permanente. Fuentes del Gobierno aseguran que ya está prácticamente cerrada en Los Cabos una cita clave entre los cuatro grandes países del euro (Alemania, Francia, Italia y España), en la que estará Herman Van Rompuy, el presidente del Consejo. Y es muy posible que se cierre otro encuentro con estos protagonistas y Barack Obama, el presidente de EE UU, muy preocupado por la crisis europea. Fuentes oficiales confirman que Obama, que organizó hace dos semanas una videoconferencia con Merkel, Hollande y Monti, también ha hablado con Rajoy en los últimos días.

Además, en un momento en el que España se ha convertido en el eje de los problemas del mundo, con Grecia, Rajoy intensificará su agenda internacional y tiene cerradas citas con el presidente chino, Hu Jintao; la brasileña, Dilma Rousseff, y el ruso, Vladimir Putin. A la vuelta de su largo viaje americano, en el que por primera vez le acompañará su esposa, Elvira Fernández, Rajoy irá a Roma, donde de nuevo se encontrarán los cuatro grandes del euro: Alemania, Francia, Italia y España.

A pesar de este intento de ofrecer imagen de tranquilidad que supone no retocar en absoluto la agenda, en privado el Gobierno no disimula su enorme inquietud. Ayer los ministros esquivaban a los periodistas. Y después de la habitual Comisión Delegada de Asuntos Económicos de los jueves, los tres hombres clave del equipo económico del presidente, que en muchas ocasiones representan visiones contrapuestas, Luis de Guindos, Cristóbal Montoro y Álvaro Nadal, se quedaron largo rato reunidos con el presidente y la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, para analizar la situación, que se complica un poco más cada hora que pasa. Grecia sigue siendo la excusa en la que se refugian los argumentos oficiales —Rajoy recibirá los resultados de las elecciones helenas mientras viaja a México y estos estarán encima de la mesa del G-20 el lunes—, pero la situación en España también se complica. Y quedan pocos cartuchos por quemar. El Gobierno asegura que se van a acelerar todo lo posible los trámites para el rescate bancario —aunque nunca lo llaman así— y poder así trasladar confianza a los mercados.

La Moncloa no parece preocupada por las críticas que está recibiendo el presidente. Oficialmente, el Gobierno no quiere responder a los reproches que llegan, sobre todo desde Berlín, a la forma en la que Rajoy vendió el rescate bancario, como si fuera un gran éxito suyo. “El presidente lo que dijo es que era un éxito de Europa”, matizan fuentes de La Moncloa ante las críticas.

Sin embargo, parece evidente que el supuesto idilio Merkel-Rajoy está roto y ahora el presidente trata de apoyarse más en François Hollande. El Gobierno culpa a Alemania del bloqueo que sufre el BCE, que pese a las presiones ha decidido no entrar a los mercados para apoyar la deuda de los países con problemas, como España e Italia.

En cualquier caso, nadie puede disimular el enorme nerviosismo y la sensación de que el riesgo de ruptura del euro, como señalaba Rajoy en su carta a Van Rompuy, es real. Esa tensión del Gobierno se traslada al PP. Con la crisis de Bankia buscó un enemigo que no fuera del PP, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, ya exgobernador del Banco de España. Éste jueves el PP pidió la dimisión del socialista Joaquín Almunia, vicepresidente de la Comisión Europea y comisario de la Competencia.

Almunia ha provocado indignación en el PP al hablar públicamente de las condiciones que podría llevar aparejado el rescate y plantear que el Gobierno quizá se vea forzado por la situación a liquidar alguna de las cajas intervenidas.

Varios dirigentes populares pidieron ayer la dimisión del comisario español, cuyo mandato concluye en 2014 y que ya enfureció al PP cuando hace semanas auguró que España acabaría pidiendo ayuda financiera a la UE, que es lo que ha ocurrido. El portavoz adjunto del PP en el Congreso, Rafael Hernando, acusó a Almunia de generar “incertidumbre” e incluso “pánico” y le dijo que si piensa hacer “oposición al Gobierno de España” desde su cargo en Europa, es mejor “que coja las maletas y vuelva a Madrid”. El eurodiputado popular Carlos Iturgaiz le tachó de desleal y opinó que sus palabras responden a una estrategia pactada con Rubalcaba. “Si se siente incómodo con el Gobierno y quiere ir a contracorriente, que lo deje, que dimita”, afirmó.

Almunia, según fuentes socialistas, no tiene ninguna intención de dimitir. Hoy se verá con Rajoy en La Moncloa precisamente para hablar del rescate bancario español, en una cita que pidió el comisario a principios de semana. Algunas fuentes apuntaban la posibilidad de que Rajoy empujara a Almunia a dimitir para colocar en su puesto a una persona de su confianza que ansía ese lugar, como el ministro de Agricultura, Miguel Arias Cañete. Sin embargo, el Gobierno asegura que Rajoy no le va a pedir a Almunia la dimisión. No podría aunque quisiera: el mandato de Almunia no depende de Rajoy. Solo le puede destituir el presidente de la Comisión, José Manuel Durão Barroso, o el Parlamento europeo.