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El Ejecutivo prepara una nueva estrategia para recuperar el pulso

El PP organizará reuniones para coordinarse mejor

En el Gabinete se ha instalado una importante preocupación por su desgaste

La vicepresidente Soraya Sáenz de Santamaría, seguida del portavoz del PP en el Congreso, Alfonso Alonso, y la ministra de Empleo, Fátima Báñez, a su salida de un restaurante próximo al Congreso. Ampliar foto
La vicepresidente Soraya Sáenz de Santamaría, seguida del portavoz del PP en el Congreso, Alfonso Alonso, y la ministra de Empleo, Fátima Báñez, a su salida de un restaurante próximo al Congreso.

Todos los ministros sabían que no era ni mucho menos un día cualquiera. Pero hicieron esfuerzos para que lo pareciera. No solo estaban todos en los pasillos del Congreso con una normalidad absoluta. Mostrando confianza. Además, en un gesto nada habitual, la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, y la ministra de Empleo, Fátima Báñez, salieron a pie a las 15.30 del Congreso, sin coches oficiales, y pasearon un buen rato por el centro de Madrid, muy cerca del corazón de la protesta, la Puerta del Sol.

Caminaron como si nada, cruzándose con la gente, con algunos huelguistas que les lanzaron gritos aislados, y se fueron con toda tranquilidad a comer a un restaurante con un menú de 14 euros cerca del Congreso, con José Luis Ayllón, secretario de Estado de Relaciones con las Cortes, y Alfonso Alonso, portavoz parlamentario. Se sentaron en una mesa normal, mientras los demás comensales se sorprendían. Como si nada.

El Ejecutivo, o al menos la mayor parte de él, es consciente de que está viviendo un momento muy delicado, el peor desde que tomó posesión. Y no solo por la huelga, sobre todo por el resultado de las elecciones andaluzas, que les preocupa mucho más, porque es una parte de su electorado la que le ha dado la espalda. “La huelga no ha ido bien, pero los sindicatos han salido mejor de esta que nosotros de las andaluzas”, resumía un dirigente.

En el Gabinete se ha instalado una importante preocupación por su desgaste. Y, como siempre en estos casos, se piensa en los problemas de comunicación. El Ejecutivo y el PP parecen asumir que no están logrando explicar del todo bien sus planes. Todos los consultados son conscientes de que es muy difícil que no haya desgaste cuando se toman medidas impopulares, pero casi todos están también convencidos de que se puede explicar mejor.

De hecho, al Gobierno le ha sorprendido el coste político que está teniendo la reforma laboral, y no tanto por la huelga sino por las encuestas y por la idea que ha quedado de que la reforma se concentra en abaratar el despido.

Así que está preparando con detalle la estrategia para que los Presupuestos más duros de la historia de la democracia, que se presentan este viernes, entren de otra manera. El Gobierno ha diseñado un plan para que este viernes se haga un discurso en el que se dé cuenta del momento muy delicado que vive la economía española y sobre todo de las presiones de Bruselas, que se han intensificado en los últimos días, precisamente cuando se ultimaban las cuentas.

El discurso tras el Consejo de Ministros de Santamaría y Cristóbal Montoro, el ministro de Hacienda, irá en esa línea, señalan diversas fuentes. Quieren trasladar la idea de la gravedad del momento y dar más detalles para que los ciudadanos sean conscientes de que el Gobierno cree que no hay otra opción.

Pero no se quedarán ahí. El detalle de los recortes se conocerá el martes, cuando lleguen los Presupuestos al Congreso. Hasta entonces solo se anunciarán las líneas generales. Mientras llega ese momento, el PP se prepara con reuniones internas con responsables autonómicos para coordinar mejor el mensaje. Este sábado habrá una dirigida por Dolores de Cospedal. El miércoles, Montoro realizará otra con diputados para explicarles los detalles de los Presupuestos. La idea es utilizar al PP, un partido enorme y hegemónico, como altavoz del Ejecutivo. Y recuperar el pulso.