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La UE se aviene al plan de déficit de Rajoy, pero con discrepancias

La UE escenifica un choque de trenes por el déficit español

España protagonizó este viernes la gran historia del día, y puede que una de las grandes historias del año, en la Cumbre de la Austeridad de Bruselas: se enfrentó abiertamente a las reglas de la Unión, como nunca lo había hecho en más de 25 años, y tras dos días de indisimulado silencio, de perfil bajo, el presidente Mariano Rajoy anunció ante la prensa lo que no quiso decirles a los 26 jefes de Estados y de Gobierno presentes en la reunión: que el déficit de 2012 será del 5,8% y violará así, de largo, lo pactado con Bruselas. Ese órdago tiene un presente y un futuro inciertos: provocó una sacudida en los intereses que paga España por su deuda (lo que anticipa problemas en los mercados) y, sobre todo, un choque de trenes en la UE (más problemas, esta vez con las instituciones, que tienen la última palabra). Pero si durante dos días todo fueron reveses a la pretensión del Ejecutivo de flexibilizar las metas del déficit para evitar un hundimiento de la economía, al final puede que no sea para tanto: un alto funcionario de la Unión asegura que España puede disponer de algo parecido a un corredor fiscal para 2012, siempre que respete escrupulosamente el objetivo sagrado del 3% para 2013.

En otras palabras: la UE se aviene, en principio –y aun con discrepancias internas--, a las pretensiones del Gobierno.

La retirada es siempre la decisión más difícil para un general. Pero la UE se empecina en meterse en el callejón sin salida del cumplimiento a rajatabla de las metas del déficit, incapaz de dar marcha atrás a pesar de que se avecina una recesión que con los recortes puede ser aun más intensa. Con las reglas en la mano, España debería recortar unos 44.000 millones este año, de los que ha aplicado ya apenas 15.000. Solo Grecia y Portugal han puesto en marcha tijeretazos similares, y ambos están inmersos en una depresión, sin visos de mejorar. Otros países (Bélgica, Holanda, incluso Francia) están en condiciones parecidas a España y es probable que incumplan, pero no se han movido en Bruselas: han preferido dejar que España se exponga, a sabiendas de que Rajoy debe presentar ya los Presupuestos.

El choque de trenes se da por varias vías. Hay fricciones entre el Gobierno y la Comisión. E incluso puede haberlos dentro de las instituciones comunitarias, que pueden poner de relieve distintas respuestas en función de si otros países se ven abocados a reclamar algo parecido. La Comisión fue este viernes rotunda: “Cumplir con los objetivos de consolidación en países como España ha sido y sigue siendo uno de los pilares de la respuesta global de la UE a la crisis, explicó un portavoz del Comisario de Asuntos Económicos, Olli Rehn. “Los hechos y las palabras son tozudos: el 4,4% para 2012 es lo acordado y sigue siendo vinculante”, avisó.

Esa advertencia puede tener efectos secundarios: la Comisión reaccionó con dureza porque “tienen la sensación de que España les ha provocado”, según fuentes comunitarias. Otras fuentes explicaron que el Ejecutivo no ha explicado aun de dónde sale el 8,5% de déficit de 2011, una cifra que despierta recelos en varios países y en la capital europea. “Hay que detallar esa cifra y el por qué de la desviación. Hay que enviar ya el Presupuesto, que sigue retardándose por las elecciones andaluzas. Hay que contar cómo llega el Gobierno a la nueva previsión, del 5,8%, hay que ver dónde va a recortar. Todas las señales que llegan de Madrid son preocupantes y, una vez Eurostat confirme esos datos y esté listo el informe de la Comisión sobre los Presupuestos, ni siquiera se puede descartar la apertura de un procedimiento de sanción”, explicaron otras fuentes. Esa posible sanción ascendería al 0,2% del PIB: en torno a 2.000 millones.

La Comisión reaccionó con brusquedad a lo que entiende como un desafío. Fuentes comunitarias explicaron que Rajoy no dio una sola señal acerca del incumplimiento del déficit en la cumbre, y que firmó sin titubeos las conclusiones, en las que, en principio, queda claro que no puede haber incumplimientos. Pero la retórica de la UE, que a veces parece una alambrada infranqueable, permite en ocasiones lecturas ambiguas. Las conclusiones aseguran que los países “sometidos a la presión de los mercados”, y España es uno de ellos, “deberían cumplir los objetivos presupuestarios acordados y permanecer dispuestos a aplicar otras medidas de consolidación en caso necesario”. Ese condicional, “deberían”, es clave. Cosas de Bruselas.

Un alto funcionario de la Unión explicó que las reglas pueden ser suficientemente maleables como para admitir la interpretación española. “La Comisión jugará un papel importante. El 3% en 2013 es intocable, pero lo que pase en 2012 es menos importante. Puede ser defendible una cifra distinta, si España demuestra su compromiso con los recortes, si se distingue bien entre el déficit estructural y el cíclico [que aparece por la aplicación de los estabilizadores automáticos, como el seguro de paro]. La Comisión valorará si la trayectoria que presenta el Gobierno español es creíble y si cumple sus compromisos con la consolidación y las reformas”. “Eso sí: lo que ocurra en los mercados si se incumple el déficit es responsabilidad del Gobierno: puede que lo que gane por un lado [más flexibilidad] lo pierda por otro”, según la misma fuente. Los intereses de la deuda española, que llevan semanas a la baja, subieron: ese es el riesgo.

El estruendo causado por ese choque durará: todo el proceso no acabará al menos hasta finales de mayo, con la asunción de nuevas metas de déficit por parte de la Comisión o, en el caso menos probable, con la apertura de un procedimiento de sanción. Lo curioso del caso es que fue el candidato socialista Alfredo Pérez Rubalcaba el primero que planteó el desafío a unas reglas europeas de déficit que a día de hoy le dan la espalda a la realidad (la situación económica es mucho peor de lo que pensaba Europa al dotarse de esas metas), en plenas elecciones. “Cuando les digo a mis colegas europeos esa idea de Rubalcaba de incumplir los objetivos se les ponen los pelos como escarpias”, decía en campaña el hoy ministro de Exteriores, José Manuel García Margallo.

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